Los resultados operativos de Amazon continúan siendo sólidos, pero en el mercado de valores una sombra de preocupación se cierne sobre la compañía. El foco no está en el negocio actual, que marcha bien, sino en el coste que supondrá para las finanzas el próximo salto de crecimiento. La gigantesca inversión en infraestructura de inteligencia artificial exige un desembolso monumental, mientras los inversores claman por ver retornos tangibles a un ritmo más acelerado.

Un desempeño operativo que no consuela a la bolsa
Los datos fundamentales recientes pintan un panorama saludable. En el cuarto trimestre de 2025, la firma registró unos ingresos de 213.400 millones de dólares, lo que supone un incremento del 14%. Su beneficio operativo también experimentó un notable repunte, pasando de 21.200 millones a 25.000 millones de dólares. Este impulso fue generalizado, con los tres segmentos principales de la empresa mostrando crecimientos de dos dígitos.
El motor de este crecimiento sigue siendo, sin duda, AWS (Amazon Web Services). Su división de computación en la nube expandió sus ingresos un 24% interanual en el trimestre, hasta alcanzar los 35.600 millones de dólares. Un dato aún más revelador es el aumento de su cartera de pedidos pendientes (backlog), que se disparó un 40% hasta los 244.000 millones de dólares. Esta cifra evidencia la demanda sostenida de capacidad en la nube, impulsada en gran medida por las necesidades computacionales de las aplicaciones de IA.
La raíz de la preocupación: un Capex récord
¿Por qué, entonces, la reacción negativa en Wall Street? La respuesta se encuentra en el horizonte de gastos de capital (Capex). Amazon ha planeado desembolsar aproximadamente 200.000 millones de dólares en inversiones durante el presente año, una cifra que, según se menciona, supera la de cualquier otra empresa del grupo "Magnificent Seven". Esta estrategia agresiva tiene una consecuencia inmediata: una presión significativa sobre el flujo de caja libre.
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Las proyecciones ilustran este punto con claridad. Mientras que para 2025 se anticipa un flujo de caja libre positivo de 7.700 millones de dólares, los datos de Bloomberg citados prevén que esta métrica caerá a un territorio negativo en 2026, concretamente a -524,2 millones de dólares. Esta transición es el núcleo del debate entre los inversores: determinar el momento preciso en el que las cuantiosas inversiones comenzarán a traducirse en ganancias palpables y un flujo de caja robusto.
El escepticismo del mercado queda reflejado en el gráfico de la acción. En los últimos 30 días, el título de Amazon ha retrocedido un 13,51%, cotizando a 178,34 €, un nivel que se sitúa por debajo de su media móvil de 50 días.
La alianza con OpenAI y una valoración más ajustada
El compromiso de Amazon con la inteligencia artificial adquiere una dimensión adicional con su asociación estratégica con OpenAI. El acuerdo, según los detalles disponibles, implica una inversión escalonada que podría alcanzar los 50.000 millones de dólares. Un primer desembolso de 15.000 millones está previsto antes del 31 de marzo, seguido de una segunda trancha de 35.000 millones sujeta al cumplimiento de ciertos hitos. Más allá del capital, el pacto tiene un componente comercial clave: OpenAI utilizará los chips Trainium de Amazon, lo que podría impulsar decisivamente este segmento de negocio.
Paralelamente, la reciente corrección bursátil ha tenido un efecto colateral: ha hecho que la valoración de la empresa sea más atractiva. En la actualidad, Amazon cotiza por menos de 22 veces sus beneficios esperados, una ratio que se sitúa por debajo de su promedio histórico. Este contexto ayuda a entender por qué el sentimiento analítico mayoritario se mantiene optimista. De un total de 83 analistas cubiertos por los datos, 78 mantienen una recomendación de compra, y ninguno aconseja vender.
En definitiva, el escenario para 2026 se perfila como un acto de equilibrio. Por un lado, un viento en contra para el flujo de caja a corto plazo, generado por las ingentes inversiones en IA. Por el otro, la esperanza fundada en unos rendimientos cuantificables a largo plazo. Esta tensión entre el presente costoso y el futuro prometedor será, muy probablemente, el factor que defina la trayectoria de la acción en los próximos meses.
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