El metal dorado cambia de rumbo. Después de diez semanas de presión vinculada al conflicto en la región persa, el mercado parece moverse hacia un escenario más optimista ante posibles avances diplomáticos entre Estados Unidos e Irán. El repunte del spot se produjo con fuerza, avanzando alrededor de 3,6% y consolidándose por encima de 4.750 dólares estadounidenses por onza al cierre del jueves.

Las señales de distensión geopolítica han reconfigurado la lógica del precio, pero el mercado no lo da todo por ganado. En medio de la volatilidad, el impulso depende ahora de datos económicos clave. El informe oficial de empleo de Estados Unidos para abril será determinante: se espera un descenso significativo de nuevas vacantes, hasta alrededor de 70.000, desde 178.000 en marzo. Un fallo en esa lectura podría sostener la tesis de que la Fed podría empezar a patear el tablero hacia una política menos restrictiva, mientras que un informe más sólido podría erosionar el actual giro alcista.
El tablero de la Fed sigue igual de complejo. La tasa de referencia sigue en un rango de 3,50% a 3,75%, y se mantiene la cautela de los operadores ante posibles indicios de cambios. En junio, la presidencia de la Fed podría pasar a manos de Kevin Warsh, lo que alimenta la narrativa de que recortes de tasas inminentes siguen siendo poco probables en el corto plazo.
La solidez de la demanda física del oro continúa siendo un ancla para el mercado. En el primer trimestre, el valor de la demanda global creció casi un 75% gracias a precios elevados, situándose en un máximo histórico de 193.000 millones de dólares. Paralelamente, los bancos centrales mantienen una compra sostenida, sosteniendo el piso de la pauta de precios a medio plazo.
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Las miradas de analistas y bancos de inversión se enfocan en dos polos. Por un lado, Morgan Stanley mantiene un objetivo de precio de 5.200 dólares por onza para fines de 2026, apuntando a un recorrido alcista si se confirman las condiciones macro y de demanda. Por otro, el escenario a medio plazo podría verse influido por un informe laboral débil: un tirón de la inflación o un debilitamiento del mercado de trabajo podría allanar el camino para un avance adicional, mientras que un fortalecimiento del empleo podría limitarlo.
Un marco estructural más amplio emite señales de mayor complejidad. La Deutsche Bank plantea un escenario de referencia que sitúa el precio del oro en 8.000 dólares por onza dentro de cinco años, si el peso del oro en las reservas globales llegara a subir de alrededor del 30% al 40%. Este cálculo forma parte de un razonamiento sobre la composición de las reservas internacionales: el peso del dólar en las reservas mundiales ha caído desde más del 60% a aproximadamente el 40% desde comienzos de la década pasada, un cambio que refuerza la narrativa de un lugar histórico para el oro en el sistema monetario. La institución señala que la demanda de oro se ha expandido geográficamente, citando a países como China, Rusia, India y Turquía, junto con Kasajistán, Arabia Saudita, Qatar, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos como compradores activos.
En el corto plazo, el mercado consolida un contexto mixto. El precio del oro cerró el jueves en 4.696 dólares por onza, lo que implica aproximadamente un 14% por debajo del máximo de enero, en 5.450 dólares. Sin embargo, el rendimiento anual sigue en terreno positivo, con un alza de más de 8%. En el frente técnico, el sentimiento depende de los próximos datos laborales. La respuesta de la economía estadounidense podría reavivar o moderar la demanda de refugio si el informe de empleo de este viernes ofrece una lectura relativamente débil, reforzando la narrativa de que la Fed podría mantener o retrasar recortes.
La dinámica del oro, por tanto, se sitúa en una encrucijada entre dos polos: la geopolítica que empuja la demanda de refugio y la revisión estructural de las reservas internacionales que podría redefinir el papel del metal en la economía global. Con 398 millones de onzas de reservas acumuladas por los bancos centrales desde 2008 y un potencial de expansión de la participación del oro en las reservas a 40%, el escenario de 8.000 dólares por onza en un plazo de cinco años no es descartable para quienes contemplan un cambio de régimen en el mercado de divisas y reservas. Pero, mientras tanto, la labor de los próximos días—particularmente los datos de empleo de abril y el pulso de la política monetaria— seguirá marcando la pauta para el metal en el corto plazo.
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