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Nvidia: de la alianza energética con Google a la apertura del H200, el doble eje que sostiene el relato

Que el mayor fabricante de chips del mundo convoque una rueda de prensa junto a una tecnológica y una firma de gestión energética dice mucho de hacia dónde sopla el viento. Nvidia presentó esta semana, de la mano de Emerald AI y Google, la AI Energy Management Alliance, una iniciativa con la que pretende que los centros de datos operen con mayor flexibilidad y ajusten su enorme consumo eléctrico al ritmo que marcan las redes. El gesto traslada una idea incómoda para el sector: la carrera de la inteligencia artificial ya no se dirime únicamente dentro del silicio.

Imagen tecnológica

Jensen Huang lo dejó claro hace unas semanas en una conferencia organizada por Goldman Sachs. El directivo situó el gasto mundial en infraestructura de IA en hasta cuatro billones de dólares al cierre de la década, pero acto seguido enumeró los frenos que amenazan esa proyección: las restricciones en las cadenas de suministro, la escasez de suelo disponible y, sobre todo, el suministro eléctrico. La carga de cómputo de las últimas generaciones de aceleradores pasa factura, y la pregunta que empieza a circular entre los inversores ya no es cuánta potencia ofrece un chip, sino si las utilities serán capaces de entregar los megavatios suficientes para mantener en marcha los clústeres de nueva hornada.

Índice de Contenidos
  1. Innovación récord en un terreno lleno de obstáculos
  2. Huang rechaza frenar el ritmo y Washington responde
  3. Cifras que sostienen la cotización

Innovación récord en un terreno lleno de obstáculos

La maquinaria interna no se detiene. En su estreno en el benchmark MLPerf Inference v6.1, el sistema Vera Rubin NVL72 firmó cifras de referencia sobresalientes, una arquitectura que, según la compañía, abre la puerta a agentes de IA avanzados. En paralelo, Nvidia amplió su plataforma CUDA-Q con una capa orientada a aplicaciones de computación cuántica tolerante a fallos, bautizada como CUDA-Q Logical.

El problema aparece cuando la mejor arquitectura del mercado no puede conectarse a la red porque faltan transformadores o porque la tramitación de nuevas líneas eléctricas se eterniza durante años. Ese desfase altera el perfil de riesgo del valor: el cuello de botella ya no está en la demanda de algoritmos, sino en la infraestructura que los sostiene. ¿Cuánta capacidad de cómputo logra monetizarse cuando las centrales se convierten en el factor limitante?

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Huang rechaza frenar el ritmo y Washington responde

En el plano regulatorio, el consejero delegado mantiene una posición inequívoca. En una entrevista concedida a CBS rechazó las advertencias sobre riesgos existenciales por considerarlas poco científicas y llegó a cifrar en un cero por ciento la probabilidad de que la inteligencia artificial destruya el mundo antes de 2030. Frente a las voces de OpenAI y Anthropic, que han reclamado límites vinculantes y una desaceleración controlada del desarrollo de modelos, Huang defiende que el derecho de responsabilidad vigente basta y que los peligros potenciales se dominan con ingeniería precisa. Su apuesta pasa por imprimir la máxima velocidad posible.

Ese discurso encuentra eco en la Casa Blanca. La apertura de las ventas del chip H200 a China llega acompañada de una tasa del 25 por ciento sobre esas operaciones, mientras la administración estadounidense anunciaba una iniciativa para impulsar la tecnología y descartaba poner freno artificial al crecimiento del sector. La medida devuelve aire a Nvidia en el segundo mercado más grande del planeta, donde los controles a la exportación habían recortado su negocio y habían permitido a los competidores locales ganar cuota. Ahora la compañía podrá atender de forma más directa la demanda de los proveedores de nube chinos.

Cifras que sostienen la cotización

Huang se muestra confiado respecto al apetito global por capacidad de cálculo y se ha fijado un objetivo ambicioso: duplicar el próximo año el número de chips vendidos frente al ejercicio en curso. El motor sigue siendo el desembolso masivo de los grandes proveedores de nube en nuevos centros de datos.

Los mercados responden con resistencia. Tras una subida del 5,8 por ciento en siete jornadas, el título cerró el viernes en 193,10 euros, con un avance del 1,1 por ciento en la última sesión y a un 4,6 por ciento de su máximo de 52 semanas. Quien quiera entender a Nvidia a partir de ahora tendrá que mirar más allá de los procesadores gráficos despachados: las redes eléctricas y los canales diplomáticos pesan tanto como la propia innovación.

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Miguel Ángel Torres Díaz

Sobre el autor

Miguel Ángel Torres Díaz

Periodista de tecnología especializado en videojuegos, realidad virtual y tendencias de consumo digital. Más de 10 años cubriendo la industria tecnológica española.

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