La semana pasada, el mercado castigó a Nvidia con una caída del 2,5% en una sola jornada, borrando de golpe unos 130.000 millones de dólares de capitalización. El detonante: la noticia de que el fabricante de chips planeaba desembolsar 2.000 millones de dólares en Lancium y otros 1.000 millones adicionales para el desarrollo eléctrico del campus texano de IA vinculado a OpenAI y Oracle. Una reacción nerviosa, sí, pero que duró poco. El mercado, en realidad, estaba leyendo con lupa algo más profundo: ¿quién carga realmente con el riesgo de la infraestructura de inteligencia artificial?

La respuesta llegó apenas unos días después, cuando un consorcio formado por Apollo, BlackRock, Blackstone, Brookfield, Goldman Sachs y KKR anunció la movilización de más de 500.000 millones de dólares para financiar plataformas de IA. Nvidia participa como coinversor, pero el grueso del capital lo aportan terceros. Es decir, el chipmaker actúa como arquitecto de un ecosistema financiero, no como el bolsillo que paga la factura.
Un ecosistema donde el capital ajeno trabaja para Nvidia
Jensen Huang, consejero delegado de la compañía, reveló a Bloomberg que contactó personalmente con esas seis firmas y que ninguna rechazó la invitación. El detalle no es menor: las mayores gestoras de capital del mundo están dispuestas a atarse al carro de Nvidia, lo que sugiere una confianza estructural en la demanda de cómputo, más allá de quién firme el cheque.
Hay quien ve en este entramado una suerte de financiación circular: Nvidia prestaría capital a sus propios clientes para que estos, a su vez, compren sus chips. La crítica tiene fundamento, pero conviene matizarla. El riesgo de balance recae en las entidades financieras, no en el fabricante. La compañía se beneficia de la demanda generada sin asumir el peso íntegro de la infraestructura.
Las cifras respaldan esta lectura. La inversión prevista en Lancium y en el proyecto texano —3.000 millones en total— palidece frente al macro-paquete de medio billón de dólares. Son apuestas puntuales, calculadas, que no comprometen la solvencia del grupo.
SpaceX, el contrapunto que el mercado aplaude
Si la noticia de Texas provocó un respingo, los acuerdos con SpaceX han tenido el efecto contrario. Elon Musk confirmó que la compañía aeroespacial usará en exclusiva la futura plataforma Vera Rubin de Nvidia. La acción reaccionó con una subida del 3,5%. No es la primera vez: a principios de agosto, un anuncio similar ya había impulsado el título un 2,2%.
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La diferencia entre ambas reacciones es reveladora. El mercado distingue con claridad entre "Nvidia gana dinero con la demanda" —algo que premia— y "Nvidia asume riesgo financiero" —algo que castiga, aunque sea temporalmente. Los inversores entienden el modelo: la compañía es, ante todo, proveedora y beneficiaria del crecimiento ajeno, con inversiones selectivas y de tamaño contenido.
A esto se suma la participación de 5.000 millones de dólares en Safe Superintelligence Inc., el proyecto de Ilya Sutskever, anunciada el 27 de julio. La operación, que incluye acceso a Vera Rubin, encaja en la misma estrategia: canalizar capital hacia donde pueda generarse nueva demanda de hardware propio.
Consolidación, no euforia
El precio de la acción refleja esta calma tensa. Al cierre de la última sesión, el título cotizaba a 190,68 euros, un 1,22% más que el día anterior. El 52 semanas se sitúa en 202,50 euros, un 5,84% por encima del nivel actual, mientras que la media móvil de 200 días —167,61 euros— queda un 13,76% por debajo. En el acumulado del año, la revalorización alcanza el 17,57%, y el 20,10% en doce meses.
Días atrás, el valor cerró en 188,44 euros, prácticamente sin cambios, con un retroceso semanal del 0,71% pero un avance mensual del 5,37%. Son cifras de consolidación tras un periodo alcista, no de desconfianza. El mercado ha digerido los titulares sobre financiación sin entrar en pánico.
La cita del 26 de agosto
Queda, eso sí, la prueba de fuego. El próximo 26 de agosto, Nvidia presentará los resultados del segundo trimestre fiscal de 2027, periodo que concluyó a finales de julio. La compañía ya adelantó en mayo una previsión de ingresos de unos 91.000 millones de dólares, con un margen de variación del 2%. Esa guía, aunque ya desactualizada, sigue siendo el baremo con el que se medirá la gestión.
Servicios automatizados como Zacks Investment Research mantienen el valor en su lista de crecimiento preferente. Un detalle menor, pero que apunta a que el consenso no ha cambiado de opinión.
La gran incógnita no es si Nvidia puede financiar su expansión —ya ha demostrado que no necesita hacerlo en solitario—, sino si la demanda de cómputo seguirá creciendo al ritmo que exigen las valoraciones actuales. Mientras tanto, el fabricante juega sus cartas con precisión: capital ajeno para crecer, inversiones quirúrgicas para sembrar demanda futura y una cartera de alianzas que incluye a los mayores fondos del planeta y a los nombres más brillantes de la investigación en IA. El riesgo de circularidad existe, pero hoy por hoy, el mercado parece dispuesto a convivir con él.
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