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Nvidia: el prestamista silencioso que sostiene el imperio de la inteligencia artificial

Hay una pregunta que ya no se hace Wall Street cuando mira a Nvidia: ¿cuántos chips venderá? La cuestión que domina ahora las conversaciones entre inversores es otra, más incómoda y, a la vez, más reveladora: ¿hasta dónde está dispuesto el gigante de Santa Clara a adentrarse en la financiación de sus propios clientes?

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La respuesta, a juzgar por los últimos movimientos, es que bastante lejos. La compañía que dirige Jensen Huang ha dejado de ser únicamente el proveedor dominante de procesadores gráficos para convertirse en una pieza clave de la arquitectura financiera que sostiene a toda la industria de la inteligencia artificial. Y esa transformación, silenciosa pero profunda, es la que explica buena parte de su imparable ascenso bursátil.

Índice de Contenidos
  1. Una garantía de dimensiones históricas
  2. Cifras que justifican la audacia
  3. La llamada presidencial y el factor político
  4. Un mercado que observa con lupa

Una garantía de dimensiones históricas

La magnitud de ese nuevo papel quedó patente a finales de agosto, cuando Reuters reveló que Nvidia ha aceptado garantizar hasta 105.000 millones de dólares del contrato de arrendamiento del centro de datos que OpenAI planea construir en Ohio. Una cifra que por sí sola supera la capitalización bursátil de numerosas compañías del índice DAX, pero que aquí actúa simplemente como aval para una única ubicación.

Ese mismo ecosistema financiero se extiende a través de acuerdos como el reportado por valor de 35.000 millones de dólares entre Lambda —compañía respaldada por Nvidia— y Anthropic, que según los medios utilizará infraestructura de Hut 8 y procesadores de la propia Nvidia. El contrato pertenece a Lambda, no al fabricante de chips, y ahí reside precisamente la sutileza: Nvidia ya no necesita ser parte firmante para beneficiarse de cada gran operación del sector.

Cifras que justifican la audacia

Los resultados operativos respaldan, al menos por ahora, semejante despliegue de riesgo. En el segundo trimestre fiscal de 2027, los ingresos del segmento de centros de datos crecieron un 117% hasta los 89.000 millones de dólares. La compañía presentó además unos ingresos totales de 96.220 millones de dólares en su segundo trimestre fiscal, un 106% más que el año anterior, superando las expectativas de los analistas.

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Para el trimestre en curso, Nvidia ha fijado una previsión de ingresos de aproximadamente 108.000 millones de dólares, con un margen de fluctuación del 2% en ambos sentidos. De cara al ejercicio fiscal 2028, la compañía proyecta un crecimiento de alrededor del 70%. Los analistas, que antes de la presentación de resultados esperaban un avance del 82,8% hasta los 104.200 millones para el tercer trimestre, han tenido que revisar sus modelos al alza.

La llamada presidencial y el factor político

En un giro que pocos hubieran imaginado hace una década, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llamó personalmente a Jensen Huang durante una reunión interna de la compañía, justo antes de pronunciarse públicamente sobre los resultados trimestrales. El detalle no es menor: cuando un mandatario vincula sus comentarios a las cifras de una sola empresa, queda claro el peso estratégico que Nvidia ha adquirido en la política tecnológica estadounidense.

Ese respaldo político puede traducirse en viento a favor en cuestiones de exportación, pero también convierte a la compañía en un objetivo preferente si el clima en Washington cambiara. La orientación de la empresa sigue sin contemplar ingresos procedentes de China en el segmento de centros de datos, un mercado cuyo eventual regreso representaría un potencial adicional, pero también un recordatorio del riesgo geopolítico ya descontado en la valoración.

Un mercado que observa con lupa

Mientras tanto, la acción continúa su escalada hacia máximos. El viernes cerró en 198,56 euros, con una subida del 1,1%, situándose apenas un 1,9% por debajo de su máximo de 52 semanas de 202,50 euros. En los últimos doce meses, la revalorización alcanza el 35%, y la distancia respecto al mínimo anual de septiembre de 2025 es ya del 42%. Con un RSI de 60,4, el valor no muestra signos técnicos de sobrecalentamiento, aunque tampoco cotiza a precios de ganga.

No todo son luces, sin embargo. Reuters informó a finales de agosto de que Nvidia ha pausado algunos acuerdos de reparto de ingresos dentro de su iniciativa de financiación para la nube de IA. La compañía insiste en que el modelo de negocio general relacionado con el acceso a la computación se mantiene y evoluciona, pero el ajuste llega en un momento paradójico: justo cuando presenta su trimestre más fuerte, la empresa modifica las condiciones con las que ayuda a los proveedores de nube a comprar sus propios chips.

La interpretación más razonable no apunta a debilidad, sino a un intento de poner orden en una red de dependencias que ha crecido de forma vertiginosa. La frontera entre fabricante de semiconductores y financiador de infraestructuras se ha difuminado hasta casi desaparecer. La cuestión para los próximos trimestres no es si Nvidia venderá suficientes procesadores —eso parece asegurado—, sino si podrá gestionar esa doble condición de proveedor y prestamista sin que el riesgo acumulado acabe pesando más que los propios ingresos.

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Javier Martínez González

Sobre el autor

Javier Martínez González

Ingeniero de software convertido en escritor tecnológico. Analiza las últimas tendencias en hardware, software empresarial y computación en la nube.

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