El viernes cerró con un respiro para los accionistas de Nvidia: la cotización terminó en 174,36 euros, un avance del 2,98% que marcó la segunda jornada consecutiva de recuperación tras semanas de presión vendedora. Sin embargo, el alivio fue parcial. En el conjunto de la semana, el título acumula todavía un descenso del 4,21%, y se mantiene casi un 14% por debajo del máximo histórico de 202,50 euros alcanzado en mayo.

La cifra resume a la perfección la esquizofrenia que domina al fabricante de chips más valioso del planeta. Por un lado, una demanda que desborda cualquier capacidad de oferta y unas carteras de pedidos prácticamente agotadas para 2025 y 2026. Por otro, una maraña de interrogantes que van desde la financiación circular hasta las acusaciones de que sus procesadores más avanzados están llegando a China por vías no autorizadas.
El dilema del prestamista
La transformación de Nvidia en financiador de su propio ecosistema se ha convertido en el principal foco de controversia. Según informaciones recientes, la compañía estaría dispuesta a asumir una cobertura crediticia de gran magnitud para respaldar el arrendamiento de un centro de datos que OpenAI planea en Ohio. El movimiento consolida un giro estratégico: de simple proveedor de hardware a socio financiero de sus clientes.
Para Jensen Huang, consejero delegado, la lógica resulta impecable. Si Nvidia financia la demanda de sus compradores, garantiza al mismo tiempo la venta de sus arquitecturas Blackwell y Rubin durante los próximos años. El razonamiento, sin embargo, tiene una cara oscura que los críticos no dudan en señalar: se trata de un circuito cerrado en el que Nvidia invierte en empresas como CoreWeave, que a su vez compran chips de Nvidia.
El inversor Michael Burry ha elevado el tono al advertir que los seguros de impago a cinco años de la compañía han subido de forma "parabólica" y que el carrusel de financiaciones ha alcanzado proporciones "bíblicas". Incluso el Banco de Pagos Internacionales (BPI) ha lanzado un aviso: este tipo de gasto impulsado por IA, apalancado y con valoraciones opacas, podría terminar pesando sobre la estabilidad financiera global.
Dos frentes abiertos en China
Mientras tanto, las acusaciones sobre exportaciones prohibidas no dan tregua. Bloomberg ha revelado que Moonshot, la empresa china de inteligencia artificial, habría obtenido acceso a procesadores Blackwell de la serie GB300 a través de Tailandia para entrenar su modelo Kimi-K3. La venta de estos chips a compañías chinas está completamente vetada por Washington, que solo autoriza la exportación del H200, el buque insignia de la generación Hopper.
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El caso se complica con un segundo frente. El director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca, Michael Kratsios, ha acusado a Moonshot de apropiarse de tecnología del modelo Fable de Anthropic. Sobre la supuesta ruta tailandesa, una fuente cercana al negocio de Moonshot confirmó a Bloomberg que el acceso a los procesadores Blackwell existe, aunque sin precisar si se trata de un alquiler legal de capacidad en la nube o de compras directas no autorizadas.
En paralelo, Alibaba ha negado con rotundidad haber suministrado chips H200 a Moonshot para sus modelos Kimi, calificando la información de "completamente infundada". La compañía, eso sí, no desmintió la existencia del acuerdo que implicaría a unos 20.000 procesadores.
El contrapeso de los gigantes tecnológicos
Frente a estas sombras, los grandes clientes de Nvidia redoblan su apuesta. Amazon ha elevado su previsión de inversión para 2026 hasta aproximadamente 220.000 millones de dólares, y su responsable en la nube, Andy Jassy, ha reiterado que AWS seguirá siendo "el mejor lugar para operar los chips de Nvidia" pese a desarrollar sus propios procesadores personalizados. Microsoft también ha ampliado sus presupuestos para hacer frente al encarecimiento del almacenamiento.
Cathie Wood, al frente de ARK Invest, ha aprovechado la debilidad bursátil para incrementar su participación en el fabricante. En el lado contrario, Morningstar mantiene una valoración justa de 280 dólares por acción, argumentando que el ecosistema de software CUDA y los productos de red generan unos costes de cambio que ningún competidor ha logrado superar.
La cita del 26 de agosto
Con un RSI de 47,2, la acción se encuentra en territorio neutral, sin señales claras de sobrecompra ni sobreventa. La volatilidad anualizada del 30,10% refleja la tensión latente. El soporte clave se sitúa en la media de 200 sesiones, en los 166,37 euros, mientras que la resistencia inmediata aparece en la media de 50 días, en los 178,99 euros.
Todo apunta a que el próximo catalizador llegará el miércoles 26 de agosto, cuando Nvidia presente los resultados del segundo trimestre del ejercicio fiscal 2027, cerrado el 26 de julio. Hasta entonces, el debate sobre quién accede realmente a los chips más potentes de Estados Unidos y quién paga la factura de esa ambición seguirá marcando el pulso de una acción que ya no cotiza solo por su silicio, sino también por las promesas que lo rodean.
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