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Acciones

Nvidia: pedidos millonarios en China, naves en Corea y un calendario que empieza en noviembre

La acción de Nvidia volvió a cotizar en rojo. Ayer cedió un 4,2% y hoy prolonga el descenso con una caída del 3,6%, arrastrada por la ola de ventas que recorre todo el segmento de la inteligencia artificial. No hay un comunicado de la compañía detrás de ese movimiento: el detonante es una revisión colectiva de las cuentas del sector. Reuters vincula el repliegue a las dudas sobre la rentabilidad de los desembolsos en infraestructura de IA y sobre cómo se financian, un escepticismo que reapareció tras las cifras de Tesla y Meta. AP añade otro frente de presión ajeno a la tecnológica: el encarecimiento del crudo por la inquietud en torno a Irán.

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Ese contexto obliga a separar dos preguntas que el mercado tiende a confundir. Una es cuánta capacidad de cálculo se demanda. La otra, bastante más incómoda, es si quien la compra logrará sacarle rendimiento. Los últimos anuncios de la empresa alimentan la primera; la segunda sigue sin respuesta.

Índice de Contenidos
  1. Tres millones de tarjetas y una promesa que no se puede firmar
  2. 1.300 millones para crecer en Corea
  3. Del taller al centro de datos en dos semanas
  4. El riesgo de que la oferta llegue antes que la demanda
  5. Noviembre, primera prueba de fuego

Tres millones de tarjetas y una promesa que no se puede firmar

El martes, un despacho de Reuters puso cifras a la voracidad asiática. ByteDance, Alibaba y Tencent cursaron pedidos por más de 3 millones de tarjetas gráficas RTX PRO 5500. Sumando precios de catálogo, la operación supera los 35.000 millones de dólares. El dato confirma el apetito por el hardware de Nvidia, pero trae letra pequeña: la compañía no pudo garantizar la entrega completa, porque la demanda desborda la producción prevista. Un pedido no equivale a un envío.

Ahí se dibuja el eje del debate inversor. Los libros de pedidos récord no responden a la pregunta que de verdad pesa: qué retorno obtendrán los compradores de esas máquinas. Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo, y de hecho lo son.

1.300 millones para crecer en Corea

El miércoles llegó la respuesta por el lado de la oferta. Nvidia presentó, junto a socios de su cadena de suministro, un plan para ampliar la fabricación mundial de equipos de computación acelerada. El capítulo más visible es el acuerdo con Amkor Technology por 1.300 millones de dólares destinados a capacidad adicional en Corea del Sur. Amkor cifra en 3.000 millones el conjunto de compromisos plurianuales suscritos con Nvidia, que abarcan Arizona y territorio surcoreano.

Son planes de expansión, no instalaciones terminadas, y tampoco arrojan luz sobre la rentabilidad del cliente. Para eso hace falta mirar a otro sitio: a la velocidad con que esas promesas se convierten en capacidad realmente disponible.

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Del taller al centro de datos en dos semanas

Ese es el terreno del diseño modular DSX POD, dado a conocer ayer. Según la compañía, integrar el sistema en fábrica permite reducir el despliegue en una ubicación ya preparada de seis meses a solo 14 días. La precisión importa: la promesa se refiere a emplazamientos acondicionados de antemano, no a cualquier proyecto de centro de datos. Los primeros equipos llegarán a través de socios en todo el mundo a comienzos de 2027, de modo que hasta entonces conviene distinguir entre potencial anunciado y ejecución real.

A la eficiencia apuntan otras dos piezas. En los despliegues europeos de la plataforma DSX AI Factory, Nvidia habla de software capaz de ofrecer la misma potencia de IA con hasta un 30% menos de electricidad, junto a sistemas de refrigeración orientados a un funcionamiento casi sin agua. Son objetivos declarados por la empresa, no ahorros verificados a gran escala. Y ya hay una vía comercial abierta: Google Cloud y Nvidia anunciaron la disponibilidad general de las instancias A5X sobre infraestructura Vera-Rubin.

El riesgo de que la oferta llegue antes que la demanda

El contraargumento es serio. Acortar plazos y recortar costes operativos no resuelve por sí solo la incógnita de la demanda. Si el inversor desconfía del retorno del despliegue, las mejoras técnicas pueden no bastar para sostener una revalorización. La sesión de hoy lo ilustra: el mercado pondera de forma distinta los anuncios corporativos y la disposición real a invertir.

Las propias alianzas para ampliar la cadena de suministro tienen doble filo. Están pensadas para habilitar más infraestructura, pero un aumento de la oferta podría cruzarse con decisiones de inversión más cautas. No es un escenario consumado, sino el riesgo que late detrás de las actuales preocupaciones sobre el gasto. A ello se suma el encarecimiento del petróleo, un lastre de mercado que podría impedir que los avances de Nvidia se traduzcan de inmediato en una mejor valoración bursátil.

Noviembre, primera prueba de fuego

La cita más cercana en el calendario es noviembre, cuando Google Cloud prevé extender a Europa la disponibilidad de las instancias A5X. Ese hito constituye una evidencia de implementación más próxima que las entregas globales de los módulos DSX POD previstas para comienzos de 2027. Mientras la puesta en marcha avance y las ventajas de eficiencia sean aprovechables en la práctica, el escenario de una infraestructura de IA económicamente más atractiva se mantiene verosímil. Si, por el contrario, se imponen las dudas sobre el gasto, el progreso técnico podría quedar en segundo plano en el parqué.

La disyuntiva del inversor queda así: pasos de ejecución comprobables frente a una valoración todavía escéptica del ciclo inversor. La expansión europea de la nube confirmará disponibilidad; si de ahí nace suficiente utilidad económica es, exactamente, el baremo que decidirá cómo se lee la cotización de Nvidia.

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Miguel Ángel Torres Díaz

Sobre el autor

Miguel Ángel Torres Díaz

Periodista de tecnología especializado en videojuegos, realidad virtual y tendencias de consumo digital. Más de 10 años cubriendo la industria tecnológica española.

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