La historia de D-Wave Quantum en este arranque de agosto se lee como un relato de dos realidades paralelas. Por un lado, los libros de pedidos muestran una compañía en plena ebullición comercial, con contratos que se acumulan a un ritmo vertiginoso. Por otro, la cuenta de resultados presenta una imagen de estancamiento que el mercado ha castigado con dureza. La clave para entender al fabricante de computación cuántica está precisamente en esa distancia entre ambas lecturas.

Un trimestre que decepcionó a los analistas
Los resultados del segundo trimestre, publicados el 6 de agosto, no cumplieron las expectativas. Los ingresos se quedaron en 3,07 millones de dólares, sensiblemente por debajo de los 4,03 millones que anticipaba el consenso. La pérdida por acción alcanzó los 0,13 dólares, superando también el déficit de 0,09 dólares que esperaban los analistas. En comparación con el mismo periodo del ejercicio anterior, la facturación prácticamente no se movió.
La reacción no se hizo esperar: en la negociación previa a la apertura en Wall Street, el título llegó a ceder un 10,5%. En el parqué alemán, la acción cerró la jornada en 16,87 euros, con un descenso del 8,81%. El papel sigue cotizando alrededor de un 58% por debajo de su máximo de 52 semanas.
El detalle detrás de la mejora contable
A primera vista, el neto presenta una mejora sustancial: las pérdidas se redujeron de 167,3 millones de dólares (0,55 dólares por acción) a 48,0 millones (0,13 dólares por acción). Pero esa reducción engaña. El grueso del cambio proviene de una caída de 142,0 millones de dólares en la revalorización no monetaria de los pasivos por warrants, un ajuste contable que dice poco sobre la marcha operativa del negocio.
Lo que realmente preocupa es la evolución de los márgenes y los costes. La rentabilidad bruta se contrajo del 63,8% al 55,4%, lastrada por mayores gastos de personal y por la ausencia de una venta de un sistema de annealing con márgenes especialmente elevados que sí se registró en el año anterior. Los gastos operativos, por su parte, se dispararon de 28,5 a 55,0 millones de dólares, un incremento del 93% que refleja las inversiones en desarrollo de producto, expansión comercial y la integración de la adquirida Quantum Circuits.
El contrapunto: una cartera de pedidos que se dispara
Frente a esa fotografía de contención, los indicadores adelantados dibujan un escenario bien distinto. Los pedidos del segundo trimestre alcanzaron los 2,1 millones de dólares, un 59% más que los 1,3 millones del año anterior. Pero la cifra realmente llamativa es la acumulada en el semestre: 35,5 millones de dólares frente a 2,9 millones en el mismo periodo de 2025, un avance del 1.120% que debe mucho a un único contrato de venta de un sistema por valor de más de 20 millones de dólares.
Ese desfase entre lo contratado y lo facturado no responde a ninguna triquiñuela contable, sino a la propia mecánica del negocio: D-Wave reconoce los ingresos a medida que se cumplen los hitos del proyecto. Las obligaciones de desempeño pendientes —es decir, los trabajos ya comprometidos pero aún no ejecutados— sumaban 40,7 millones de dólares al cierre de junio, un 668% más que un año antes. La compañía espera convertir el 57% de esa cifra en facturación durante los próximos doce meses.
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De los qubits a los segundos ahorrados
Mientras los inversores digieren los números trimestrales, los avances tecnológicos siguen su curso. La colaboración con AT&T, ampliada a finales de julio según una comunicación remitida a la SEC, constituye uno de los mejores escaparates del potencial de la firma. El operador telefónico integrará la tecnología de annealing en sus herramientas de inteligencia artificial basadas en agentes y evalúa también los futuros sistemas de puertas cuánticas de D-Wave para aplicaciones de seguridad cuántica. En una de las primeras pruebas, la optimización de una tarea de red que antes requería alrededor de una hora se completó en menos de 15 segundos.
Ese tipo de resultados prácticos explica que la compañía haya sido incluida a principios de julio en la categoría de líderes del IDC MarketScape para computación cuántica, un listado en el que también figura IBM. D-Wave presume de más de 200 millones de problemas enviados a sus sistemas y de un crecimiento del 314% interanual en el uso de su plataforma Advantage2. El debate del sector, apuntan desde la compañía, ya no gira en torno al número de qubits, sino en torno al tiempo que se ahorra en aplicaciones reales.
El mercado, dividido entre el escepticismo y la confianza
A pesar de estos avances, la acción acumula una volatilidad anualizada superior al 100% y cotiza más de un 50% por debajo de su máximo de 52 semanas de 40,41 dólares, alcanzado en octubre de 2025. La paciencia de los inversores tiene un límite cuando la historia de crecimiento tarda en traducirse en cifras de facturación.
La reacción de los analistas matiza ese pesimismo. Kingsley Crane, de Canaccord, recortó su precio objetivo de 41 a 35 dólares, aunque mantuvo la recomendación de compra. El consenso del mercado sitúa el precio objetivo medio en 32,12 euros, lo que implicaría un potencial de revalorización del 84,5% desde los niveles actuales. Esa distancia entre la trayectoria bursátil y las valoraciones de los expertos sugiere que una parte del mercado sigue apostando a que la avalancha de contratos acabará traduciéndose en ingresos.
Un calendario que marca el ritmo
La hoja de ruta tecnológica ofrece algunas referencias temporales: 20.000 qubits para 2029 y 100.000 para 2031. Hasta entonces, la pregunta que domina el debate sobre D-Wave no es si la tecnología funciona —la evidencia acumulada sugiere que sí—, sino cuánto tardarán esos 35,5 millones de dólares en pedidos en reflejarse en la cuenta de resultados y si el mercado estará dispuesto a esperar.
En paralelo, la compañía completó un movimiento corporativo relevante: desde el 27 de julio cotiza en el Nasdaq bajo el ticker QBTS, tras poner fin a su etapa en la NYSE el 24 de julio. El consejero delegado, Alan Baratz, justificó el cambio por el encaje del perfil innovador de D-Wave con el Nasdaq. También en julio, la firma anunció una alianza con Nasdaq Verafin para explorar el uso de computación cuántica en la detección de delitos financieros, con un proyecto piloto orientado a identificar patrones de fraude y blanqueo en datos transaccionales.
La ecuación para los accionistas sigue siendo la misma: una cartera de pedidos que crece a un ritmo espectacular frente a una facturación que aún no refleja ese impulso. El tiempo dirá cuál de las dos lecturas acaba imponiéndose.
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