La NASA ha vuelto a confiar en SpaceX para mantener el cordón umbilical con la Estación Espacial Internacional. El viernes, la agencia estadounidense formalizó un pedido de 946 millones de dólares que añade tres misiones tripuladas al calendario de la compañía y estira su colaboración con el laboratorio orbital hasta 2030. Con esta adenda, el valor acumulado del programa de vuelos con astronautas asciende a 5.920 millones de dólares, una cifra que consolida al fabricante de cohetes como proveedor de referencia del transporte gubernamental durante la próxima década.

El movimiento no solo garantiza ingresos recurrentes procedentes del sector público, sino que refuerza el papel estratégico de sus cápsulas en la logística de la estación. Mientras tanto, la empresa que dirige Elon Musk sigue tejiendo una red de negocios que va mucho más allá del lanzamiento de satélites.
Starship apunta al 28 de septiembre con la vista puesta en la órbita
El otro gran frente abierto es el desarrollo del sistema de lanzamiento pesado. Según informó Reuters el jueves, el decimocuarto vuelo de prueba del Starship se ha reprogramado para el 28 de septiembre, después de que la fecha inicial del 22 quedara descartada. El nuevo calendario aún depende de la luz verde de los reguladores.
El ensayo tiene un objetivo ambicioso: alcanzar por primera vez la órbita terrestre y desplegar satélites Starlink V3. La misión, concebida para prolongarse casi diez horas, servirá para validar la capacidad de la nave de soltar carga en el espacio. Un resultado exitoso de este hito orbital resulta determinante para escalar la cadencia de lanzamientos y mejorar la rentabilidad del conjunto del vehículo. Los ajustes de fechas en pruebas de esta envergadura son habituales, ya que exigen alinear requisitos técnicos y autorizaciones administrativas.
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Space Cargo se convierte en el primer cliente europeo de Starfall
La diversificación comercial también avanza en el Viejo Continente. El martes, la firma firmó un contrato de misión con el integrador europeo Space Cargo para su servicio de retorno orbital Starfall, destinado a traer carga desde la órbita de vuelta a la Tierra. La compañía europea se estrena así como primer cliente del continente para esta capacidad, un paso que amplía el catálogo de servicios de SpaceX más allá del transporte de ida.
A este frente se suma el interés de los gobiernos por sus redes seguras. El Ministerio de Defensa británico ha desvelado un gasto cercano a los 40 millones de dólares en servicios satelitales del grupo, que incluyen Starlink y la red de seguridad Starshield. Con esta revelación, Reino Unido se convierte en el primer país fuera de Estados Unidos que confirma públicamente el uso de Starshield con fines militares y de inteligencia.
La computación en órbita empieza a facturar
Menos visible pero igualmente relevante es la pata vinculada al procesamiento de datos. El director financiero, Bret Johnsen, explicó en una conferencia de Goldman Sachs que la empresa cerró un contrato de alojamiento de capacidad de cómputo para inteligencia artificial. El acuerdo generará ingresos mensuales recurrentes de aproximadamente 1.110 millones de dólares a partir del 1 de diciembre de 2026, lo que equivale a unos 13.000 millones anuales.
En el parqué, la jornada del viernes fue discreta. El valor cerró a 132,70 euros tras ceder un 1,6% en la sesión, aunque en la ventana de 30 días acumula una revalorización del 11%.
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