La cotización de Nvidia se ha convertido en un termómetro de las contradicciones que atraviesan el sector de la inteligencia artificial. El valor cerró el jueves en 189,82 euros, tras encadenar una subida del 9,02% en apenas siete sesiones, y se sitúa a un 6,26% de su máximo de 52 semanas, los 202,50 euros que tocó el 14 de mayo. Desde enero, la revalorización acumulada alcanza el 19,07%. Sin embargo, detrás de ese repunte conviven dos fuerzas opuestas: un gigante que sigue inyectando capital en la próxima generación de chips y unos directivos que aprovechan los precios elevados para reducir su exposición.

Una alianza que redefine el papel del fabricante
La última gran jugada de la compañía llegó a finales de julio, cuando anunció una alianza estratégica de largo plazo con Safe Superintelligence Inc. (SSI), la startup fundada por Ilya Sutskever. Bloomberg cifró la inversión en 5.000 millones de dólares, aunque la compañía nunca ha confirmado oficialmente la cantidad. El acuerdo va más allá de un simple suministro: SSI tendrá acceso a la plataforma Vera Rubin de Nvidia para multiplicar por diez su capacidad de cómputo. El movimiento confirma un giro de modelo de negocio —del mero vendedor de semiconductores a socio capitalista de los laboratorios que construyen la próxima ola de modelos—.
Jensen Huang, consejero delegado, ya ha confirmado que "Vera Rubin está en producción" y ha prometido "cantidades gigantescas de producción". A principios de agosto, los racks de la versión NVL72 comenzaron a desplegarse en socios como CoreWeave, Google Cloud, Microsoft Azure, Oracle Cloud Infrastructure y Nebius. La pregunta que domina el mercado ya no es cuándo llegará la nueva generación, sino a qué velocidad se convertirá en ingresos reales.
El flanco débil: China y las dudas sobre la demanda
Mientras la maquinaria comercial avanza, el frente geopolítico sigue siendo un riesgo tangible. Según los informes, hasta 5.000 millones de dólares de facturación en China podrían esfumarse ante un simple cambio de política. El Departamento de Comercio estadounidense autorizó las ventas de los chips H200 al gigante asiático bajo condiciones específicas y con un arancel del 25%, pero solo después de que Huang interviniera directamente ante el presidente Trump. Un equilibrio frágil, nada parecido a un estatus permanente.
A ese escenario se suma la tesis del inversor Michael Burry, de Scion Asset Management, que mantiene y ha ampliado su posición corta contra el valor mediante opciones put con vencimiento en enero de 2027, un precio de ejercicio de 115 dólares y una prima de 3,30 dólares por contrato. Su argumento: una parte sustancial de la demanda de chips de Nvidia no procede de clientes finales reales, sino de estructuras de financiación circular que permanecen fuera de los balances, según su lectura del informe anual de 2026 del Banco de Pagos Internacionales. Llama la atención que, de las siete apuestas bajistas que Burry mantiene contra presuntos ganadores de la IA, la de Nvidia sea precisamente la que hasta ahora no ha dado resultados.
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El comportamiento de los insiders y el respaldo institucional
Mientras el mercado descuenta optimismo, los movimientos internos cuentan otra historia. En los últimos tres meses, los directivos han vendido acciones por valor de unos 410 millones de dólares. Ampliando la ventana a 90 días, los registros de transacciones de insiders elevan la cifra a 767,2 millones de dólares repartidos en 13 operaciones, con ventas destacadas del consejero Mark A. Stevens. No tiene por qué tratarse de una señal de alarma —la diversificación de patrimonio es un motivo habitual—, pero resulta llamativo que quienes mejor conocen la compañía recojan beneficios precisamente cuando el título ronda sus récords.
En el lado institucional, sin embargo, el respaldo se mantiene sólido. A principios de agosto, Nvidia acumulaba 36 recomendaciones de compra, con prácticamente todas las firmas que cubren el valor apostando por "comprar". Un consenso inusual para una empresa de este tamaño, que también eleva el listón: sin voces críticas, cualquier decepción tendrá menos margen de perdón. Cathie Wood, de Ark Invest, habría ampliado su posición, y Fisher Asset Management también habría incrementado su participación. En el lado contrario, Suncoast Equity y Progressive Investment Management redujeron su exposición, según las últimas declaraciones 13F.
La cita del 26 de agosto
Todo confluye en una fecha: el miércoles 26 de agosto, cuando Nvidia presente los resultados del segundo trimestre de su ejercicio fiscal 2027, que concluyó el 26 de julio de 2026. La conferencia con analistas está prevista para las dos de la tarde, hora del Pacífico. Las expectativas apuntan a unos ingresos de aproximadamente 91.000 millones de dólares, después de que el primer trimestre marcara un récord de 81.600 millones, impulsado por un crecimiento del 92% en el negocio de centros de datos, que ya representa el 92% de la facturación total.
El mercado también observa otros frentes: la expansión en Corea del Sur con SK Group para fábricas de IA y memoria de próxima generación, las iniciativas con Naver y Brookfield para infraestructura nacional, el acuerdo de suministro plurianual firmado por Corvex para las GPU Blackwell y el movimiento de Anthropic, que según Reuters estaría formando su propio equipo de diseño de chips para sus modelos Claude —un posible aviso de que hasta los socios más cercanos podrían buscar independencia hardware—.
Con una volatilidad anualizada a 30 días del 37,99%, el mercado parece no haber tomado partido definitivo. La acción se mueve al compás de una pregunta que solo el informe trimestral podrá responder: si la demanda real de los racks Rubin sostiene el precio que la cotización ya ha descontado. Hasta entonces, Nvidia seguirá siendo ese extraño cruce entre un motor de crecimiento imparable y una acción que sus propios ejecutivos, discretamente, van soltando lastre.
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