La cotización de Nvidia encadena dos sesiones al alza en el mercado alemán, pero el verdadero debate no está en los números del día, sino en la creciente brecha entre quienes ven una oportunidad de compra y quienes advierten de una estructura financiera cada vez más frágil. El fabricante de chips cerró el martes en 183,66 euros, con una subida del 2,28%, y el miércoles volvió a avanzar un 2,19%, hasta los 187,68 euros. El valor se sitúa así un 4,92% por encima de su media de 50 sesiones, fijada en 178,87 euros, aunque todavía queda un 7,32% para alcanzar el máximo de 52 semanas de 202,50 euros registrado en mayo.

Un modelo de conducción autónoma que refuerza la narrativa
El último catalizador llegó el 4 de agosto con la presentación de Alpamayo 2 Super, un modelo fundacional para conducción autónoma que Nvidia ha liberado bajo la licencia abierta OpenMDW-1.1 de la Linux Foundation. Con 34.000 millones de parámetros, el sistema introduce una "cadena de causalidad" que permite a los desarrolladores rastrear el razonamiento detrás de cada decisión al volante, un intento de alejarse de las cajas negras tradicionales. En los benchmarks LingoQA, Nvidia asegura que el modelo supera a GPT-4o por 23,2 puntos y a Google Gemini 2.5 Pro por 15,1 puntos. La jugada es clara: convertir su arquitectura en el estándar global para robotaxis y flotas comerciales.
Ese mismo miércoles, Broadcom se sumó a la Open Secure AI Alliance, la iniciativa lanzada a finales de julio que ya integran Microsoft, IBM y Cisco, y que busca desarrollar herramientas de seguridad abiertas para auditar y ajustar modelos de IA. La adhesión llega en un momento en que la confianza en la seguridad de los sistemas generativos se ha convertido en un factor crítico para la adopción empresarial.
La demanda que desborda la oferta
En paralelo, el análisis de Dan Ives, de Yorkville & Ives, añade combustible alcista: la firma estima que la demanda de los chips de Nvidia supera a la oferta en una proporción de 12 a 1, lo que llevaría a considerar el reciente retroceso de la acción como una oportunidad de entrada. Un contrato plurianual firmado por Corvex con una destacada empresa de IA para suministrar sistemas Blackwell refrigerados por líquido del tipo HGX B200, junto con conectividad Quantum-2 InfiniBand, refuerza esa lectura. El acuerdo se financiará con deuda, pagos anticipados de clientes y efectivo, sin recurrir a la emisión de nuevas acciones.
El respaldo llegó también desde el frente más inesperado: Elon Musk elogió la plataforma Vera Rubin durante la conferencia de resultados de SpaceX y anunció que la compañía basará toda su futura capacidad de cómputo en tecnología de Nvidia. SpaceX aspira a superar los dos gigavatios de potencia de cálculo a finales de 2026, con planes de multiplicar esa cifra en el ejercicio siguiente.
Cuando el capital, y no los chips, se convierte en el cuello de botella
El informe publicado el miércoles por SemiAnalysis introduce, sin embargo, una variable que cambia el marco de análisis. La restricción ya no estaría en la producción de semiconductores, sino en la financiación. Los analistas hablan de una "trinidad de proyectos de IA" en la que el éxito depende de que confluyan al mismo tiempo la disponibilidad de capital, la contratación de capacidad de cómputo y la infraestructura de centros de datos. Las cifras que manejan son de otro orden de magnitud: las inversiones acumuladas en infraestructura de IA podrían alcanzar los 11,1 billones de dólares en 2029, mientras la deuda vinculada al sector crecería hasta superar los 7 billones.
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Nvidia ya actúa como garante financiero de facto: utiliza su reserva de efectivo, que asciende a 80.500 millones de dólares, para respaldar a los prestamistas y acelerar la construcción de grandes clústeres de computación. Esa función de banquero del ecosistema es precisamente lo que alimenta las críticas de los escépticos.
La financiación circular y las advertencias de los agoreros
Michael Burry, el inversor famoso por su apuesta contra la burbuja inmobiliaria, ha ampliado su posición bajista contra Nvidia y la ha extendido hasta junio de 2027, lo que sugiere que no espera un colapso inminente pero mantiene su convicción de que el comercio de IA está sobrevalorado. En el centro de sus críticas está la denominada financiación circular: Nvidia supuestamente respaldaría deuda de unos 250.000 millones de dólares para un centro de datos de OpenAI en Ohio, mientras circulan acuerdos entre SK Group y OpenAI por hasta 750.000 millones. El temor es que los actores del sector se estén financiando entre sí, creando una demanda artificial sin ingresos finales sólidos que la justifiquen.
Aswath Damodaran, el profesor de la Universidad de Nueva York conocido como el "decano de la valoración", liquidó su posición en Nvidia a finales de 2025. Sostiene que las empresas de IA necesitarían generar ingresos de entre dos y cuatro billones de dólares en todo el sector para justificar las valoraciones actuales, y describe la acción como "preciada para la perfección", sin margen de seguridad. Ray Dalio, fundador de Bridgewater, ha comparado los patrones actuales con los de 1929 y 2000, citando el aumento de las emisiones de acciones y los tipos de interés en el sector.
Los fundamentales, en el otro platillo de la balanza
Frente a esas advertencias, los resultados del primer trimestre del ejercicio fiscal 2027, presentados hace unas semanas, muestran una compañía en plena forma: ingresos de 81.600 millones de dólares, un 85% más que el año anterior, con el negocio de centros de datos aportando 75.200 millones, un crecimiento del 92% y un margen bruto ajustado del 75%. Para el trimestre en curso, la compañía ha fijado una guía de 91.000 millones de dólares, con una horquilla de más o menos el 2%.
El consenso de los 37 analistas que cubren el valor es abrumadoramente positivo: 36 recomiendan comprar. Los objetivos de precio oscilan entre 250 y 500 dólares, con Tigress Financial en 425 dólares y Evercore en 413 dólares entre los más optimistas. El precio objetivo medio se sitúa entre 297 y 309 dólares según la encuesta, claramente por encima de los niveles actuales en Estados Unidos. Además, el PER forward de Nvidia, de entre 18,9 y 22,8 veces según el cálculo, resulta inferior al del S&P 500 y al del índice de semiconductores PHLX, un argumento que los alcistas utilizan para defender que la acción no está cara en términos relativos.
La cita que puede decantar el debate está marcada en el calendario: el 26 de agosto, cuando Nvidia presente los resultados del segundo trimestre de su ejercicio fiscal 2027. Hasta entonces, el valor seguirá navegando entre dos lecturas contrapuestas: la de una demanda estructuralmente superior a la oferta, con clientes de primer nivel como SpaceX, y la de un ecosistema que se financia a sí mismo en un bucle que, para algunos, recuerda peligrosamente a los grandes excesos del pasado.
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