Nvidia: entre el permiso que no fluye y la financiación que inquieta a los mercados
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Nvidia: entre el permiso que no fluye y la financiación que inquieta a los mercados

La cotización de Nvidia cerró la semana en 174,36 euros, con un repunte del 2,98% en la última sesión, insuficiente para borrar el retroceso semanal del 4,21%. El vaivén refleja una tensión de fondo que los inversores llevan meses tratando de descifrar: el gigante de los semiconductores sostiene un crecimiento histórico en su negocio principal mientras lidia con un acceso a China que sigue en el limbo y con una arquitectura financiera que empieza a generar resquemor en los mercados de deuda.

Imagen tecnológica

Índice de Contenidos
  1. El expediente chino: luz verde administrativa, mercancía parada
  2. El motor que no depende de China
  3. La otra cara: la deuda que vigila el castillo de naipes
  4. La cita del 26 de agosto

El expediente chino: luz verde administrativa, mercancía parada

El capítulo chino acumula capas de complejidad. Tras el bloqueo de acceso al mercado impuesto en abril por la administración estadounidense, que exigía licencia de exportación, Nvidia hubo de conformarse con desarrollar el chip H20, una versión recortada para sortear los controles previos. En diciembre, Washington cambió de guion y autorizó el H200, un procesador más potente, a cambio de ceder el 25% de los ingresos por venta a Estados Unidos.

Sin embargo, el flujo real de mercancía sigue siendo testimonial. A un mes de mediados de marzo de 2026, apenas se había movido nada. La propia directora financiera admitió ante los analistas que una "pequeña cifra" de productos H200 había recibido autorización para su venta en China. El Departamento de Comercio estadounidense dio luz verde a una decena de compañías chinas —entre ellas Alibaba, Tencent y ByteDance— con un tope de 75.000 unidades por cliente. Pese a ello, ni un solo chip ha cruzado la frontera. El acuerdo permanece atrapado en un limbo jurídico donde se cruzan la rivalidad tecnológica bilateral y las exigencias de Pekín sobre sus propias cadenas de suministro. Licencias concedidas, ejecución congelada: de un flujo de ingresos operativo, ni rastro.

La pregunta que domina la tesis de inversión no es cuándo llegará una cifra concreta de ventas, sino si ese permiso dormido se convertirá en un canal de suministro escalado o si las restricciones chinas y la pugna tecnológica lo mantendrán congelado sine die.

El motor que no depende de China

Mientras el expediente chino espera, el negocio principal acelera. En el primer trimestre del ejercicio fiscal 2027, los ingresos del segmento de centros de datos crecieron un 92%, hasta 75,2 mil millones de dólares, y el beneficio neto se disparó un 211% interanual. La cifra total de facturación alcanzó los 81,6 mil millones de dólares, un 85% más que el año anterior, con un beneficio por acción de 1,87 dólares frente a los 1,76 esperados por el consenso. El negocio de redes, por su parte, avanzó un 199%.

Jensen Huang, consejero delegado, no escatima en calificativos: habla de "la mayor expansión de infraestructuras de la historia de la humanidad" con la construcción de las denominadas fábricas de IA. Para el trimestre en curso, la compañía anticipa unos ingresos de aproximadamente 91 mil millones de dólares, con un margen bruto cercano al 75%, muy por encima de los 87 mil millones que manejaba la media de las estimaciones de los analistas. Ese ritmo supondría un salto de cerca del 12% respecto al trimestre anterior y de un 95% interanual. La compañía ha elevado además su dividendo trimestral a 0,25 dólares por acción y ha puesto en marcha un programa de recompra de títulos por 80 mil millones de dólares.

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En este escenario, una eventual apertura del mercado chino se antoja un extra bienvenido, pero no un salvavidas. El consenso de los analistas, con un precio objetivo medio de 263,90 euros —un 51,4% por encima del nivel actual—, ya descuenta que el crecimiento no depende de ese desbloqueo. La previsión para el segundo trimestre excluye explícitamente los ingresos de centros de datos procedentes de China, de modo que cualquier avance en ese frente se sumaría a lo ya proyectado sin necesidad de revisar el guion.

La otra cara: la deuda que vigila el castillo de naipes

El contrapunto llega desde el mercado de crédito. Mientras los analistas de renta variable mantienen mayoritariamente recomendaciones de compra —43 de los 47 que cubren el valor lo califican de compra fuerte, con un precio objetivo medio de unos 304 dólares—, los mercados de deuda han empezado a poner precio a un riesgo menos visible.

Nvidia está negociando, según informaciones publicadas, una garantía de unos 250 mil millones de dólares para un centro de datos de 10 gigavatios que OpenAI proyecta en Piketon, Ohio, además de una posible financiación de chips de hasta 350 mil millones. El coste total del proyecto superaría los 500 mil millones, con un socio que aún no es rentable y carece de grado de inversión. En conjunto, la compañía estaría involucrada en operaciones de IA por un volumen superior a los 750 mil millones de dólares, incluyendo una alianza con la surcoreana SK Group por más de 500 mil millones.

Las señales de alerta se reflejan en los seguros de impago: los CDS a cinco años sobre la deuda de Nvidia han escalado hasta unos 80 puntos básicos, el nivel más alto jamás registrado. El volumen de operaciones con estos instrumentos de cobertura en el sector tecnológico alcanzó en el segundo trimestre los 650 millones de dólares, un 20% más que en el trimestre precedente y un 600% más que hace un año. JPMorgan ha llegado a crear una cesta propia de CDS para los grandes grupos tecnológicos con el fin de facilitar coberturas específicas.

La cita del 26 de agosto

El mercado espera con atención la presentación de resultados del segundo trimestre fiscal, prevista para el 26 de agosto. Será la prueba de fuego para dirimir cuál de los dos relatos se impone a corto plazo: el del crecimiento operativo sin precedentes o el de los riesgos de una financiación cada vez más entrelazada con los propios clientes.

Por el momento, la acción cotiza un 2,59% por debajo de su media de 50 sesiones (178,99 euros) y un 4,80% por encima de la media de 200 días (166,37 euros). El RSI se sitúa en 47,2 —sin dirección clara— y la volatilidad anualizada a 30 días alcanza el 38,10%, un recordatorio de lo rápido que puede girar el sentimiento. El rango de negociación del último año, entre 139,78 y 202,50 euros, delimita el terreno de juego mientras los inversores esperan noticias sobre las licencias chinas y sobre la demanda de los chips Blackwell y Rubin.

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Miguel Ángel Torres Díaz

Sobre el autor

Miguel Ángel Torres Díaz

Periodista de tecnología especializado en videojuegos, realidad virtual y tendencias de consumo digital. Más de 10 años cubriendo la industria tecnológica española.

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