La jornada de este miércoles concentra en pocas horas dos eventos de calibre mayor para el oro: la decisión de tipos de la Reserva Federal y una escalada militar en Oriente Próximo que mantiene en vilo a los mercados. El metal precioso cotiza en 4.087,90 dólares la onza, un 1,47% más que al cierre del martes, aunque la reacción alcista se antoja contenida si se compara con la gravedad de los acontecimientos geopolíticos. El precio se sitúa apenas un 4,22% por encima del mínimo de 52 semanas de 3.901,30 dólares, lo que deja la zona de los 4.000 dólares como el gran soporte a vigilar.

El conflicto en Oriente Próximo se ha recrudecido con un ataque iraní contra posiciones estadounidenses en la región, que el Pentágono asegura haber interceptado. La Casa Blanca, sin embargo, lanza mensajes contradictorios: el presidente Donald Trump habla de "buenas oportunidades" para un acuerdo con Teherán, pero al mismo tiempo amenaza con represalias militares si las negociaciones fracasan. Esta ambigüedad paraliza al inversor, incapaz de calibrar si la tensión deriva en una escalada abierta o en una desescalada negociada.
El petróleo Brent reacciona con un avance del 3%, hasta rozar los 87 dólares por barril, lo que añade presión inflacionista y refuerza las expectativas de que la Fed mantenga o incluso endurezca su postura. La rentabilidad del bono estadounidense a diez años sube al 4,66%, frente al 4,58% de la semana pasada, encareciendo el coste de oportunidad de mantener oro, un activo que no ofrece intereses. El metal precioso queda así atrapado entre dos fuerzas opuestas: la demanda de refugio que genera la inestabilidad geopolítica y el lastre que suponen unas rentabilidades atractivas en renta fija.
La Fed marca el paso a corto plazo
La atención del mercado se centra esta tarde en la decisión de la Reserva Federal. Según la herramienta FedWatch del CME, la probabilidad de que el banco central mantenga los tipos sin cambios es del 68%, mientras que un 32% de los operadores descuenta una subida de 25 puntos básicos. De cara a la reunión de septiembre, las apuestas se inclinan claramente hacia un endurecimiento: un 77% del mercado anticipa ya una subida. El resultado de la cita de hoy y, sobre todo, el tono de las declaraciones del presidente de la Fed, Kevin Warsh, sobre la escalada militar en Oriente Próximo serán determinantes para la dirección del oro en las próximas sesiones.
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A la incertidumbre monetaria se suma un factor técnico de calado: el vencimiento de los futuros de julio en el COMEX. Este último día de negociación de los contratos puede generar oscilaciones bruscas y aumentar la volatilidad intradía.
Los bancos centrales no se inmutan: 244 toneladas en el primer trimestre
Frente al ruido táctico de la Fed y los vaivenes geopolíticos, emerge un fenómeno estructural que actúa como suelo de demanda para el oro. Los bancos centrales adquirieron 244 toneladas netas durante el primer trimestre de 2026, la cifra más alta en más de un año y por encima de la media de los últimos cinco ejercicios. Estas instituciones ignoran por completo las probabilidades de la FedWatch y actúan con una lógica estratégica: diversificar sus reservas y reducir la dependencia del dólar.
El Banco Popular de China prolonga su racha compradora hasta 19 meses consecutivos, aprovechando según Willem Middelkoop, fundador del Commodity Discovery Fund, la debilidad temporal del precio para acumular oro a un coste menor. Mientras los inversores occidentales reducen su exposición a través de ETF de oro, los bancos centrales asiáticos y de economías emergentes incrementan la suya sin pausa. Esta demanda institucional, ajena al ciclo de tipos de la Fed, configura un colchón que limita el potencial de caída del metal precioso incluso en los momentos de mayor tensión.
El RSI se sitúa en 48, en terreno neutral, lo que indica que el mercado no está ni sobrecomprado ni sobrevendido. El oro cotiza un 3,53% por debajo de su media móvil de 50 sesiones, situada en 4.214,63 dólares, lo que confirma la persistencia de una tendencia bajista a corto plazo. La clave para las próximas horas reside en la capacidad de la onza para mantener el nivel psicológico de los 4.000 dólares, un umbral que separa una corrección ordenada de una posible aceleración vendedora.
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