El fabricante chino BYD afronta un otoño de equilibrios: mientras negocia las consecuencias de un acuerdo entre China y la Unión Europea que limitará las exportaciones de vehículos híbridos al mercado comunitario, la compañía redobla su apuesta por la producción local en Europa y renueva su catálogo en casa para sostener la demanda interna.

La vicepresidenta ejecutiva Stella Li calificó el lunes de "coyuntural" la presión derivada del pacto sobre híbridos y confirmó que la empresa mantiene intacto su compromiso con el continente europeo. Según informó Reuters, el entendimiento entre Pekín y Bruselas podría recortar las importaciones chinas de híbridos en varios millones de unidades a lo largo de cuatro años, si bien los detalles concretos de su aplicación siguen sin desvelarse.
La medida golpea precisamente uno de los motores de crecimiento de BYD en el exterior. No en vano, Li señaló la semana pasada que la geopolítica representa el mayor desafío para los planes de expansión internacional del grupo, una realidad que ya ha dejado huella en su hoja de ruta norteamericana: la directiva descartó por completo la venta de turismos en Estados Unidos por el momento.
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Francia, en el punto de mira industrial
Como respuesta a las barreras arancelarias, la compañía evalúa replicar su modelo de fabricación in situ. Li explicó que BYD persigue ampliar su red de plantas europeas y estudia con especial interés la construcción de una factoría en Francia, país que figura entre los candidatos. Por ahora no existe una decisión de inversión en firme ni un calendario cerrado, y los medios apuntan a que el objetivo pasa por levantar dos instalaciones adicionales en el Viejo Continente.
El frente operativo arroja señales dispares. En septiembre de 2026, el fabricante entregó 463.561 vehículos, un 17,0 por ciento más que en el mismo mes del año anterior. Sin embargo, el acumulado de enero a septiembre se quedó en 3.131.576 unidades, lo que supone un retroceso del 3,94 por ciento frente al mismo tramo de 2025 y evidencia que el impulso mensual aún no compensa el bache del ejercicio.
Para revertir esa tendencia, BYD ha puesto sus ojos en el mercado doméstico. A comienzos de mes abrió las reservas de la segunda generación del Seagull en China, sin desvelar precios en el momento de habilitar los pedidos. El lanzamiento del modelo renovado está previsto antes de que termine el año, y de su acogida dependerá en buena medida que la compañía recorte la distancia acumulada en los nueve primeros meses.
Un valor bajo presión en el parqué
Los inversores siguen de cerca ese pulso entre los obstáculos comerciales y la expansión internacional. La acción de BYD cotiza hoy en 8,39 euros, con un avance intradía del 0,5 por ciento, aunque desde el arranque del año acumula una caída del 22 por ciento. El desenlace de la negociación sobre los híbridos y los pormenores de su implementación marcarán la magnitud real del frenazo en el negocio exterior de la firma.
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