La acción de Nvidia cotiza en 210,80 euros y se sitúa a un suspiro de su máximo de 52 semanas, después de una jornada en la que el valor avanzó un 1,4%. La referencia que persiguen los inversores no es otra que los 212,50 euros, el techo alcanzado en las últimas doce semanas. La distancia es mínima, pero el debate que rodea al fabricante de chips es todo menos superficial.

El detonante más reciente llegó desde Asia. Hon Hai Precision Industry, el socio manufacturero taiwanés conocido como Foxconn, elevó su facturación del trimestre de septiembre un 47% interanual hasta los 3,03 billones de dólares taiwaneses (NT$), por encima de lo que esperaba el consenso de analistas. La cifra, adelantada por Bloomberg, confirma que los grandes clientes mantienen intactos sus pedidos de infraestructura para inteligencia artificial y despeja, al menos por ahora, las dudas sobre la sostenibilidad del despliegue global de centros de datos.
Recompras y confianza del consejo
A ese respaldo operativo se suma una señal de carácter financiero difícil de ignorar. El consejo de administración de la compañía aprobó el 28 de septiembre una ampliación de su programa de recompra de acciones por 150.000 millones de dólares, lo que eleva el volumen total aún disponible a 235.000 millones. La intención del grupo es destinar esos fondos a la adquisición de títulos propios hasta el ejercicio 2028, un horizonte que traslada al mercado una idea sencilla: la dirección confía en su capacidad de generar caja durante los próximos años.
Ese respaldo se tradujo también en el parqué estadounidense, donde el fabricante de chips se erigió en el principal motor del S&P 500 con un avance del 2,1%, según recogió AP. En Europa, el valor sumó un 2,4% hasta los 212,80 euros, impulsado por la confianza que sigue reinando en el sector de la inteligencia artificial y por el tono positivo del conjunto del mercado.
El flanco asiático se abre
No todo son vientos de cola. El 30 de septiembre, DeepSeek y Huawei pusieron a disposición del público herramientas de programación de código abierto para los procesadores Ascend de la compañía china. El paquete incluye bibliotecas de cómputo y de comunicación, y su objetivo declarado es reducir de forma gradual la dependencia tecnológica de los desarrolladores chinos respecto al ecosistema de software y hardware de Nvidia.
A ese frente competitivo se añade el escrutinio regulatorio que pesa sobre las tecnologías avanzadas. El acuerdo en vigor contempla mecanismos de control interno, auditorías independientes y estructuras de supervisión a cargo del consejo de administración.
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Del entrenamiento a la inferencia
En el centro de la valoración estratégica late una transición tecnológica de calado: determinar si el ritmo inversor de los hiperescaladores se mantiene cuando el foco pasa del entrenamiento puro de grandes modelos de lenguaje a la operación continua y a los agentes autónomos de IA. La inferencia exige arquitecturas de cómputo distintas y una integración más profunda entre hardware y software, y ese es precisamente el terreno donde Nvidia intenta ampliar su ecosistema más allá del silicio.
La compañía presentó la Open Agent Safety Platform, que combina el software de ejecución OpenShell con el diseño de referencia Sentry para vigilar y proteger agentes de IA a lo largo de toda la pila tecnológica. En paralelo, profundizó su colaboración de desarrollo con el proveedor de nube CoreWeave, con el fin de enlazar sin fricciones el entrenamiento y el despliegue productivo de agentes autónomos.
Los partidarios de un recorrido alcista adicional se apoyan en esa arquitectura de plataforma completa, que a su juicio se convierte en ventaja competitiva frente a los desarrolladores de chips puros cuando las aplicaciones de inferencia se complican. Si Nvidia logra dominar el tránsito hacia el universo del software basado en agentes, los márgenes deberían mantenerse en cotas elevadas: la combinación de software de alto margen, diseños de servidor a medida y una arquitectura de chip líder sostiene su poder de fijación de precios ante operadores de nube con gran capacidad financiera.
Lo que puede torcer el guion
El reverso de la moneda lo componen riesgos de peso. En los niveles actuales de cotización, el mercado no perdona un tropiezo operativo. Si los hiperescaladores constatan que la monetización de las nuevas soluciones de software se retrasa, podría producirse una pausa repentina en el gasto que golpearía con fuerza a los proveedores. A ello se suman incertidumbres específicas en la cadena de producto: según informaciones de medios, algunos observadores del sector especularon con posibles demoras en próximas generaciones, hasta el punto de que se barajó que las tarjetas gráficas RTX 60 podrían llegar en 2028. La empresa no comenta productos no anunciados ni rumores, pero la inquietud del mercado revela hasta qué punto los inversores reaccionan con sensibilidad a cualquier alargamiento de los ciclos de producto. Cada retraso en futuras arquitecturas abriría espacio para que los competidores recorten distancia.
Dos escenarios sobre la mesa
De cara a la tendencia de medio plazo se dibujan dos caminos bien diferenciados. Mientras los datos de facturación de los grandes fabricantes por encargo muestren crecimientos de dos dígitos y los grandes clientes de nube mantengan sus planes de inversión en centros de datos, la tendencia fundamental de la acción seguirá en pie. Si, por el contrario, se resquebraja la disposición de los gigantes tecnológicos a destinar miles de millones adicionales a nueva capacidad, cabe esperar una corrección apreciable de unos múltiplos de valoración ambiciosos.
El próximo catalizador concreto para los operadores llegará con las cuentas trimestrales de los principales gestores de infraestructura en la nube. Sus presupuestos reales de inversión para el último tramo del año determinarán si la demanda de soluciones de plataforma sigue sosteniendo el nivel de valoración que el valor exhibe hoy.
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