Hay citas trimestrales que llegan con el guion ya escrito. La de Nvidia del próximo miércoles no es una de ellas. El fabricante de chips afronta la publicación de sus resultados del segundo trimestre fiscal con una contradicción difícil de ignorar: mientras la compañía compromete decenas de miles de millones en financiar la infraestructura que consumirá sus propios procesadores, sus directivos y consejeros se deshacen de acciones por valor de cientos de millones.

La dirección había fijado para este trimestre una previsión de ingresos de 91.000 millones de dólares, más o menos un dos por ciento, con un margen bruto no-GAAP en torno al 75 por ciento. El consenso de analistas, sin embargo, se ha movido ligeramente por encima: hay quien calcula unos 92.000 millones de facturación y un beneficio por acción de 2,06 dólares, mientras otras firmas sitúan la cifra entre 2,07 y 2,09 dólares. La referencia, en cualquier caso, queda alta: cuando en mayo la compañía presentó sus previsiones, el mercado esperaba 86.840 millones, así que el listón ya se elevó entonces por encima de lo que nadie anticipaba.
Un balance que ahora también financia clientes
La transformación de Nvidia trasciende lo que mostrará en la hoja de resultados. En cuestión de semanas, la compañía ha pasado de vender chips a apuntalar con su propio balance el ecosistema que los hará funcionar. La operación más llamativa es la garantía de hasta 105.000 millones de dólares en compromisos condicionados de arrendamiento y pagos de electricidad para el campus PORTS-Pike Technology Campus en Ohio, un proyecto desarrollado junto a SB Energy, filial de SoftBank, con una capacidad de 10 gigavatios. OpenAI actuará como inquilino único durante dos décadas para operar la infraestructura de fábricas de IA DSX de Nvidia. La compañía, además, inyectará 1.500 millones de dólares directamente en SB Energy, y las primeras capacidades no estarán operativas hasta 2028.
Apenas dos semanas antes, Nvidia ya había destinado 5.000 millones de dólares a Safe Superintelligence Inc., el laboratorio fundado por Ilya Sutskever, que obtendrá acceso a la plataforma Vera Rubin para multiplicar por diez su capacidad de cómputo. Y a principios de agosto, el grupo anunció alianzas con Apollo, BlackRock, Blackstone, Brookfield, Goldman Sachs y KKR para crear plataformas de financiación independientes destinadas a movilizar más de 500.000 millones de dólares de capital de terceros para infraestructura de IA a escala global. S&P Global Ratings, por cierto, confirmó la calificación 'AA' con perspectiva estable tras estos movimientos.
El cambio de modelo es sustancial: Nvidia ya no solo fabrica los semiconductores que alimentan la inteligencia artificial, sino que participa activamente en la financiación de las plantas que los alojarán. Eso desplaza su perfil de riesgo hacia la infraestructura y la solvencia crediticia, terrenos que hasta ahora no formaban parte de su núcleo de negocio.
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China asoma de nuevo y la demanda se diversifica
Mientras tanto, el frente comercial chino muestra signos de deshielo. Según informaciones periodísticas, pequeños lotes de chips H200 están volviendo a cruzar hacia el continente, con ByteDance y Tencent como receptores de unas 10.000 unidades cada uno. El marco de licencias estadounidense permitiría hasta 75.000 unidades por cliente autorizado. No es un volumen que vaya a alterar la cuenta de resultados a corto plazo, pero sí indica que un mercado políticamente delicado recupera algo de accesibilidad.
La demanda, además, se extiende más allá de los grandes operadores de la nube. Elon Musk confirmó durante una conferencia telefónica de SpaceX que sus instalaciones de IA se equiparán exclusivamente con chips de Nvidia, al considerarlos la mejor opción disponible para cálculos de inteligencia artificial. En paralelo, la compañía mantendría conversaciones preliminares con Rebellions, diseñador surcoreano de chips de IA, ante una posible inversión o adquisición para reforzar su posición en hardware de inferencia especializada. También habría inversiones en camino hacia Cloverleaf Infrastructure para asegurarse recursos eléctricos en futuros proyectos de centros de datos. En el plano de producto, Nvidia ha presentado Nemotron 3 Super, un modelo centrado en razonamiento lógico que combina varias arquitecturas de redes neuronales para automatizar tareas complejas en agentes empresariales de IA.
El contrapunto de los insiders
La otra cara de la moneda la escriben los movimientos de los propios directivos. En los últimos 90 días, los insiders de Nvidia han ejecutado 13 transacciones y todas fueron ventas, por un total aproximado de 767,2 millones de dólares. Los más llamativos corresponden al consejero Mark A. Stevens. Las ventas de insiders no constituyen por sí solas una señal de alarma, sobre todo cuando se trata de directivos con grandes paquetes accionariales. Pero la magnitud de las operaciones y la ausencia total de compras contrastan con el discurso de confianza absoluta en la historia de crecimiento.
En el mercado, esa ambivalencia ya se refleja. La acción cerró el viernes en 183,78 euros, un 1,1 por ciento menos en la sesión, y acumula un retroceso del 5,6 por ciento en siete días. Desde el máximo de 52 semanas, los 202,50 euros alcanzados a mediados de mayo, la distancia es del 9,2 por ciento. El RSI, en 48,1, dibuja un panorama neutral: sin sobrecalentamiento, pero tampoco con un impulso claro antes de las cifras.
Dos casas de análisis han terciado en el debate. BMO Capital inició cobertura el viernes con recomendación de outperform y un precio objetivo de 340 dólares. Bank of America, por su parte, reiteró el 19 de agosto su consejo de compra con un objetivo de 350 dólares, argumentando una infravaloración evidente pese a las recientes turbulencias. El valor acumula en el año una revalorización del 15 por ciento, mejor que el S&P 500 aunque por detrás del conjunto del sector de semiconductores.
La pregunta que sobrevuela la cita del miércoles ya no es si Nvidia alcanzará los 91.000 millones de dólares. La cuestión es si el mercado está dispuesto a valorar a la compañía como algo más que un vendedor de chips: como el arquitecto financiero de una red de infraestructura y energía que todavía tiene que demostrar que sostiene el peso de sus propias garantías. Mientras tanto, la brecha entre las apuestas multimillonarias de la empresa y las ventas millonarias de sus propios consejeros seguirá alimentando la conversación.
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