La semana que acaba de cerrar condensa a la perfección la esquizofrenia que define a Rocket Lab en 2026. Mientras la compañía firmaba otro hito operativo —su misión número 93 con el cohete Electron—, el mercado castigaba el valor con una caída del 4,1% en una sola sesión, hasta los 55,60 euros. El balance semanal arroja un retroceso del 11%, un castigo que contrasta con una cadena de noticias que, sobre el papel, no podría ser más alentadora.

El cohete que no falla
El lanzamiento del jueves desde Launch Complex 1 no fue un vuelo rutinario cualquiera. El Electron puso en órbita el satélite de radar QPS-SAR, encargado por el operador japonés iQPS. Se trata del decimocuarto despegue del año y la novena entrega para este cliente, con una impecable tasa de éxito del 100%. Y la relación está lejos de agotarse: quedan nueve vuelos adicionales contratados hasta 2030.
Ese ritmo vertiginoso no es un caso aislado. La compañía también confirmó que las primeras ocho plataformas satelitales para MDA Space —destinadas a dar soporte a los servicios de comunicación directa a dispositivo de Globalstar— ya alcanzaron la órbita. Forman parte de un contrato de 143 millones de dólares que contempla 17 plataformas en total.
La apuesta alemana y el hueco que deja Europa
Mientras los motores siguen quemando combustible, Rocket Lab teje una red geográfica más amplia. La creación de Rocket Lab Germany GmbH no es un movimiento menor: Alemania tiene previsto invertir alrededor de 35.000 millones de euros en capacidades espaciales y de defensa hasta 2030, y la Agencia Espacial Europea (ESA) ya ha advertido de un cuello de botella en la capacidad de lanzamiento entre 2029 y 2031. Un escenario que, si Neutron llega a tiempo, coloca a la firma en una posición estructuralmente ventajosa.
El Pentágono, un pilar que no se tambalea
En el frente institucional, la relación con la Space Force sigue profundizándose. El contrato SB-AMTI, valorado en 397 millones de dólares, y el acuerdo HASTE de hasta 266 millones para misiones suborbitales confirman el arraigo de Rocket Lab en el ecosistema de defensa estadounidense. La incorporación al programa marco NITE-STAR, que abre la puerta a pedidos de un fondo conjunto de 981 millones de dólares, refuerza esa posición.
La demostración más tangible de esa capacidad llegó con el ejercicio Victus Haze: el satélite Puma fue lanzado en apenas 16 horas y 42 minutos tras una ventana de aviso de 24 horas. Una velocidad de reacción que, en el negocio de la defensa, se traduce directamente en credibilidad y contratos.
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El elefante en la habitación: Iridium y Neutron
Pero si hay un tema que domina la conversación entre inversores, ese es la adquisición de Iridium Communications por unos 8.000 millones de dólares, anunciada a principios de mes junto a los resultados del segundo trimestre. El consejero delegado, Peter Beck, salió al paso de las especulaciones el jueves para aclarar que el objetivo no es competir frontalmente con Starlink de SpaceX, sino centrarse en comunicaciones críticas para emergencias, defensa y otros servicios de alta fiabilidad.
La otra gran incógnita sigue siendo Neutron. Los avances en las pruebas de la cofia "Hungry Hippo" alimentan el optimismo, pero el calendario aprieta: la compañía mantiene la entrega de la plataforma de lanzamiento para el cuarto trimestre de 2026, aunque cada vez son más las voces que dudan de que el primer vuelo pueda producirse este año. Los precedentes de retrasos no juegan a favor.
Cifras que crecen, dudas que también
Los números del segundo trimestre muestran una compañía en plena expansión: ingresos de 234 millones de dólares, con una previsión de 250 a 265 millones para el tercero. La cartera de pedidos alcanza los 2.360 millones de dólares, y la plantilla ha crecido hasta los 3.217 empleados tras la integración de Mynaric y Motiv, 439 más que en el trimestre anterior.
Aun así, la acción acumula un descenso del 9,6% en lo que va de año y cotiza aproximadamente un 18% por debajo de su media de 50 sesiones. El índice de fuerza relativa (RSI), en 34,8, se acerca a territorio de sobreventa, lo que sugiere más una pausa técnica que un deterioro fundamental.
El mercado parece estar ponderando la combinación de una adquisición multimillonaria, un calendario de Neutron que se estrecha y una elevada inmovilización de capital por encima de la racha de éxitos operativos. Un escepticismo que no es exclusivo de Rocket Lab: otras compañías del sector de alto crecimiento, como Planet Labs, también han sufrido un castigo similar por la aversión general al riesgo.
La letra pequeña que no pasa desapercibida
En medio de ese clima de nerviosismo, la venta de 35.558 acciones por parte del director de operaciones, Frank Klein, por un valor cercano a los 2,4 millones de dólares, no ayuda a calmar los ánimos. Se trata de una operación amparada en un plan de negociación preestablecido (Rule 10b5-1), legalmente impecable y probablemente planificada con mucha antelación, pero su simbolismo en una fase ya de por sí tensa es complicado de ignorar.
La ecuación, por tanto, queda planteada: una compañía que ejecuta con precisión quirúrgica en el presente, que ha asegurado su primer cliente comercial para Neutron —Kepler Communications, con un vuelo previsto para 2028 desde Wallops Island— y que se ha posicionado en los mercados europeo y de defensa, frente a una acción que descuenta con dureza los riesgos futuros. La resolución de esa tensión dependerá, en buena medida, de si Neutron cumple el calendario prometido. Hasta entonces, la paciencia será el activo más valioso para quienes mantengan la tesis alcista.
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