La estrategia de expansión internacional de Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) avanza a un ritmo acelerado en dos frentes clave: Norteamérica y Europa. Este movimiento, impulsado por cambios en políticas arancelarias y por ambiciosos planes de financiación pública, redefine el panorama de la fabricación de semiconductores y sus cadenas de suministro, presentando tanto ventajas competitivas como nuevos retos operativos para el gigante del foundry.

El Impulso Europeo: Una Fábrica en Dresde y un Centro de Diseño
Europa se ha convertido en un pilar fundamental de la estrategia de TSMC. En el marco del EU Chips Act, la empresa ha formalizado planes para una nueva planta de fabricación en Dresde, Alemania. Esta instalación será operada por la European Semiconductor Manufacturing Company (ESMC), un consorcio conjunto en el que TSMC poseerá una participación del 70%, junto a socios europeos como Bosch, Infineon y NXP.
La inversión total estimada para este proyecto supera los 10.000 millones de euros. Según los informes, aproximadamente la mitad de esta cifra podría proceder de financiación pública. La fábrica está destinada a producir chips avanzados para sectores estratégicos europeos, principalmente la automoción, la industria y las aplicaciones de inteligencia artificial. Además, el proyecto ha solicitado el estatus de "Fundición Abierta de la UE" bajo la legislación comunitaria.
Complementando esta inversión en fabricación, TSMC también reforzará su presencia en el continente con la apertura de un centro de diseño en Múnich. Este centro tiene como objetivo acelerar el desarrollo de semiconductores y fomentar la innovación en colaboración directa con socios y clientes europeos.
El EU Chips Act Supera las Expectativas de Inversión
El mecanismo que impulsa esta expansión, el EU Chips Act aprobado en 2023, está demostrando un poder de atracción de capital mayor al previsto inicialmente. La Comisión Europea ha indicado que la legislación ha movilizado ya compromisos de inversión por más de 80.000 millones de euros, una cifra que casi duplica el objetivo original de 43.000 millones. Datos más recientes sugieren que las inversiones totales comprometidas podrían alcanzar los 100.000 millones de euros para 2030.
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A pesar de este impulso financiero, la cuota de Europa en la producción mundial de chips se mantiene en torno al 10%. Este dato refleja la intensidad de la competencia global, donde otras regiones también están realizando inversiones agresivas para dominar el mercado de los semiconductores más avanzados.
El Eje EE.UU.-Taiwán: Reducción de Aranceles y Grandes Compromisos
Paralelamente, se ha producido un desarrollo significativo en la relación comercial entre Estados Unidos y Taiwán. Ambos han acordado una reducción de los aranceles aplicados a las importaciones taiwanesas, bajando la tasa del 20% al 15%. Para TSMC, esto se traduce en una mejora de la competitividad en precios para sus chips fabricados en Taiwán e importados al mercado estadounidense, frente a rivales como Samsung Electronics e Intel.
Este acuerdo forma parte de un paquete más amplio que incluye un compromiso de inversión de Taiwán por valor de más de 250.000 millones de dólares para proyectos en Estados Unidos, centrados en semiconductores, energía e inteligencia artificial. De esta cantidad, TSMC contribuirá con 100.000 millones de dólares, vinculando aún más su destino a los planes de expansión de infraestructuras de high-performance computing e IA en suelo norteamericano.
Los Desafíos de una Presencia Global Ampliada
Esta expansión acelerada en Occidente no está exenta de complejidades. Una mayor presencia en Estados Unidos conlleva un aumento de los costes fijos y añade capas de complejidad operativa al gestionar una red de producción distribuida en múltiples regiones. Además, TSMC podría enfrentarse a expectativas políticas adicionales respecto a la distribución de su capacidad de fabricación entre los distintos territorios.
La atención del mercado se centra ahora en la ejecución práctica de estos megaproyectos. Los inversores observan de cerca la velocidad con la que TSMC despliega los programas de inversión en EE.UU. y Europa, los plazos reales para la puesta en marcha de las nuevas fábricas y, crucialmente, si la fuerte demanda actual de chips para IA se materializará en compromisos de capacidad a largo plazo que justifiquen estas colosales inversiones.
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