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Nvidia: la letra pequeña del megaproyecto con Oracle mientras OpenAI tantea chips de Google

La alianza entre Nvidia y Oracle para levantar superclústeres de inteligencia artificial de varios gigavatios, anunciada el martes, dibuja un horizonte de expansión sugerente para el fabricante de chips. Sin embargo, la operación llega sin una cifra de contrato sobre la mesa, de modo que ese volumen de infraestructura aún no puede traducirse en un ingreso concreto para la compañía de Jensen Huang. La distinción entre lo ya disponible y lo meramente proyectado se convierte así en la brújula para interpretar el aluvión de noticias que rodea al valor.

Imagen tecnológica

Los sistemas Vera Rubin NVL72 serán los encargados de sostener el crecimiento de los superclústeres de Oracle Cloud Infrastructure, según explicaron ambas empresas. Su destino: el entrenamiento de modelos de IA, su aplicación práctica y las llamadas aplicaciones basadas en agentes. Nvidia confirmó además que esos equipos y las CPU Vera ya están disponibles de forma general en la nube de Oracle. Conviene separar ambos planos: la tecnología está lista y operativa; la ampliación hasta varios gigavatios continúa siendo un propósito anunciado, pendiente de ejecución.

Índice de Contenidos
  1. Un socio que no juega a una sola carta
  2. La presión que llega desde Mountain View
  3. Disponibilidad frente a intenciones
  4. El riesgo de que la demanda cambie de manos
  5. La prueba de fuego

Un socio que no juega a una sola carta

Oracle no se ata en exclusiva a Nvidia. Reuters informó el martes de que el grupo amplía sus acuerdos de chips de IA con Nvidia al tiempo que incorpora ofertas de Google, SambaNova y Cerebras. Los sistemas emplearán, además, los chips de red Acceleron desarrollados por la propia Oracle. Para Nvidia supone una presencia planificada mayor en un socio de nube, pero sin posición exclusiva, y evidencia que varios fabricantes pugnan por un hueco en la infraestructura de IA del gigante empresarial.

El otro frente que acompaña a este despliegue es la capacidad de suministro. El 21 de octubre, Nvidia presentó junto a sus socios un plan para ampliar la producción mundial de computación acelerada y de su plataforma de fábricas de IA. Según la comunicación de entonces, la capacidad de pruebas de semiconductores debería duplicarse entre 2026 y 2027. Es una expectativa que complementa los planes de expansión del lado del cliente, aunque no constituye capacidad ya alcanzada ni garantiza ingresos derivados de ella.

La presión que llega desde Mountain View

Mientras tanto, el flanco competitivo se agita. Según reportes de prensa, OpenAI mantuvo conversaciones con Google para utilizar los chips de IA de este último. La información, difundida ayer, fue descrita como una presión adicional sobre Nvidia, cuya acción registró una variación diaria del -2,1%. De esas conversaciones no se desprende todavía un cambio confirmado de proveedor.

La decisión del inversor va más allá del último movimiento de cotización. Quien apueste por la expansión de Nvidia debe distinguir entre proyectos de infraestructura anunciados y la fidelidad real de sus clientes. Los chips alternativos cobrarían relevancia si no se limitaran a aportar capacidad adicional y restaran demanda a la tecnológica. Frente a las inquietudes por la competencia, la compañía exhibe pasos tangibles, como la alianza con Oracle, que respalda el uso continuado de su plataforma pero no resuelve cómo se repartirán los próximos desembolsos en IA.

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Disponibilidad frente a intenciones

El punto de contraste está en la ejecución. ¿Se convertirán los acuerdos anunciados en instalaciones efectivas de infraestructura Nvidia? La cifra de nuevas colaboraciones dice menos que su materialización en sistemas disponibles y en funcionamiento. En Oracle ya hay un avance concreto: los sistemas Vera Rubin y los procesadores Vera alcanzaron el martes disponibilidad general en Oracle Cloud Infrastructure, al tiempo que ambas firmas comunicaban su intención de elevar los superclústeres a la escala de varios gigavatios. Tratar todo el despliegue anunciado como demanda ya realizada sería precipitado; ignorar la disponibilidad lograda por mor de las noticias sobre rivales, igual de miope.

Ese mismo prisma permite leer lo de OpenAI. Las conversaciones sobre otros chips son una señal de competencia, no una prueba de pérdida de negocio existente. Lo determinante será qué infraestructura emplean finalmente los clientes. El escenario favorable se apoya en que Nvidia no convence solo por sus chips, sino por facilitar el despliegue completo de infraestructura de IA. Un ejemplo es el diseño de referencia modular DSX POD sobre Vera Rubin, presentado el 21 de octubre: según la empresa, la instalación en emplazamientos preparados podría completarse en apenas 14 días, y sus socios aspiran a distribuir las unidades en todo el mundo a comienzos de 2027. Es una meta, no la confirmación de entregas ya realizadas.

Si el concepto funciona sobre el terreno, esa puesta en marcha más rápida podría inclinar a los clientes hacia la plataforma de Nvidia. La disponibilidad en Oracle y el diseño modular se complementan: los clientes podrían acceder a la infraestructura por distintas vías. Eso no descarta a los chips alternativos, pero podría demostrar que la oferta adicional de otros fabricantes es compatible con un mayor crecimiento de Nvidia.

El riesgo de que la demanda cambie de manos

El escenario negativo arranca cuando los clientes no usan otros chips como complemento, sino que sustituyen los sistemas Nvidia en nuevos proyectos. Las conversaciones de OpenAI hacen relevante esa posibilidad, aunque su resultado no está escrito. A ello se suma el clima económico del despliegue: Reuters informó el 22 de octubre de un amplio castigo en las acciones de IA ante los elevados costes de inversión y la incertidumbre sobre los retornos. Esas preocupaciones afectan a la rentabilidad de las capacidades previstas y no se disipan solo con instalaciones más veloces.

La combinación de ambos desarrollos sería especialmente exigente para Nvidia: clientes que dosifican con cautela sus inversiones y, a la vez, exploran chips alternativos. En ese supuesto, ni siquiera los grandes anuncios de expansión bastarían como protección, y el inversor debería vigilar con lupa si los proyectos declarados llegan a ejecutarse.

La prueba de fuego

Mientras los clientes amplíen su infraestructura Nvidia conforme a lo anunciado, el escenario positivo se mantiene pese a la competencia creciente. Si las decisiones de expansión se inclinan hacia otros chips, la capacidad de retención de las alianzas existentes quedaría en entredicho. El siguiente examen concreto es la distribución mundial de las unidades DSX POD prevista para comienzos de 2027, que revelará si la promesa de un despliegue más ágil se transforma en una oferta realmente utilizable. En paralelo, contará la ejecución de la ampliación anunciada con Oracle. No toda noticia sobre rivales invalida la perspectiva de crecimiento, pero solo la puesta en marcha de los planes de infraestructura mostrará hasta qué punto es sólida la posición de Nvidia frente a las alternativas de chips. El 17 de noviembre, con la conferencia telefónica sobre los resultados del tercer trimestre del ejercicio 2027 —periodo cerrado el 25 de octubre—, llegará otra cita para contrastar los planes con las cifras del negocio ya contabilizado.

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Carmen Ruiz López

Sobre el autor

Carmen Ruiz López

Periodista especializada en tecnología y transformación digital con más de 8 años de experiencia. Experta en inteligencia artificial, ciberseguridad y startups tecnológicas.

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