La carrera de Amazon por el liderazgo en inteligencia artificial está suponiendo un esfuerzo financiero colosal. La compañía está destinando cantidades históricas a expandir su infraestructura en la nube y desarrollar capacidades de IA, una estrategia que, si bien impulsa los ingresos, está ejerciendo una presión significativa sobre su liquidez y ha generado cierta inquietud en el mercado.

Un crecimiento révidido por el gasto
Los resultados del cuarto trimestre de 2025 dejaron una cifra de negocio sin precedentes para el gigante tecnológico: 213.400 millones de dólares en ingresos. Su división de computación en la nube, AWS, registró un crecimiento del 24%, el ritmo más acelerado en más de tres años. Sin embargo, el optimismo por estas cifras se ve matizado por el monumental volumen de inversión. Solo en el año pasado, Amazon destinó 131.800 millones de dólares a infraestructura, y sus planes para 2026 son aún más ambiciosos, con un presupuesto cercano a los 200.000 millones.
Este torrente de gasto de capital tiene un efecto directo y palpable en el flujo de caja libre, que se ha contraído drásticamente, pasando de 38.200 a 11.200 millones de dólares. La reacción de los inversores no se ha hecho esperar. La cotización de la acción acumula una caída del 6% desde enero y se sitúa aproximadamente un 17% por debajo del máximo de los últimos 52 semanas que alcanzó en noviembre pasado.
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Inquietud operativa: fallos y reestructuraciones
Más allá de los números, han surgido preocupaciones sobre la estabilidad operativa. La plataforma de comercio de Amazon experimentó cuatro graves interrupciones en el plazo de una sola semana. En uno de esos incidentes, ocurrido un jueves, los usuarios no pudieron realizar pedidos ni acceder a la información de sus cuentas durante varias horas. Según explicó la empresa, uno de los fallos se originó cuando un desarrollador siguió recomendaciones incorrectas proporcionadas por un asistente de IA interno.
Algunos analistas vinculan estos problemas con las profundas reestructuraciones de personal. Tras la eliminación de 14.000 puestos en octubre, Amazon anunció en enero un nuevo recorte de 16.000 empleados. Existe el temor de que esta reducción de plantilla pueda estar afectando a la resiliencia y el mantenimiento de sus sistemas críticos.
Expansión y nubes en el horizonte regulatorio
A pesar de estos desafíos internos, la compañía no frena su expansión global. Un ejemplo claro es su compromiso en España, donde ha anunciado una inversión de 33.700 millones de euros para la construcción y ampliación de centros de datos. No obstante, en el frente regulatorio se avecina una potencial tormenta. La Comisión Federal de Comercio (FTC) de Estados Unidos tiene previsto iniciar un procedimiento antimonopolio en octubre de 2026, un caso que podría tener implicaciones profundas para el modelo de negocio del conglomerado.
De cara al primer trimestre de 2026, Amazon prevé unos ingresos netos que oscilarán entre los 173.500 y los 178.500 millones de dólares. Cuando la empresa publique sus próximos resultados a finales de abril, toda la atención se centrará en dos indicadores clave: el ritmo de crecimiento de AWS y cualquier señal inicial de una recuperación en los márgenes, en un contexto de gastos de infraestructura que siguen en máximos.
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