El oro cierra julio en positivo pese al último traspié: la división interna de la Fed marca el pulso
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El oro cierra julio en positivo pese al último traspié: la división interna de la Fed marca el pulso

El metal precioso encadena su primer mes al alza desde hace cinco, aunque el camino hasta ese hito ha estado sembrado de vaivenes. La jornada final de julio sirvió como perfecto resumen de la tensión que domina el mercado: un recorte del 1,54% que llevó al oro hasta los 4.098,60 dólares por onza, frente a los 4.162,80 dólares del cierre anterior. Pese a ese tropezón, el balance mensual arroja una ganancia del 1,35%.

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La resistencia del oro en un entorno aparentemente adverso tiene nombre propio: la Reserva Federal. El banco central estadounidense, bajo el liderazgo de Kevin Warsh, mantuvo los tipos de interés sin cambios por quinta reunión consecutiva, en el rango del 3,50% al 3,75%. La decisión, adoptada los días 28 y 29 de julio, no fue unánime: tres presidentes regionales —Beth Hammack de Cleveland, Neel Kashkari de Minneapolis y Lorie Logan de Dallas— votaron en contra de su propio presidente y reclamaron un alza de un cuarto de punto.

Una fractura de esta naturaleza no se veía desde 2016. La señal que envía al mercado es ambigua: por un lado, la mayoría prefiere mantener la cautela; por otro, la disidencia en bloque sugiere que el ala dura del comité gana peso. Los inversores han tomado nota y las apuestas a favor de una subida de tipos en septiembre rondan ya el 63%.

Índice de Contenidos
  1. El dólar, el gran aliado inesperado
  2. Oriente Próximo mantiene la prima de riesgo
  3. La sombra de la media de 200 sesiones

El dólar, el gran aliado inesperado

El viernes, sin embargo, el viento sopló a favor del metal precioso. El billete verde registró su peor semana en tres meses, lastrado por una nueva intervención japonesa en el mercado de divisas para apuntalar el yen. Esa debilidad del dólar abarata el oro para los compradores fuera de Estados Unidos y contrarresta el sesgo restrictivo que emana de la Fed.

Los datos macroeconómicos tampoco juegan en contra del metal dorado. El índice PCE, la medida de inflación preferida por la Reserva Federal, mostró un enfriamiento en junio: la tasa subyacente bajó del 3,4% al 3,3%, mientras que la general cayó del 4,1% al 3,7%. La desinflación alimenta las expectativas de una política monetaria más laxa, aunque Warsh, conocido por su postura conservadora, no dio señales de querer mover ficha a corto plazo.

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Oriente Próximo mantiene la prima de riesgo

La geopolítica sigue siendo el otro gran sostén del oro. El ejército estadounidense lanzó nuevos ataques contra objetivos iraníes en respuesta a las agresiones de Teherán contra intereses de Washington en la región, lo que aleja cualquier posibilidad de una solución diplomática inminente. A ello se suman las informaciones sobre un bloqueo naval en el mar Rojo, que mantienen la tensión en los mercados energéticos.

Ese cóctel de incertidumbre ha reactivado la demanda de refugio. Tanto los bancos centrales como los inversores privados incrementaron sus compras de oro físico —lingotes y monedas— durante julio, un comportamiento que contrasta con el de otras clases de activos: las criptomonedas y las tecnológicas de alta valoración sufrieron correcciones notables en el mismo periodo.

La sombra de la media de 200 sesiones

El análisis técnico invita a la prudencia. El oro sigue peleando con la resistencia psicológica de los 4.100 dólares, un nivel cuya superación sostenida los analistas consideran imprescindible para confirmar un cambio de tendencia duradero. El precio actual se sitúa un 9,75% por debajo de su media móvil de 200 días, situada en los 4.541,41 dólares, lo que evidencia que el metal precioso sigue herido en el largo plazo.

Frente a la plata y el platino, sin embargo, el oro mostró el viernes una mayor fortaleza relativa: ambos metales sufrieron caídas porcentuales más pronunciadas. Aun así, el camino hacia los máximos sigue siendo largo: el récord de 5.626,80 dólares alcanzado en enero queda todavía un 27% por encima del nivel actual.

La gran pregunta que sobrevuela el mercado es si la división interna del comité de la Fed se resolverá en septiembre con una subida de tipos o si, por el contrario, la desinflación y la debilidad del dólar convencerán a la mayoría de mantener la calma. Esa decisión, más que cualquier otro factor, determinará si el oro consigue consolidar su recuperación o vuelve a quedarse atrapado bajo la barrera de los 4.100 dólares.

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Laura Fernández Silva

Sobre el autor

Laura Fernández Silva

Analista tecnológica enfocada en innovación digital, comercio electrónico y aplicaciones móviles. Colaboradora habitual en medios especializados del sector tech.

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