Nvidia: el prestamista de la IA que vuelve a coronarse en Bolsa
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Nvidia: el prestamista de la IA que vuelve a coronarse en Bolsa

La semana terminó con una paradoja difícil de ignorar. El viernes, las acciones de Nvidia rebotaron con un avance del 2,98% hasta los 174,36 euros, suficiente para que el fabricante de chips volviera a superar a Apple en capitalización bursátil y recuperara el trono de la empresa cotizada más valiosa del planeta. Sin embargo, el balance semanal sigue teñido de rojo: en los últimos siete días hábiles, el título acumula una caída del 4,21%. Esa contradicción entre el cierre festivo y la tendencia semanal resume a la perfección el momento que atraviesa la compañía: el mercado ya no sabe muy bien qué está comprando.

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Durante años, la respuesta fue sencilla. Nvidia fabricaba semiconductores y el mundo hacía cola para adquirirlos. Esa etapa, aunque no ha terminado, se ha complicado. La empresa que dirige Jensen Huang se ha convertido en el arquitecto de la infraestructura global de inteligencia artificial y, cada vez más, en su financiador. La cita clave está marcada en rojo: el 26 de agosto, cuando Nvidia presente sus resultados del segundo trimestre. Pero la gran pregunta que planea sobre esa fecha ya no es cuántos chips puede producir, sino hasta dónde está dispuesta a mancharse las manos en los balances de sus propios clientes.

Índice de Contenidos
  1. Los gigantes de la nube blindan la demanda
  2. El banquero que sostiene a sus propios clientes
  3. El pulso entre los alcistas y los prudentes

Los gigantes de la nube blindan la demanda

El respaldo más sólido para la tesis alcista llega de los hyperscalers. Microsoft, a través de su directora financiera Amy Hood, ha vuelto a elevar su presupuesto de inversión para el ejercicio fiscal 2027, citando señales de demanda contundentes. Amazon hizo lo propio y elevó su previsión de gasto para 2026 hasta los 220.000 millones de dólares, después de que su división AWS registrara un crecimiento superior al 37%. Entre Alphabet, Microsoft y Amazon, los tres mayores operadores de nube desembolsaron 140.100 millones de dólares en el último trimestre, una cifra que eclipsa los 91.000 millones que Nvidia prevé ingresar en su propio segundo trimestre.

Ese torrente de capital se traduce en una cartera de pedidos monumental. Según informaciones recogidas por la prensa especializada, Nvidia acumula confirmaciones de compra por valor de aproximadamente un billón de dólares hasta 2027. La cadena de suministro también se moviliza: TSMC invertirá 265.000 millones de dólares en su planta de Arizona, un proyecto que debería recortar plazos de entrega y costes logísticos para los diseñadores de chips norteamericanos. Las cifras del primer trimestre avalan el momento dulce: ingresos de 81.610 millones de dólares, un 85,2% más que el año anterior, con el segmento de centros de datos creciendo un 92% hasta los 75.200 millones. El beneficio por acción de 1,87 dólares superó las previsiones de 1,76 dólares.

El banquero que sostiene a sus propios clientes

La cara menos amable de esta historia tiene que ver con el dinero que Nvidia está dispuesta a poner sobre la mesa para que sus clientes puedan pagarle. La compañía estudia otorgar una garantía de 250.000 millones de dólares para los proyectos de arrendamiento de centros de datos de OpenAI. A mayores, baraja hasta 350.000 millones en financiación propia destinada a clientes que quieran comprar sus chips.

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El razonamiento interno es comprensible: usar la abultada tesorería para mantener líquida la cadena de valor. Sin ese capital, incluso compradores solventes como OpenAI no podrían levantar sus centros de datos al ritmo previsto. Nvidia, en definitiva, financia su propia demanda. Pero este modelo no está exento de riesgos, y el mercado ya ha empezado a cobrarlos. Los seguros de impago (CDS) sobre la deuda de Nvidia se han duplicado en las últimas semanas, una señal de que los inversores exigen una prima más alta por un riesgo que antes no contemplaban. El paso de proveedor de hardware a garante cuasi financiero de toda una industria no es un matiz: es un cambio estructural en la tesis de inversión.

Las críticas no se han hecho esperar. Algunos analistas califican este entramado como "financiación circular": Nvidia invierte en clientes que, a su vez, compran chips de Nvidia. Huang ha tachado esas acusaciones de absurdas, pero el escepticismo persiste. El ambiente se tensó aún más tras el desplome del fondo de cobertura Situational Awareness, gestionado por Leopold Aschenbrenner, que perdió en julio cerca de dos tercios de su patrimonio por posiciones fuertemente apalancadas en valores vinculados a la IA como SK Hynix, Nebius y Micron. Incluso el comentarista de CNBC Jim Cramer ha recomendado a los inversores reducir el apalancamiento ante el elevado endeudamiento del sector.

El pulso entre los alcistas y los prudentes

En el terreno de las valoraciones, las opiniones están más divididas que nunca. Del lado optimista, Goldman Sachs, Bank of America, JPMorgan y KeyBanc han elevado sus precios objetivos tras los últimos trimestres de "beat and raise". Los cálculos de Simply Wall St sitúan el valor razonable de la acción en 302,83 dólares, frente a los 296,81 anteriores, apoyándose en un modelo de crecimiento de ingresos revisado al alza del 41,23% y un margen neto esperado de casi el 55%. En el extremo contrario, Jefferies, UBS y Deutsche Bank piden cautela y advierten de una competencia creciente, el encarecimiento de los módulos de memoria y dudas sobre la sostenibilidad de los márgenes. Los precios objetivos oscilan entre la zona media de los 200 dólares y más de 400 dólares.

Entre los inversores institucionales también se aprecia movimiento. El banco central noruego, Norges Bank, entró en el primer trimestre con una posición millonaria, mientras que Dimensional Fund Advisors incrementó ligeramente su participación. Commerzbank, por el contrario, recortó su exposición en algo más de un 10%. Movimientos que reflejan una recalibración de riesgos y oportunidades, más que un abandono de la acción.

En el plano técnico, la cotización se encuentra en plena consolidación. A los 174,36 euros actuales, el título queda un 13,90% por debajo de su máximo de 52 semanas, los 202,50 euros alcanzados a mediados de mayo. El RSI se sitúa en un neutral 47,2, sin señales de sobrecompra ni sobreventa. El precio objetivo medio de los analistas, 262,49 euros, implica un potencial alcista del 50,5% y sugiere que la narrativa de crecimiento sigue gozando de credibilidad.

La arquitectura Blackwell, según la compañía, está agotada y cuenta con una cartera de pedidos de hasta doce meses, mientras que la próxima generación, Vera Rubin, se prepara para su producción en serie. Serán precisamente los avances en esta última tecnología, junto con las cifras del segundo trimestre, los que marquen el rumbo a partir del 26 de agosto. Para entonces, el mercado deberá haber decidido si Nvidia sigue siendo una historia de crecimiento puro o si, como sugieren los CDS duplicados, ha pasado a ser también una historia de riesgo crediticio. La respuesta no es teórica: está escrita en los balances de sus propios clientes.

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Laura Fernández Silva

Sobre el autor

Laura Fernández Silva

Analista tecnológica enfocada en innovación digital, comercio electrónico y aplicaciones móviles. Colaboradora habitual en medios especializados del sector tech.

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