La cotización de Nvidia acumula un descenso cercano al 17% desde los máximos de mayo, pero el origen de esa debilidad no responde a un único factor. Entre la política comercial de Washington hacia China y los interrogantes sobre cómo financia el ecosistema de la inteligencia artificial, el mercado busca señales que confirmen si se trata de una corrección pasajera o del preludio de algo más serio.

La puerta china: entreabierta y con peaje
La Oficina de Industria y Seguridad (BIS) del Departamento de Comercio estadounidense ha modificado su criterio sobre las licencias de exportación de chips a China. Las solicitudes para el procesador H200 ya no se rechazan de forma sistemática; ahora se examinan caso por caso, al amparo del anuncio realizado por el presidente Trump en diciembre de 2025 que permitía el acceso al chip a determinados clientes chinos seleccionados.
La realidad, sin embargo, dista de ser un mercado abierto. La licencia concedida hasta ahora contempla volúmenes reducidos para destinatarios concretos, y Nvidia aún no ha registrado un solo euro de ingresos por esta vía. Las trabas se acumulan: un arancel del 25% a la importación en Estados Unidos, la cesión de un tercio del margen como contraprestación, pruebas independientes con coste adicional y un límite que impide que los envíos a China superen la mitad de lo que se entrega a clientes estadounidenses.
La experiencia con el chip anterior, el H20, invita a la prudencia. Pese a que las licencias se concedieron en agosto de 2025, apenas generó unos 60 millones de dólares en ventas, una cifra muy alejada de las expectativas iniciales. Que exista permiso no garantiza que el negocio despegue.
El otro frente: la financiación circular
Mientras tanto, otro debate ha cobrado protagonismo en las últimas semanas. Nvidia habría mantenido conversaciones para respaldar una financiación de 250.000 millones de dólares destinada a OpenAI, fondos que se utilizarían para costear capacidad de cómputo en un proyecto de centro de datos en Estados Unidos. Esta posible garantía, una de las mayores que el fabricante de chips habría asumido jamás, reaviva el temor a la llamada financiación circular: que el proveedor se convierta simultáneamente en inversor de su propio cliente.
Apenas unos días antes, Nvidia había anunciado una alianza estratégica con SK Group valorada en más de 500.000 millones de dólares. El mercado reaccionó con rapidez: el 27 de julio, la acción se dejó más de un 5%, su peor jornada desde febrero de 2026, perforando varias medias móviles y tocando un mínimo cercano a los 195 dólares.
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La preocupación no es baladí. Si la demanda de inteligencia artificial no cumple las expectativas, el riesgo de pérdidas se propagaría a lo largo de toda la cadena de suministro. Pero conviene precisar: se trata de un debate sobre valoración y estructura financiera, no sobre la solidez de la demanda de chips.
Los números de fondo no han cambiado
Al margen de los titulares, la actividad operativa mantiene un pulso notable. En el primer trimestre fiscal de 2027, los ingresos del segmento de centros de datos crecieron un 92% y el beneficio neto se disparó un 211%. Para el trimestre en curso, la compañía proyecta unas ventas de 91.000 millones de dólares (más o menos un 2%), una cifra que no incorpora ni un solo dólar procedente del negocio chino de chips para centros de datos. Cualquier avance en ese frente llegaría como un extra no descontado.
En el ejercicio 2026, los ingresos totales alcanzaron los 215.900 millones de dólares frente a los 130.500 millones del año anterior, y el beneficio neto se situó en 120.100 millones, ambos con un avance del 65% interanual. El margen bruto se mantiene sólido y el flujo de caja libre sigue financiando tanto la reinversión como la retribución al accionista.
Los grandes clientes hiperscalares continúan elevando sus presupuestos de inversión en infraestructura de IA. Alphabet, Microsoft, Amazon y Meta han revisado al alza sus planes de gasto, un indicador que tradicionalmente favorece la cartera de pedidos de Nvidia, aunque el mercado haya preferido interpretarlo últimamente como un síntoma de gasto insostenible.
Lectura técnica y valoración
En el plano técnico, la situación invita a la cautela sin llegar a ser alarmante. El RSI se sitúa en 41,6 y la acción cotiza alrededor de un 5,5% por debajo de su media de 50 días. El dato más relevante: la distancia respecto a la media de 200 días, ese indicador del tendencia de largo plazo, es de apenas un 1,24% al alza. El soporte clave se encuentra en 166,33 euros, justo donde discurre esa media.
La valoración ofrece argumentos a los optimistas. El PER estimado ronda las 22 veces beneficios, por debajo de las 25 veces que promedia el Nasdaq-100. El precio objetivo medio de los analistas se sitúa en 262,76 euros, lo que implicaría un recorrido al alza cercano al 56% desde los niveles actuales. Desde enero, el título acumula una revalorización del 5,05%, y del 7,39% en los últimos doce meses.
Con un beta de 2,2, el comportamiento de Nvidia amplifica cualquier vaivén del mercado. Si el apetito por las tesis de IA se resfría, el castigo sería proporcionalmente mayor. La cita clave llegará a mediados de agosto con la publicación de resultados trimestrales, que confirmarán si el motor de centros de datos mantiene su velocidad de crucero y si el expediente chino ofrece alguna señal tangible. Por ahora, la corrección parece reflejar más una digestión de valoración y un ajuste de expectativas que el principio de un deterioro estructural.
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