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D-Wave Quantum: la paradoja de fabricar los chips del futuro en la casa del rival

La carrera por la supremacía cuántica tiene un talón de Aquiles que pocos mencionan en los folletos de inversión: por muy brillantes que sean los algoritmos, alguien tiene que fabricar físicamente los procesadores. Y en ese terreno, D-Wave Quantum acaba de firmar su continuidad industrial con una paradoja incómoda como telón de fondo.

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Índice de Contenidos
  1. Un proveedor que también es competidor
  2. La brecha entre el laboratorio y la cuenta de resultados
  3. Viento en contra sectorial y un frente jurídico abierto

Un proveedor que también es competidor

La compañía anunció este martes la prolongación por varios años de su alianza con SkyWater Technology, un vínculo que se remonta más de una década y que sostiene la columna vertebral de sus procesadores superconductores, con la familia Advantage2 a la cabeza. La planta de SkyWater en Minnesota seguirá siendo el lugar donde la hardware de D-Wave cobra forma.

El detalle que hace arquear cejas en el sector es que SkyWater pertenece desde finales de julio al competidor directo IonQ. La pregunta sobrevuela el mercado: ¿puede sostenerse una simbiosis tan delicada cuando el propio fabricante de chips encarna a la vez la vanguardia tecnológica de un rival? Ambas partes subrayan que el acuerdo incorpora mecanismos contractuales de protección de la propiedad intelectual de D-Wave, y ni las cifras económicas ni los volúmenes de producción trascienden.

La dependencia operativa, sin embargo, salta a la vista. Un convenio de 2012 ya acumula 17 modificaciones a lo largo del tiempo, y los precios preferentes vigentes expiran a finales de 2027. Sin un acuerdo sucesor, a partir de 2028 habrían entrado en juego las tarifas estándar. D-Wave opta así por el entorno productivo que conoce, en buena medida ante la falta de alternativas rápidas en el especializado negocio de la fabricación de semiconductores.

Los resultados técnicos de la colaboración resultan difíciles de discutir. Un sistema Advantage2 fabricado por SkyWater demostró en un estudio publicado en 2025 en la revista Science su superioridad frente a enfoques de cálculo clásicos en simulaciones cuánticas complejas. Además, D-Wave optimizó con su tecnología de annealing los procesos de mantenimiento de la propia fábrica de SkyWater, recortando hasta un 30 por ciento los retrasos por lotes en la producción. Un proyecto posterior previsto busca ahondar en ese enfoque, contemplando esta vez las limitaciones de técnicos y materiales.

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La brecha entre el laboratorio y la cuenta de resultados

Mientras los procesadores maduran en las salas limpias de Minnesota, el mercado exige resultados comerciales tangibles, y ahí la distancia sigue siendo enorme. En el segundo trimestre, D-Wave facturó apenas 3,07 millones de dólares, por debajo de los 4,03 millones que esperaba el consenso. Frente a esa cifra se alzó un pérdida neta cercana a los 48 millones de dólares. El consuelo llegó del balance: los recursos líquidos rondaban los 546,2 millones de dólares a mitad de ejercicio.

El anuncio sobre la continuidad fabril apenas mueve la aguja en el parqué. En la sesión de hoy el título cede un 1,8 por ciento hasta 12,11 euros, aunque otras referencias de la jornada sitúan el retroceso en un 2,6 por ciento, con el precio en 12,01 euros. La lectura de fondo dibuja un panorama desalentador tras el hype del último año: en lo que va de ejercicio acumula un descenso del 47 por ciento.

Viento en contra sectorial y un frente jurídico abierto

El conjunto del sector de computación cuántica atraviesa un momento de dudas palpables. IonQ anunció una operación de adquisición de Elisity por hasta 1.300 millones de dólares pagada íntegramente en acciones, lo que avivó los temores a una dilución generalizada en la industria. Según diversos medios, ese movimiento arrastró también a valores como D-Wave y Rigetti hacia territorio de ventas. La reacción evidencia la nerviosidad con la que los inversores reciben cualquier medida de capital en un negocio intensivo en recursos y de horizonte lejano.

A ese cóctel se suma la investigación que la firma legal Kessler Topaz Meltzer & Check mantiene sobre posibles infracciones de la legislación de valores relacionadas con D-Wave. La firma señala como telón de fondo los resultados del segundo trimestre de 2026 y la dimisión del director financiero. Este tipo de pesquisas supone una carga añadida, aun con un desenlace completamente incierto, y refuerza la cautela de unos inversores que en este mercado no perdonan errores.

La fotografía técnica tampoco ofrece grandes asideros: con el nivel actual, el valor cotiza apenas un 8,0 por ciento por encima de su mínimo de 52 semanas, fijado en 11,12 euros. El colchón por debajo se ha estrechado de forma notable.

D-Wave se asegura con el acuerdo prolongado la supervivencia industrial para la próxima generación de chips, un paso que habla bien de la solidez de su hoja de ruta tecnológica. Pero la película deja al descubierto la vulnerabilidad estructural de la industria cuántica: quien no controla su capacidad de fabricación termina sentado a la mesa de negociación con sus rivales. Y el inversor, mientras tanto, debe confiar en que ese equilibrio imposible se mantenga en pie.

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Carmen Ruiz López

Sobre el autor

Carmen Ruiz López

Periodista especializada en tecnología y transformación digital con más de 8 años de experiencia. Experta en inteligencia artificial, ciberseguridad y startups tecnológicas.

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