La sesión del viernes dejó un sabor agridulce para los tenedores de BYD. El fabricante chino de vehículos eléctricos cerró en el mercado europeo a 8,84 euros, con un recorte del 0,8%, en una jornada en la que los títulos de tecnología y automoción de Asia sufrieron el embate de los temores sobre los tipos de interés globales. En lo que va de año, el valor acumula una caída del 17%, y en los últimos treinta días la merma alcanza el 12%.

El detonante más inmediato de la presión vendedora llegó desde el frente de la demanda. Un informe de Citigroup reveló que los pedidos de vehículos eléctricos de los fabricantes chinos se hundieron un 29% interanual durante la tercera semana de septiembre. El dato encendió las alarmas sobre un enfriamiento de corto plazo en el mercado doméstico y arrastró a buena parte del sector en las plazas asiáticas.
Citigroup mantiene la confianza pese al bache
Paradójicamente, la propia Citigroup dibujó un panorama más matizado para BYD apenas unos días antes. La casa de análisis reafirmó su recomendación de compra y elevó su previsión de exportaciones para el mes en curso, apoyándose en la fortaleza del canal mayorista. Según datos de la China Passenger Car Association, el volumen diario medio de ventas al por mayor del grupo creció un 11% respecto al mes anterior.
Esa dinámica internacional se perfila como el principal amortiguador frente a cualquier tropiezo en casa. Morgan Stanley, por su parte, había ratificado a mediados de mes —el 15 de septiembre— su calificación de compra, aunque ajustó el precio objetivo de 121 a 114 dólares de Hong Kong. La firma justificó su valoración en un múltiplo de 27 veces los beneficios estimados para 2026.
BlackRock recorta su participación
A los vaivenes de la demanda se sumó un movimiento relevante en el accionariado. Los registros obligatorios de la Bolsa de Hong Kong mostraron que el gestor de activos BlackRock redujo el martes su participación en las acciones H de BYD del 7,05% al 6,74%.
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En paralelo, la compañía sigue tejiendo alianzas para abrir nuevos frentes de crecimiento. El miércoles, BYD, el grupo Xiangyu y el ayuntamiento de Liaoyang suscribieron un acuerdo de cooperación en materia de camiones eléctricos pesados, logística y soluciones de almacenamiento energético. El reto operativo, sin embargo, continúa siendo compaginar esa expansión con la capacidad de producción existente.
Dos frentes operativos opuestos
La realidad de BYD es la de una empresa que avanza a dos velocidades. El jueves completó la instalación de su estación de carga rápida número 2.000 en las autopistas chinas, un hito alcanzado antes de lo previsto que cubre casi un tercio de las áreas de servicio de la red viaria del país. Ese mismo día, y en el marco de la feria de vehículos industriales IAA Transportation, presentó una tractora eléctrica de hasta 1.000 caballos, batería de 651 kilovatios hora y 600 kilómetros de autonomía.
El contrapeso llegó en forma de reveses de calidad. El 18 de septiembre, las autoridades chinas ordenaron el retiro de más de 183.000 vehículos de las series Tang y Qin por un defecto en los topes del pedal del freno. El lunes siguiente, los organismos de seguridad australianos anunciaron otro llamamiento a revisión para 32.009 unidades de la pickup Shark 6, esta vez por posibles daños en el soporte de la rueda de repuesto. La pregunta que sobrevuela entre los inversores es si estos fallos son episodios aislados o la señal de una tensión excesiva en las cadenas de suministro.
La incógnita europea y el equilibrio entre volumen y margen
El nudo gordiano para la evolución bursátil pasa por demostrar que el escalado fuera de China no erosiona los márgenes. Según declaraciones recogidas por medios, Alfredo Altavilla, asesor del negocio europeo de BYD, sostiene que la expansión a largo plazo en el Viejo Continente exige tres plantas de vehículos y una fábrica de baterías. Si la compañía logra levantarlas a tiempo, los aranceles y los costes de transporte podrían reducirse de forma sostenida. La decisión sobre la segunda factoría europea —con España y Francia como candidatas preferentes— se espera antes de que acabe el año y se antoja el próximo catalizador concreto para el valor.
Mientras tanto, el precio de las acciones sigue condicionado por la evolución de los rellamados y por el ánimo general de las bolsas asiáticas. En el plano técnico, la cotización se encuentra a un 10% de su mínimo de 52 semanas, una distancia que refleja la tirantez del momento. Siempre que ese suelo aguante, la posibilidad de una estabilización sigue sobre la mesa; si cede, la tendencia bajista podría cobrar velocidad.
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