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Acciones

BYD supera el millón de empleados mientras sortea barreras físicas y comerciales en su expansión

La internacionalización de BYD ya no se mide solo en unidades vendidas. Con una plantilla que rebasa el millón de personas y un ritmo de exportación que se ha más que duplicado, el fabricante chino afronta un doble desafío: rentabilizar una estructura de costes cada vez mayor y sortear obstáculos que nada tienen que ver con la demanda, desde permisos pendientes hasta restricciones de acceso en instalaciones militares.

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Wang Chuanfu, al frente de la compañía, confirmó que en octubre la empresa emplea a más de 1,02 millones de personas en todo el mundo. Solo desde enero se han incorporado unos 150.000 trabajadores, lo que supone un incremento del 17%. De ese total, aproximadamente 960.000 desempeñan su labor en China y 60.000 en el extranjero, mientras que 120.000 son ingenieros de investigación y desarrollo. La magnitud del aparato productivo obliga a preguntarse si los ingresos podrán seguir el mismo compás.

Índice de Contenidos
  1. Los números del crecimiento no avanzan al mismo ritmo
  2. Un beneficio que crece pero no convence
  3. Kadena, el ejemplo de que el acceso también se limita

Los números del crecimiento no avanzan al mismo ritmo

La respuesta, por ahora, es desigual. En los primeros nueve meses de 2026 la cifra de negocio alcanzó los 566.300 millones de CNY, apenas un 0,01% por encima del ejercicio anterior. El gasto de personal representó cerca del 18% de los ingresos durante el primer semestre. Son magnitudes que abarcan periodos distintos y, por tanto, no permiten extraer conclusiones sobre la evolución más reciente de los costes, pero sí explican por qué la productividad se ha convertido en un factor tan vigilado como el volumen de ventas.

El pulso exportador ofrece una cara bien distinta. Entre julio y septiembre, BYD colocó en el exterior 550.704 vehículos con propulsiones alternativas, un 137% más que en el mismo tramo del año anterior. El conjunto del grupo vendió 1,3 millones de unidades en ese trimestre, con un avance del 19%. La diferencia entre ambas tasas revela que el negocio internacional crece a una velocidad muy superior a la del mercado doméstico, aunque por sí sola no aclara cuánto aporta cada vehículo enviado al exterior a la cuenta de resultados.

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Un beneficio que crece pero no convence

Las cuentas publicadas esta semana arrojaron un beneficio neto de 10.020 millones de CNY en el tercer trimestre de 2026. La cifra supera la del mismo periodo del año previo, pero queda por debajo de las estimaciones de tres casas de análisis recogidas por Reuters, que situaban el resultado entre 11.400 y 12.950 millones de CNY. El dato confirma que una estructura más grande no impide ganar más dinero, si bien evidencia que el tirón de las exportaciones no basta para despejar todas las dudas sobre la rentabilidad.

A esa ecuación se suma otro frente abierto en Brasil. Alexandre Baldy, vicepresidente sénior de BYD en el país sudamericano, explicó el 23 de octubre que la firma tramita los permisos necesarios para duplicar la capacidad anual de su planta hasta los 600.000 vehículos. Se trata, por tanto, de un proyecto sujeto a autorización administrativa: ni esa capacidad está disponible hoy ni equivale a coches efectivamente comercializados. La distinción entre intención de ampliación y producción real resulta clave para interpretar el alcance de la ofensiva industrial.

Kadena, el ejemplo de que el acceso también se limita

Mientras la compañía trabaja en ampliar su huella fabril, la geopolítica impone sus propias reglas. Desde el lunes, los vehículos de BYD tienen prohibido circular por la base militar estadounidense de Kadena, en Japón, según han difundido los medios. La instalación justifica la medida por riesgos de seguridad. La restricción abarca tanto automóviles particulares como los de contratistas, taxis y servicios de reparto, de modo que afecta a distintos tipos de usuarios dentro del recinto. No cabe deducir de ello una prohibición general de venta en el mercado japonés.

El episodio ilustra que la expansión internacional no depende únicamente de fabricar y vender. La evolución de las entregas, el avance de las licencias pendientes y las condiciones de acceso a determinados entornos siguen caminos separados a la hora de evaluar el éxito de la estrategia exterior. Para el inversor, la pregunta decisiva ya no es cuántos coches cruzan fronteras, sino si el millón de trabajadores que los produce termina traduciéndose en una rentabilidad acorde al tamaño alcanzado.

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Carmen Ruiz López

Sobre el autor

Carmen Ruiz López

Periodista especializada en tecnología y transformación digital con más de 8 años de experiencia. Experta en inteligencia artificial, ciberseguridad y startups tecnológicas.

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