El metal precioso afronta una semana decisiva con la reunión de la Reserva Federal en el horizonte. La cotización cedió el viernes hasta los 3.997,48 dólares por onza troy, lo que supone un retroceso semanal del 4,1% y la pérdida del umbral psicológico de los 4.000 dólares. El detonante no fue la falta de demanda de protección, sino la combinación de un shock energético con la necesidad de liquidez de unos inversores que acumulan pérdidas en renta variable.

El petróleo reescribe la ecuación
El encarecimiento del crudo ha reavivado los temores inflacionistas y ha reforzado la expectativa de que los tipos de interés se mantengan elevados durante más tiempo. A ello se sumó el viernes el repunte de los rendimientos de los bonos estadounidenses y el fortalecimiento del dólar, dos vientos de cara para un activo que no genera intereses. Los analistas de ING señalaron que el oro no logró beneficiarse de la huida hacia la seguridad ni siquiera cuando cedían las rentabilidades de la deuda estadounidense; el foco del mercado estaba puesto en el crudo y en sus posibles consecuencias para la política monetaria.
La lectura que hace el mercado del shock petrolero es, por tanto, la de un riesgo para la política de tipos y no la de un simple episodio de aversión al riesgo. Ese cambio de marco explica que la demanda de refugio no baste para compensar la presión vendedora.
La liquidación de posiciones añade leña al fuego
A la presión macroeconómica se une el comportamiento de los grandes operadores en el mercado de futuros. Los datos de posicionamiento de la COMEX publicados este martes muestran una reducción de las posiciones netas largas de los grandes especuladores. El número de contratos abiertos aumentó inicialmente un 1,5%, de modo que el repliegue de este grupo coincidió con un crecimiento del interés total: mientras los grandes especuladores recortaban, los pequeños ampliaban sus posiciones. No hubo, pues, una retirada uniforme del conjunto del mercado.
Hacia el viernes, el total de contratos abiertos en la COMEX había descendido hasta los 400.538, un 0,2% menos que la semana anterior. Ese descenso posterior podría apuntar a una moderación de la liquidación, aunque no constituye prueba suficiente para dar por confirmado un suelo. Los datos de futuros ofrecen indicios de un reajuste de posiciones más que una señal clara de giro en la tendencia.
Carsten Fritsch, analista de Commerzbank, vincula parte de la debilidad a las ventas de oro destinadas a cubrir pérdidas bursátiles y atender requerimientos de margen. El desplome de los valores tecnológicos y de inteligencia artificial puede desencadenar ese tipo de liquidaciones, un fenómeno que Reuters también recoge. En esta tesitura, el metal precioso no actúa únicamente como cobertura: los inversores lo venden para obtener la liquidez que necesitan. Ese factor sigue siendo una explicación plausible, aunque no está confirmado como detonante seguro.
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La demanda física, un contrapeso que no basta
Al otro lado de la balanza, los flujos del mercado físico ofrecen señales positivas. Las exportaciones suizas de oro ascendieron en septiembre a 165,2 toneladas, un 6% más que en agosto, según informaciones publicadas el viernes. Los envíos al Reino Unido alcanzaron su nivel mensual más alto desde al menos 2012.
El banco central de China también siguió comprando. Según el World Gold Council, incrementó sus reservas en 23 toneladas durante septiembre, el mayor aumento mensual desde octubre de 2023. Deutsche Börse aludió el jueves igualmente a las compras de bancos centrales y a la demanda china como factores de apoyo. En India, por su parte, aumentaron tanto las adquisiciones como las primas, mientras que la demanda china de joyería se mantuvo discreta, de modo que no se aprecia un impulso generalizado.
La firma Saxo Bank sitúa un soporte de corto plazo en los 3.970 dólares por onza. Solo una vuelta por encima de los 4.230 dólares confirmaría, a su juicio, el final de la corrección.
Dos citas marcan el calendario
La próxima semana concentra las referencias que pueden inclinar la balanza. El 28 de octubre se celebra la decisión de tipos de la Reserva Federal y la posterior comparecencia de su presidente. Los operadores esperan mayoritariamente que los tipos se mantengan sin cambios, si bien los últimos datos de inflación han alimentado la expectativa de una posible subida más adelante en el año. Para el oro no contará solo la decisión inmediata, sino también las pistas que ofrezca el banco central sobre su rumbo futuro: una pausa no sería automáticamente una señal de alivio si persiste el temor a endurecimientos posteriores.
Al día siguiente, el 29 de octubre, se publica el índice PCE, la medida de inflación preferida por la Fed, que Reuters señala como posible nuevo catalizador para las expectativas de tipos y para el mercado del oro. La semana pondrá así frente a frente una demanda física robusta y la incógnita de hasta qué punto la política monetaria estadounidense endurecerá su respuesta al encarecimiento de la energía.
Para el inversor, la conclusión es clara: una eventual reacción al alza no equivaldría todavía a un cambio de tendencia confirmado. Mientras los especuladores reduzcan posiciones y otros actores necesiten liquidez, la demanda física tendrá que hacer frente a una presión vendedora considerable.
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