Cuando ganar no es suficiente: la paradoja de Nvidia y el éxodo del software
Comentario de Mercado

Cuando ganar no es suficiente: la paradoja de Nvidia y el éxodo del software

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Imagen tecnológica

1,2 billones de dólares. Esa es la cantidad de capitalización bursátil que se ha evaporado del subíndice de software del S&P 500 en menos de un mes. La cifra, por sí sola, cuenta una historia más elocuente que cualquier análisis: en la era de la Inteligencia Artificial, no basta con crecer; importa dónde se está posicionado en la cadena de valor. Y esta semana, Wall Street ha dictado sentencia con una brutalidad poco habitual.

La semana pasada analizábamos cómo la geopolítica —con Irán y el petróleo como protagonistas— había secuestrado la agenda de los mercados. Siete días después, las tensiones energéticas han cedido el foco a una fuerza más profunda y estructural: la reasignación masiva de capital desde el software hacia la infraestructura física de la IA. Mientras el NASDAQ se encamina hacia su peor caída mensual desde marzo del año pasado, lo que presenciamos no es un simple ajuste técnico, sino un reordenamiento del mapa de ganadores y perdedores de la revolución tecnológica.

El síndrome del alumno perfecto: el castigo a Nvidia

Ingresos anuales récord de 215.900 millones de dólares. Crecimiento del 73% en el último trimestre, hasta los 68.130 millones. Márgenes brutos del 75%. Si estos números pertenecieran a una empresa desconocida, cualquier inversor firmaría un cheque sin pestañear. Pero pertenecen a Nvidia, y Nvidia cotiza en la estratosfera.

Tras presentar estas cifras el miércoles, la acción sufrió el jueves su peor sesión desde la primavera pasada: un desplome del 5,5% que arrastró al NASDAQ (-1,2%) y al S&P 500 (-0,5%). La compañía proyecta ingresar unos 78.000 millones en el trimestre en curso y su negocio de centros de datos representa ya un abrumador 91% de sus ventas. Nada de eso bastó.

¿La explicación? Cuando una empresa vale cerca de 5 billones de dólares, el mercado no premia la excelencia: exige la perfección absoluta. La exclusión continuada de los ingresos procedentes de China en sus proyecciones y las dudas sobre posibles cuellos de botella en la cadena de suministro de TSMC ofrecieron la excusa perfecta para una oleada de toma de beneficios. La semana pasada especulábamos sobre la inversión de 30.000 millones de Nvidia en OpenAI como señal de integración vertical; esta semana, el mercado ha respondido con un recordatorio implacable: a estas altitudes, cualquier mínima fricción se paga cara.

La gran fractura: el pánico en el software y la huida hacia lo tangible

Pero la verdadera sacudida de la semana no lleva el sello de Nvidia. La protagonista es una crisis existencial que recorre el sector del software como una corriente eléctrica.

Los inversores están abandonando posiciones en empresas SaaS a una velocidad que no veíamos en años, aterrados ante la posibilidad de que los agentes de IA desmonten los modelos de negocio que han dominado la última década. Compañías consolidadas como Intuit, Workday o Gartner acumulan caídas de al menos un 40% en lo que va de 2026. Un analista de RBC lo sintetizó con precisión quirúrgica: los presupuestos de TI de las empresas se están desviando masivamente hacia la infraestructura de IA, secando el crecimiento del software heredado.

La semana pasada describíamos cómo el "AI Scare Trade" había cobrado una nueva víctima en Booking Holdings. Esta semana, ese fenómeno se ha generalizado hasta convertirse en un éxodo sectorial. El dinero no desaparece; simplemente cambia de dirección. Las acciones energéticas acumulan una subida del 23% este año y los servicios públicos del S&P 500 avanzan un 9%. Lo tangible —cobre, energía, infraestructura— se ha convertido en el refugio preferido del capital que huye del código.

La excepción notable fue Salesforce, que logró rebotar un 4% tras anunciar un plan de recompra de acciones por 50.000 millones de dólares y calmar los ánimos con su integración de modelos de Anthropic (Claude). A veces, la chequera corporativa es el mejor antídoto contra la desconfianza del mercado.

El eje del hardware: de Meta a Seúl

Mientras el software sangra, la capa de infraestructura física vive su momento dorado. AMD se disparó casi un 9% esta semana tras asegurar un acuerdo multianual con Meta para proporcionar hasta 6 gigavatios de capacidad de GPU, un trato que incluye una opción para que la empresa de Mark Zuckerberg adquiera 160 millones de acciones de AMD. Las grandes tecnológicas —Alphabet, Amazon, Microsoft, Meta— planean desembolsar cerca de 700.000 millones de dólares en gasto de capital este año, y ese torrente de inversión necesita canalizarse hacia algún sitio.

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Este frenesí ha catapultado a los mercados asiáticos a territorio histórico. El Nikkei japonés y el Kospi surcoreano han pulverizado récords, superando los 58.500 y 6.900 puntos respectivamente. El motor tiene nombre propio: la escasez global de chips de memoria que la semana pasada ya identificábamos como un "superciclo". Los precios amenazan con dispararse hasta un 95% en este primer trimestre. Gigantes como SK Hynix registran márgenes de beneficio superiores al 70% y, paradójicamente, cotizan a un PER de apenas 4. Asia se ha consolidado como la sala de máquinas indispensable del auge de la IA.

Europa y España mueven ficha en el tablero deep tech

En medio de este pulso titánico entre Estados Unidos y Asia, el ecosistema europeo demuestra que también tiene cartas que jugar, apostando por nichos estratégicos y eficiencia:

  • Eficiencia en el silicio: La startup Axelera AI ha cerrado una ronda de 250 millones de dólares liderada por Innovation Industries y BlackRock. Su misión —desarrollar chips de inferencia energéticamente eficientes, como su modelo "Europa"— es una pieza clave en la estrategia de la UE para reducir su dependencia tecnológica de Estados Unidos y Taiwán.

  • Talento con sello español: QuiverAI ha captado casi 8 millones de euros en una ronda liderada por el prestigioso fondo estadounidense Andreessen Horowitz (a16z), con participación de K Fund y JME Ventures. Su tecnología, que genera gráficos vectoriales editables (SVG) mediante IA, apunta directamente a un mercado de diseño digital que superará los 20.000 millones de dólares en 2030.

  • Capital paciente: El fondo Kembara, de la gestora española Mundi Ventures, ha completado un primer cierre de 750 millones de euros con el respaldo del Fondo Europeo de Inversiones, destinado a inyectar capital en empresas deep tech, computación cuántica e IA en fases de maduración (Series B y C).

Son señales dispersas, pero apuntan en una dirección clara: Europa no competirá fabricando los chips más potentes, sino construyendo los más eficientes y financiando la ciencia que los hará posibles.

La perspectiva para la próxima semana

De cara a los próximos días, la atención se desplaza de los informes de resultados a la macroeconomía. Wall Street estará digiriendo los datos de inflación publicados este viernes y evaluando si la hemorragia del sector tecnológico constituye una corrección saludable o el preludio de algo más profundo.

Tres indicadores merecen vigilancia estrecha: los rendimientos del bono del Tesoro estadounidense a 10 años (actualmente rondando el 4,05%), los precios del petróleo —que han oscilado con brusquedad ante la incertidumbre arancelaria y las tensiones geopolíticas— y, sobre todo, la reunión en Washington entre el canciller alemán Friedrich Merz y Donald Trump, que podría ofrecer pistas decisivas sobre el futuro de los aranceles tecnológicos y comerciales entre Europa y Estados Unidos.

El mercado ha emitido esta semana un veredicto inequívoco: la IA ya no es una promesa escrita en código. Es infraestructura, es energía, es cobre y es silicio. Quienes sigan invirtiendo como si la revolución fuera exclusivamente digital corren el riesgo de quedarse en el lado equivocado de la gran fractura de 2026.

Que tengan un excelente fin de semana.

Saludos cordiales,

Redacción Tecnología-Informática

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