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Acciones

D-Wave Quantum: la apuesta de una aseguradora centenaria contra el escepticismo del mercado

Hay pocas historias tan paradójicas en el sector tecnológico como la que protagoniza actualmente D-Wave Quantum. Mientras la compañía demuestra que su tecnología funciona en redes de telecomunicaciones reales en Japón y acumula pedidos récord, su acción acumula pérdidas superiores al 60% desde máximos y su director financiero acaba de anunciar su retirada. Una combinación de factores que, lejos de ahuyentar a todos los inversores, ha atraído a un nuevo accionista de peso: Manufacturers Life Insurance.

Imagen tecnológica

La aseguradora canadiense, una de las mayores instituciones financieras del país norteamericano, construyó durante los primeros días de septiembre una nueva posición en el capital de la empresa de computación cuántica. El movimiento llama la atención porque se produce cuando el título cotiza en torno a los 14,28 euros, un 65% por debajo de su máximo de 52 semanas —los 40,41 euros alcanzados el pasado octubre—. Para un inversor institucional de horizonte largo, la lectura parece clara: la corrección ha creado un punto de entrada atractivo en una tecnología que el mercado aún no sabe valorar con precisión.

Índice de Contenidos
  1. Lo que dicen los números del segundo trimestre
  2. La prueba japonesa
  3. La tesorería, el talón de Aquiles
  4. Un pulso entre la confianza y la incertidumbre

Lo que dicen los números del segundo trimestre

La paciencia de Manufacturers Life contrasta con la reacción que provocaron los resultados del segundo trimestre de 2026, publicados a principios de agosto. D-Wave registró unas pérdidas de 0,10 dólares por acción y unos ingresos de 3,08 millones de dólares, sensiblemente por debajo de los 4,03 millones que esperaban los analistas. La decepción fue evidente y alimentó la cautela entre los inversores minoristas, que siguen digiriendo unas cifras que, vistas en frío, parecen difíciles de conciliar con una capitalización bursátil cercana a los 5.290 millones de euros.

Pero quienes se detienen únicamente en la cuenta de resultados se pierden la otra cara de la moneda. Las obligaciones de desempeño pendientes —es decir, los contratos firmados que aún no se han convertido en ingresos— alcanzaron los 40,7 millones de dólares, un 668% más que hace un año. Y las reservas de pedidos del primer semestre sumaron 35,5 millones de dólares, un incremento interanual del 1.120%. Cifras que, en cualquier otro contexto, harían las delicias de cualquier inversor en crecimiento.

También cambia la composición de la clientela. Los clientes comerciales representaron el 62,4% de los ingresos del segundo trimestre, frente al 45,1% del mismo periodo del año anterior. La compañía se aleja así de los contratos puramente de investigación para adentrarse en el terreno de los negocios reales, un giro estratégico que los analistas llevaban tiempo reclamando.

La prueba japonesa

El mejor argumento para quienes defienden que la computación cuántica ha dejado de ser una promesa de laboratorio llegó el 18 de agosto. NTT Docomo, el gigante japonés de telecomunicaciones, puso en marcha su segunda aplicación cuántica productiva basada en la tecnología de D-Wave, en esta ocasión para optimizar la gestión de la señalización en su red móvil.

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Los resultados son difíciles de rebatir: las señales de registro de ubicación cayeron un 65,3% en las horas punta y las señales de búsqueda (paging) se redujeron un 7,0%. No es un piloto ni una prueba de concepto; es un operador de red real utilizando optimización cuántica en su operativa diaria. Un espaldarazo considerable para un sector que arrastra la reputación de estar todavía a años de su madurez comercial.

La tesorería, el talón de Aquiles

El problema es que todo este crecimiento tiene un coste tangible. La liquidez y los valores negociables de D-Wave se situaron al cierre del semestre en 546,2 millones de dólares, un 33% menos que el año anterior. La razón principal: el desembolso de 250 millones de dólares en efectivo para la adquisición de Quantum Circuits. Invertir en tecnología de vanguardia implica quemar caja a un ritmo que pocas empresas pueden sostener indefinidamente.

Y en ese contexto de presión financiera llegó el anuncio, el pasado miércoles, de que John Markovich abandonaba su cargo como director financiero, con efectos a partir del 2 de septiembre. La compañía se apresuró a aclarar que la salida no responde a discrepancias sobre la gestión, las políticas contables o los informes financieros, pero el mercado reaccionó con cautela. Los cambios en la cúpula financiera nunca llegan en buen momento, y menos cuando la empresa atraviesa una fase de expansión tan intensa como delicada.

Greg Golkov, vicepresidente senior de Finanzas desde mayo de 2023 y responsable de contabilidad, reporting ante la SEC, planificación financiera, tesorería e impuestos, asumirá el cargo de CFO interino y también el de principal oficial financiero y contable. Con más de 25 años de experiencia en funciones financieras, Golkov representa un argumento de continuidad que, sin embargo, no ha logrado disipar por completo la inquietud entre los accionistas.

Un pulso entre la confianza y la incertidumbre

El título cerró la semana en 14,30 euros, un 1,1% a la baja en la sesión, y acumula un descenso del 23% en el último mes y del 37% desde enero. Aun así, cotiza un 29% por encima de su mínimo de 52 semanas, registrado el 30 de marzo. Esa horquilla resume a la perfección el dilema al que se enfrenta cualquier inversor que mire a D-Wave: una tecnología que funciona, unos pedidos que crecen a triple dígito y una facturación que aún no termina de despegar.

La entrada de Manufacturers Life añade un voto de confianza institucional en un momento de máxima incertidumbre. Pero también plantea la pregunta inversa: si una aseguradora con más de un siglo de historia ve valor donde otros solo ven riesgos, quizá el mercado esté descontando un pesimismo excesivo. O quizá, simplemente, esté aplicando el descuento que merece una empresa que aún debe demostrar que puede convertir su prometedora cartera de pedidos en ingresos recurrentes antes de que la caja se convierta en un problema mayor. La respuesta, como suele ocurrir en estos casos, llegará en los próximos trimestres.

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Javier Martínez González

Sobre el autor

Javier Martínez González

Ingeniero de software convertido en escritor tecnológico. Analiza las últimas tendencias en hardware, software empresarial y computación en la nube.

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