La maquinaria industrial de BYD no se detiene. El fabricante chino de vehículos eléctricos ha reclutado a más de 8.000 trabajadores en su complejo de Xi'an, en el noroeste de China, una medida con la que responde a la necesidad de ajustar con rapidez los ritmos de producción y elevar el volumen de fabricación en varias de sus plantas locales. Para asegurar la cobertura de esos puestos, la compañía ofrece primas de contratación de hasta 6.000 yuanes por cada nuevo empleado, según recoge el medio financiero Yicai.

Ese empuje en la retaguardia productiva se apoya en un ritmo comercial que no afloja. Durante agosto de 2026, la firma entregó 433.000 turismos, lo que representa un avance interanual del 16,4%. La cifra confirma que la demanda de sus modelos sigue sosteniendo el volumen de salida de las líneas de montaje.
Una flota conectada que genera 230 millones de kilómetros diarios
Más allá del número de unidades, BYD está convirtiendo su parque móvil en una fuente de ventaja competitiva. Al cierre de agosto, los vehículos equipados con sistemas avanzados de asistencia a la conducción superaban los 3,72 millones de unidades. A través de su plataforma interna God's Eye, esa flota genera cada día más de 230 millones de kilómetros de datos de conducción.
Ese caudal informativo funciona como un activo estratégico difícil de replicar. Mientras otros fabricantes consagrados pelean por escalar sus costes de software y plataformas, el grupo chino aprovecha su estructura verticalmente integrada y el tamaño de su flota doméstica para refinar de forma continua las funciones de asistencia. La rápida penetración de estas tecnologías en amplias gamas de modelos busca blindar su ventaja en costes tecnológicos.
El mercado exterior compensa la presión interna
La expansión internacional se ha convertido en el contrapeso de un mercado doméstico bajo tensión. En los ocho primeros meses del año, las ventas fuera de China crecieron un 86%. La planta tailandesa de Rayong opera ya como eje regional y exportó cerca del 40% de su volumen de producción durante el primer semestre.
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Las ambiciones van más allá. La dirección de BYD aspira a entregar entre 1,9 y 2,0 millones de vehículos en el exterior en 2026, según informó Deutsche Bank el 8 de septiembre. Dos casas de análisis elevaron incluso sus previsiones para 2027 por encima de los 2,5 millones de unidades tras conversaciones con el equipo gestor.
España y Francia, candidatas a acoger la próxima factoría
Para sostener ese crecimiento, el fabricante quiere pisar terreno europeo con producción propia. Su estrategia pasa por adquirir una planta ya existente en lugar de compartir capacidades con socios, una intención que trascendió el pasado viernes. El asesor para Europa Alfredo Altavilla situó a España y Francia como principales candidatas a albergar esa compra, con Italia como alternativa de reserva. El movimiento responde a los posibles requisitos de la Unión Europea sobre contenido local.
Altavilla detalló que la compañía necesitará a medio plazo tres plantas de montaje y una fábrica de baterías en el continente. Una vez arranque la producción en la factoría húngara, la primera europea, la decisión sobre la segunda sede debería adoptarse antes de que termine el año, posiblemente mediante la compra y modernización de una instalación ya operativa. En el segmento de vehículos industriales, la vicepresidenta ejecutiva Stella Li confirmó que el grupo prevé lanzar su primer camión pesado en Europa en 2027 y fabricar en el continente las unidades que venda allí.
Un revés técnico que no altera el rumbo
El frente doméstico también exige atención. La autoridad estatal de regulación del mercado ordenó el viernes la retirada de 183.211 vehículos de las series Qin y Tang, fabricados entre 2014 y 2022, por posibles desprendimientos o roturas en los topes del pedal del freno. Según Reuters, el fabricante asumirá el cambio de los componentes sin coste para el cliente a través de su red de concesionarios autorizados.
Los inversores restaron importancia al anuncio. El título registró un leve avance del 0,2% hasta 9,05 euros. Con todo, la cotización sigue reflejando las dificultades del entorno: los descuentos agresivos y las tensiones comerciales globales mantienen la valoración deprimida, con un retroceso del 15% desde el inicio del año y una distancia del 28% respecto a su máximo de 52 semanas.
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