Estimados lectores,

La semana pasada analizábamos cómo Meta repartía 81.000 millones de dólares entre CoreWeave y AMD para no depender de un solo proveedor de chips. Nos preguntábamos si ese gasto descomunal era inversión o exceso. Siete días después, la respuesta se ha bifurcado: para quienes fabrican el hierro de la inteligencia artificial, cada dólar invertido parece poco; para quienes venden software por suscripción, la amenaza ya no es teórica. Los agentes autónomos de IA han dejado de ser una promesa de laboratorio y se han convertido en el factor que discrimina ganadores de perdedores dentro del propio sector tecnológico.
Todo ello enmarcado en una semana de alivio geopolítico parcial —una tregua entre Estados Unidos e Irán que hundió el petróleo más de un 13% el miércoles— y de inquietud estructural, porque el Estrecho de Ormuz sigue siendo un cuello de botella físico que ningún acuerdo diplomático ha resuelto todavía.
La tregua que movió el tablero… a medias
A principios de semana, los mercados contenían la respiración ante el ultimátum de Donald Trump a Irán. El miércoles, el anuncio de un alto el fuego de dos semanas actuó como válvula de escape inmediata: el barril WTI se hundió hasta los 95 dólares —aún muy por encima de los 67 dólares previos al conflicto—, el IBEX 35 saltó un 3,8%, el DAX superó temporalmente los 24.000 puntos y el Dow Jones registró su mejor sesión en un año.
La euforia, sin embargo, choca con la realidad logística. Al cierre de esta semana, 187 petroleros permanecen atascados en el Golfo, con reportes de peajes de 2 millones de dólares por buque para cruzar Ormuz, un paso por el que transita el 20% del suministro mundial de crudo. Las escaramuzas entre Israel y Líbano no han cesado, y las conversaciones de paz previstas para este fin de semana en Islamabad determinarán si el lunes amanecemos con un barril en 85 dólares o de vuelta por encima de 115. La semana pasada advertíamos sobre las consecuencias de un crudo sostenido por encima de 100 dólares; esa amenaza no ha desaparecido, solo se ha tomado un respiro.
Hardware: cifras que desafían la gravedad
En la capa base de la inteligencia artificial —el silicio, la memoria, la interconexión—, la demanda sigue acelerándose sin señales de moderación.
Micron (MU) se disparó hacia los 420 dólares tras confirmar que toda su producción de memoria HBM para 2026 está agotada. Sus ingresos del segundo trimestre fiscal alcanzaron 23.860 millones de dólares, un 196% más en comparación interanual. Broadcom (AVGO) subió un 5% al firmar dos acuerdos de gran calado: diseñará los chips TPU personalizados de Google hasta 2031 y suministrará 3,5 gigavatios de potencia de cálculo a Anthropic. Samsung reportó ganancias operativas récord de 37.800 millones de dólares (57,2 billones de wones) en el primer trimestre, multiplicando por ocho las del año anterior, impulsadas casi en exclusiva por la demanda de chips de IA.
El contrapunto europeo lo puso ASML, que cedió cerca de un 4,7% tras conocerse la propuesta estadounidense de la MATCH Act, una legislación que busca prohibir la venta de equipos de litografía DUV a China. De aprobarse, amenazaría el 20% de la facturación de la firma holandesa. La fragmentación geopolítica de la cadena de semiconductores que describíamos semanas atrás —con Alibaba desplegando sus propios chips Zhenwu— se profundiza con cada nueva restricción.
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El jueves negro del SaaS: cuando los agentes llaman a la puerta
Si el hardware vive su particular fiebre del oro, el software tradicional por suscripción descubrió esta semana que sus cimientos son más frágiles de lo que cotizaban. El jueves 9 de abril quedará marcado como la jornada en que la amenaza de los agentes autónomos se tradujo en ventas masivas y concretas.
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El detonante fue Anthropic. El lanzamiento de su modelo Claude Mythos y sus Managed Agents demostró una capacidad excepcional para descubrir vulnerabilidades en código, lo que sacudió al sector de ciberseguridad y servicios de TI. Zscaler se desplomó casi un 11%. Snowflake perdió un 7,6%. Salesforce, Okta y Twilio sufrieron recortes severos. Incluso Palantir —hasta ahora considerada una de las plataformas de datos mejor posicionadas— cayó un 7% después de que el inversor Michael Burry publicara (y luego borrara) un comentario afirmando que Anthropic "se está comiendo el almuerzo de Palantir".
El temor tiene un nombre técnico: seat compression, la compresión de licencias por usuario. Si un agente de IA ejecuta el trabajo de cinco analistas, el modelo de facturación "por asiento" que sostiene a buena parte de la industria SaaS queda en entredicho. La migración hacia esquemas de precio basados en consumo o en resultados ha dejado de ser una opción estratégica para convertirse en una cuestión de supervivencia operativa.
La respuesta: IA nativa y la frontera del Edge
Las empresas de software no se han limitado a encajar el golpe. ServiceNow marcó la pauta al anunciar el fin de lo que denominó "la era de los complementos de IA": a partir de ahora, su Context Engine se integrará de forma nativa en todos sus productos, sin coste adicional. El mensaje es claro: el valor reside en la plataforma completa, no en módulos opcionales que el cliente puede decidir no contratar.
La otra línea de defensa se desplaza hacia el edge —el borde de la red— y la IA física. Si el software centralizado en la nube resulta vulnerable a los agentes autónomos, la alternativa pasa por distribuir la inteligencia en el propio hardware local. Esta semana, SiMa.ai recibió una inversión estratégica de Micron para escalar su IA física en robótica, mientras que Tsecond.ai cerró una ronda de 21,5 millones de dólares para llevar procesamiento de IA a entornos hostiles y disputados —desde instalaciones militares hasta plataformas industriales que operan a temperaturas extremas—. Las nuevas plataformas de ADLINK, presentadas esta semana, refuerzan esa misma tesis: la seguridad del futuro será inteligencia descentralizada funcionando a -20 °C en robots y sistemas autónomos, no solo un antivirus en la nube.
La semana pasada destacábamos la alianza entre Telefónica e Indra para blindar la IA desplegada en el edge español. Lo que entonces parecía una iniciativa de nicho se revela ahora como parte de una tendencia global: la potencia de cálculo sin protección distribuida es infraestructura incompleta.
Lo que viene: inflación, Islamabad y la purga del SaaS
Los inversores tecnológicos afrontan los próximos días con dos incógnitas de primer orden. En el frente macroeconómico, los datos de IPC en Estados Unidos confirmarán si el repunte del petróleo —que rozó los 110 dólares antes de la tregua— ha reactivado presiones inflacionarias que alejen aún más los recortes de tipos de la Fed. En el frente geopolítico, las negociaciones de Islamabad este fin de semana dictarán la dirección del crudo el lunes.
En el sector tecnológico, la atención se concentra en la reacción del resto del ecosistema SaaS (el ETF IGV será el termómetro) ante la ofensiva de los agentes autónomos. Algunos analistas de Wedbush ya hablan de una "oportunidad de compra generacional" tras la purga de valoraciones del jueves. Otros ven el inicio de una reconfiguración profunda del modelo de negocio del software empresarial. Probablemente ambas lecturas contengan una parte de verdad: las empresas que integren la IA de forma nativa sobrevivirán; las que sigan vendiéndola como complemento corren el riesgo de que un agente autónomo demuestre que su producto es prescindible.
Que tengan un excelente fin de semana.
Saludos cordiales,
Redacción Tecnología-Informática
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