Nvidia: el espejismo chino y la sombra de la financiación circular
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Nvidia: el espejismo chino y la sombra de la financiación circular

La cotización de Nvidia intenta encontrar un equilibrio después de semanas de vaivenes. El valor se mueve alrededor de los 170 euros por acción, con ligeras subidas en las últimas sesiones, pero el mercado sigue sin tener claro hacia dónde sopla el viento. Los inversores se debaten entre dos frentes que condicionan el futuro inmediato del fabricante de chips: la apertura a cuentagotas del mercado chino y las crecientes sospechas sobre la solidez de la demanda que alimenta su crecimiento.

Imagen tecnológica

Índice de Contenidos
  1. Una puerta entreabierta en Pekín
  2. El verdadero quebradero de cabeza: el dinero que se presta a sí mismo
  3. La gran cita: los presupuestos de los gigantes de la nube
  4. Lectura técnica: tocado, pero no hundido
  5. Lo que viene

Una puerta entreabierta en Pekín

El camino regulatorio para que el chip H200 de Nvidia llegue a China está lejos de ser una autopista. La Oficina de Industria y Seguridad (BIS) del Departamento de Comercio estadounidense examina ahora las licencias de exportación caso por caso, después de que el presidente Trump diera luz verde en diciembre de 2025 a los envíos hacia clientes chinos autorizados. Sin embargo, la realidad sobre el terreno dista mucho de lo que prometía aquella decisión política.

Un funcionario estadounidense que supervisa los controles de exportación ha calificado el volumen de chips H200 efectivamente entregados como "trivial". Apenas un puñado de unidades ha cruzado el Pacífico desde que se concedieron los permisos. Y no es solo Washington quien pone trabas: Pekín también restringe las compras de sus propias empresas tecnológicas, aprobando menos de la mitad de las cantidades solicitadas. El cuello de botella tiene dos tapones, uno a cada lado del océano.

Las cifras dibujan un panorama desalentador para quienes esperaban una reapertura rápida. Las tecnológicas chinas han encargado más de dos millones de unidades del H200 para 2026, mientras que el inventario total de Nvidia ronda las 700.000 unidades. La brecha evidencia que la demanda existe sobre el papel, pero ni Washington la deja fluir ni Pekín parece tener prisa por recibirla. El propio responsable comercial Jeffrey Kessler admitió ante el Congreso que, pese a las licencias aprobadas por valor de 10.000 millones de dólares, los envíos reales siguen siendo testimoniales.

Mientras tanto, el reloj de la competencia corre en la capital china. El Ascend 950PR de Huawei, el chip de inteligencia artificial más avanzado del país, lleva casi cuatro meses en producción en serie, con envíos comerciales desde marzo. Para los inversores, la conclusión es clara: China debe tratarse como una opción de compra, no como un pilar de la tesis de inversión. Cualquier volumen adicional será un regalo, pero nadie debería contar con una vuelta rápida al entorno del 13% de ingresos que la región aportaba antes de las restricciones.

El verdadero quebradero de cabeza: el dinero que se presta a sí mismo

Pero la presión más fuerte sobre el valor no llega desde Asia ni desde la competencia. El mercado está obsesionado con un concepto incómodo: la financiación circular. Según informaciones publicadas, Nvidia negocia una garantía por valor de 250.000 millones de dólares que permitiría a OpenAI alquilar capacidad de cómputo para un proyecto de centro de datos en Estados Unidos.

El esquema resulta inquietante: un proveedor que financia, en esencia, su propia demanda. Cuando esta posibilidad saltó a los titulares, la acción llegó a desplomarse casi un 5% en una sola sesión, arrastrando a todo el sector de semiconductores. Apple aprovechó el envite para superar a Nvidia y convertirse en la empresa más valiosa del mundo que cotiza en bolsa.

Conviene matizar: esto no significa que el despliegue de la inteligencia artificial sea una ficción. Lo que sugiere es que las carteras de pedidos anunciadas merecen un escrutinio mucho más riguroso del que el mercado les ha dedicado hasta ahora. De hecho, esta es probablemente la razón principal de que el valor se quede rezagado frente a sus comparables en lo que va de año, a pesar de que la ventaja tecnológica de Nvidia permanece intacta.

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La gran cita: los presupuestos de los gigantes de la nube

El verdadero termómetro para los próximos meses no está en Pekín ni en Washington, sino en los balances de los grandes operadores de infraestructura cloud. Microsoft, Meta, Amazon y Alphabet acumulan inversiones por cientos de miles de millones en centros de datos dedicados a inteligencia artificial. La pregunta que atormenta a los inversores es si ese ritmo de gasto se mantendrá o empezará a enfriarse.

Los primeros síntomas de nerviosismo ya se han dejado ver. Las acciones de Alphabet sufrieron un correctivo después de que el grupo elevara sus previsiones de inversión, un anticipo de lo sensible que está el mercado ante cualquier señal de aumento del gasto. Si alguna de las grandes tecnológicas ofrece unas perspectivas débiles en sus próximos resultados, la desconfianza hacia los esquemas de financiación circular se avivará aún más. Si, por el contrario, confirman sus planes, el valor tendría argumentos para retomar la senda alcista.

A diferencia de las empresas de software, que todavía tienen que monetizar sus inversiones en inteligencia artificial, Nvidia percibe la demanda de sus GPU y componentes de red de forma inmediata. Si ese ritmo de gasto se mantiene, podría compensar con creces la contribución, hasta ahora marginal, de China. El retroceso reciente ha dejado la valoración en niveles que algunos analistas consideran atractivos, siempre que el crecimiento se demuestre sostenible.

Lectura técnica: tocado, pero no hundido

Los indicadores técnicos ofrecen una imagen ambigua. El RSI se sitúa en torno a los 42 puntos, apuntando hacia territorio de sobreventa sin llegar a extremos. La volatilidad anualizada ronda el 37%, un reflejo de lo nervioso que está el mercado. Pero hay un dato que invita a la calma: el valor cotiza todavía por encima de su media móvil de 200 días, situada alrededor de los 166 euros, un nivel que ha actuado como soporte en repetidas ocasiones este año.

El colchón del 21% sobre el mínimo de 52 semanas, fijado en 139,78 euros, habla en contra de un escenario de colapso del ciclo inversor en inteligencia artificial. Parece más bien una recalibración de los riesgos a corto plazo. El precio actual se encuentra aproximadamente un 15% por debajo del máximo anual de 202,50 euros, un retroceso que refleja hasta qué punto el mercado ya ha descontado la incertidumbre china sin que haya un desenlace claro.

El consenso de los analistas mantiene un precio objetivo medio de unos 263 euros, lo que implica un potencial alcista superior al 53% desde los niveles actuales. Wall Street sigue creyendo en la historia de demanda plurianual, aunque ese optimismo deberá ganarse de nuevo con una generación de ingresos más limpia y transparente. Por el lado negativo, si el valor pierde la media de 200 días, el siguiente soporte relevante estaría en la zona de los 166 euros, con el mínimo anual como última red de seguridad.

Lo que viene

La cita clave está marcada en el calendario: Nvidia presentará los resultados del segundo trimestre de su ejercicio fiscal 2027 a finales de agosto de 2026. Esas cifras ofrecerán la respuesta más clara hasta la fecha sobre si la demanda de infraestructura de inteligencia artificial —y un posible empuje desde China— se traduce efectivamente en una aceleración de los ingresos.

Antes, los próximos quince días serán decisivos. Las cuentas de los grandes operadores de nube dictarán sentencia sobre la sostenibilidad del gasto en IA. Si los hyperscalers confirman su apetito inversor y los envíos a China superan las cantidades simbólicas actuales, el camino de vuelta hacia las medias de 50 y 100 días, y eventualmente hacia el máximo anual, queda despejado. Si, por el contrario, llegan señales de moderación en el gasto o Pekín sigue frenando los volúmenes, el valor podría poner a prueba el soporte de los 166 euros. La carga de la prueba recae ahora sobre Nvidia: debe demostrar que su demanda es real, transparente y, sobre todo, no circular.

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Carmen Ruiz López

Sobre el autor

Carmen Ruiz López

Periodista especializada en tecnología y transformación digital con más de 8 años de experiencia. Experta en inteligencia artificial, ciberseguridad y startups tecnológicas.

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