El viaje de Nvidia hacia el dominio absoluto de la inteligencia artificial ya no se libra únicamente en el terreno de los chips. La compañía ha decidido que, para garantizar que sus procesadores encuentren hogares donde funcionar, debe participar activamente en la construcción de todo el ecosistema que los rodea. La reciente toma de una participación minoritaria en Cloverleaf Infrastructure, empresa privada dedicada al desarrollo de ubicaciones para centros de datos en Estados Unidos, es la última pieza de un tablero mucho más ambicioso.

Cloverleaf recurrirá a la plataforma DSX de Nvidia para impulsar sus proyectos. Esta maniobra se suma a una larga lista de iniciativas de financiación con las que el fabricante pretende asegurar que sus clientes puedan materializar la capacidad de cómputo que el auge de la IA exige. Sin centros de datos y sin suministro energético suficiente, incluso los semiconductores más avanzados quedan reducidos a piezas de museo. Por eso, Nvidia se ha propuesto ser el habilitador de toda la cadena de valor, no solo el proveedor de silicio.
El capital como arma competitiva
La agresividad de esta estrategia quedó cuantificada esta misma semana: 18.000 millones de dólares en participaciones de capital previstas para el resto del ejercicio fiscal, dirigidas específicamente a desarrolladores de modelos de IA y financiadores de infraestructura. A cierre de julio, la compañía ya acumulaba participaciones en empresas privadas valoradas en 47.900 millones de dólares.
Pero el desembolso no se queda ahí. El segundo trimestre vio salir 26.000 millones de dólares en recompras y dividendos hacia los accionistas, con una autorización de recompra aún vigente de 99.000 millones de dólares. El consejo también aprobó un dividendo trimestral de 0,25 dólares por acción, pagadero el 1 de octubre a los titulares registrados el 10 de septiembre.
Esta doble vía —inyectar capital en el ecosistema y, a la vez, devolver dinero al accionista— plantea una pregunta incómoda: ¿puede Nvidia sostener este ritmo sin erosionar su rentabilidad operativa? La respuesta condicionará el rumbo del valor en los próximos meses.
Un mercado que no termina de decidirse
La cotización refleja esa ambivalencia. Tras la publicación de los resultados trimestrales, el título rebotó con fuerza: en la última sesión analizada, la acción se cambiaba a 190,46 euros, un 5,8% por encima del nivel previo. Esa subida deja el precio un 5,2% por encima de su media móvil de 50 sesiones (180,98 euros), señal de un impulso alcista a corto plazo intacto. Aun así, el papel sigue un 5,9% por debajo del máximo de 52 semanas de 202,50 euros, alcanzado en mayo.
Días antes, sin embargo, el panorama era bien distinto. La acción llegó a cotizar en 180,10 euros, un 11% por debajo de ese mismo techo histórico, tras acumular una caída del 3,1% en siete sesiones. Desde que el 13 de agosto se activara una señal de venta técnica, el valor cedió alrededor de un 6,94% hasta el 26 de agosto. El RSI, en 44,8, no muestra extremos ni de sobrecompra ni de sobreventa, mientras la volatilidad a 30 días se sitúa en el 35% —otro dato que en la otra lectura del mercado arrojaba un 38%—, reflejo de unos inversores que siguen vigilando cada movimiento.
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El factor China y la respuesta a los rumores
En paralelo a la inversión en Cloverleaf, la compañía tuvo que salir al paso de una información publicada por The Information que aseguraba que Nvidia planeaba lanzar un chip LPU específico para China antes de que acabe el año. El fabricante lo negó tajantemente: no existe tal producto en su hoja de ruta y, de hecho, no comercializa actualmente ningún LPU en el país asiático.
La aclaración subraya lo delicado del mercado chino para la compañía. Las restricciones a la exportación y las tensiones geopolíticas llevan meses generando incertidumbre sobre el negocio en la región. La guía de ingresos para el tercer trimestre, de 108.000 millones de dólares, excluye explícitamente cualquier venta de cómputo para centros de datos en China. Un mercado históricamente relevante queda, de momento, vedado sin un horizonte claro de levantamiento de las sanciones.
Los aliados que sostienen la tesis alcista
Los optimistas encuentran motivos sobrados para mantener la confianza. Amazon Web Services ha acordado el despliegue de dos millones de GPU adicionales —Blackwell Ultra, Rubin y Rubin Ultra— en su infraestructura global durante 2027 y 2028, además de fábricas de IA planificadas para agencias gubernamentales estadounidenses con 100.000 GPU. SpaceXAI, por su parte, incorporará la CPU Vera de Nvidia para cargas de trabajo de IA basadas en agentes, con satélites de IA previstos para el cuarto trimestre de 2027. El acelerador Groq-3 LPX, de la plataforma Vera-Rubin, ya está en producción en serie, con Nebius como primer cliente en la nube.
La inversión de 1.500 millones de dólares en SB Energy asegura capacidad de cómputo exclusiva para una instalación en Ohio que será arrendada a OpenAI durante más de 20 años, con conexión a la red prevista para 2028. Raymond James elevó el martes su precio objetivo de 330 a 352 dólares tras los anuncios de producto en la Gamescom, manteniendo la recomendación de "Strong Buy".
Las grietas del escenario bajista
Los escépticos, sin embargo, no carecen de argumentos. La exclusión de China de la guía trimestral implica renunciar de forma permanente a un mercado de ventas históricamente significativo. La estrategia de participaciones por 18.000 millones de dólares inmoviliza capital en startups de IA a menudo no rentables, cuyo éxito dista de estar garantizado; un tropiezo en cualquiera de ellas generaría riesgo de amortizaciones.
Zacks Research rebajó la acción el 21 de agosto de "Strong Buy" a "Hold", señal de que no todos los analistas consideran justificada la valoración tras el reciente rally. A ello se suma la salida de Ajay K. Puri, vicepresidente ejecutivo de operaciones de campo a nivel mundial, cuya marcha efectiva el 24 de agosto plantea interrogantes sobre la continuidad operativa.
El equilibrio que decidirá el futuro
Nvidia se encuentra, así, en una encrucijada fascinante. Por un lado, su capacidad para transformar a socios estratégicos como AWS, SpaceXAI y Nebius en clientes de gran volumen, mientras mantiene la devolución de capital a los accionistas, sostiene el relato alcista. El precio, cerca de su media móvil de 50 días (180,84 euros en la lectura más reciente), sugiere más una consolidación que un desplome inminente.
Por otro, si la monetización de las participaciones decepciona o las restricciones chinas se endurecen aún más, el escenario bajista ganaría enteros. La próxima cita señalada en el calendario es el pago del dividendo del 1 de octubre, aunque la verdadera prueba de fuego llegará cuando el mercado compruebe si la guía de 108.000 millones de dólares para el tercer trimestre se cumple sin el concurso del mercado chino. Esa respuesta, y no otra, marcará la dirección del título en los próximos meses.
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