La cotización de Nvidia en Frankfurt cerró el viernes en 183,78 euros, con un retroceso del 1,1% en la jornada y del 5,6% en el conjunto de la semana. El título se sitúa así aproximadamente un 9% por debajo de su máximo de 52 semanas, los 202,50 euros alcanzados a mediados de mayo, aunque el RSI, en torno a 48, mantiene al valor en terreno neutral: ni sobrecomprado ni sobrevendido. Pero quienes centren su atención únicamente en el gráfico de precios se perderán la verdadera historia de estos días.

La energía, nuevo campo de batalla estratégico
Nvidia ha revelado en las últimas jornadas una participación minoritaria en Cloverleaf Infrastructure, desarrollador de infraestructura para centros de datos. Según Financial Times y Wall Street Journal, la inversión asciende a varios cientos de millones de dólares. Cloverleaf asegura haber vendido ya más de 7 gigavatios de capacidad eléctrica asegurada, con una cartera que supera los 10 gigavatios adicionales.
Esta operación se inscribe en una cascada de movimientos similares: 2.000 millones de dólares en Lancium, 1.500 millones en SB Energy y conversaciones avanzadas con el diseñador de chips coreano Rebellions y el proveedor de infraestructura Poolside. La lectura para el inversor es clara: Nvidia ya no vende únicamente semiconductores. La compañía está asegurándose verticalmente los recursos sin los cuales la inteligencia artificial no puede operar: electricidad, refrigeración y suelo para centros de datos.
Quien piense que el cuello de botella de la revolución de la IA reside exclusivamente en la fabricación de chips ha pasado por alto un segundo frente: el energético. Y en ese terreno, Nvidia se está moviendo con una agresividad más propia de una utility que de un fabricante de semiconductores.
La doble cara de la ofensiva inversora
La lista de compromisos financieros recientes es abrumadora. Junto a SoftBank, a través de su filial SB Energy, Nvidia garantiza hasta 105.000 millones de dólares en obligaciones condicionales de arrendamiento y pago eléctrico para el campus PORTS Pike Technology en Ohio, un centro de datos de 10 gigavatios donde OpenAI actuará como inquilino único durante dos décadas. Las primeras capacidades entrarían en funcionamiento a partir de 2028.
Apenas dos semanas antes, la compañía había destinado 5.000 millones de dólares a Safe Superintelligence Inc., el laboratorio dirigido por Ilya Sutskever, que obtendrá acceso a la plataforma Vera Rubin para multiplicar por diez su capacidad de cómputo. A ello se suman alianzas de financiación con Apollo, BlackRock, Blackstone, Brookfield, Goldman Sachs y KKR, que en conjunto pretenden movilizar más de 500.000 millones de dólares en capital de terceros para expandir la infraestructura de IA.
Este ritmo de operaciones sugiere una transformación profunda del modelo de negocio: de proveedor de chips a arquitecto financiero central del ecosistema de la inteligencia artificial. Una ambición que, no obstante, desplaza el perfil de riesgo de la compañía hacia exposiciones de infraestructura y crédito que hasta ahora no formaban parte de su núcleo.
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El frente de la memoria y el regreso a China
En paralelo, se acumulan los indicios de que Nvidia ha firmado contratos de suministro plurianuales con SK Hynix y Micron para memoria de alto rendimiento. Edgewater Research estima que la escasez de almacenamiento podría prolongarse hasta 2028, y Micron planea destinar 10.000 millones de dólares adicionales a investigación. Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, ha aprovechado la reciente corrección de las tecnológicas para lanzar un mensaje deliberadamente optimista: las acciones pueden comprarse ahora "con descuento".
El frente chino también muestra signos de deshielo. Según informaciones de prensa, pequeños lotes de los chips H200 están volviendo a llegar al continente, con ByteDance y Tencent recibiendo aproximadamente 10.000 procesadores cada uno. El marco de licencias estadounidense permitiría hasta 75.000 unidades por cliente autorizado. No es un volumen que vaya a alterar las cuentas a corto plazo, pero confirma que un mercado políticamente delicado recupera algo de accesibilidad.
Las ventas de los consejeros y la cita del miércoles
Frente a este despliegue inversor, emerge una contradicción incómoda. En los últimos 90 días, los insiders de Nvidia han ejecutado 13 operaciones de venta por un total aproximado de 767,2 millones de dólares, sin que se registren compras significativas. Los movimientos del consejero Mark A. Stevens resultan especialmente visibles. Las ventas de directivos no constituyen por sí mismas una señal de alarma, pero la magnitud acumulada, en un contexto de ausencia casi total de compras, contrasta con la imagen de una dirección plenamente convencida de su propia narrativa de crecimiento.
El mercado digiere esta ambivalencia de cara a la publicación de resultados del miércoles. Los analistas esperan ingresos de entre 91.000 y 92.000 millones de dólares para el segundo trimestre fiscal, prácticamente el doble que el año anterior, con un beneficio por acción en torno a 2,06-2,08 dólares. La propia compañía había anticipado en mayo 91.000 millones para el trimestre en curso, superando con claridad el consenso entonces vigente de 86.840 millones.
Oppenheimer mantiene su precio objetivo de 265 dólares, con Rick Schafer señalando el próximo despliegue de la generación de chips VR200. HSBC ha elevado recientemente el suyo de 325 a 360 dólares. El consenso se sitúa ligeramente por encima de los 300 dólares, con recomendaciones mayoritariamente de compra.
El patrón de los dos últimos trimestres, sin embargo, invita a la cautela: incluso tras sorpresas superiores al 5%, el título cedió más de un 9% en los 30 días posteriores. El mercado parece menos interesado en el pasado que en saber si la cartera de pedidos para 2026 y 2027 —que algunas casas estiman por encima del billón de dólares— se convertirá efectivamente en ingresos.
La apuesta de fondo permanece inalterada: quien mantiene Nvidia en cartera está comprando exposición a toda la infraestructura de la inteligencia artificial —chips, memoria y, cada vez más, kilovatios hora—. El miércoles, los números dirán si esa apuesta sigue siendo ganadora o si, como sugieren los movimientos de sus propios consejeros, algo se está resquebrajando en el interior del gigante.
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