La deuda elevada había sido una sombra persistente sobre Oracle, generando inquietud entre los inversores durante meses. Sin embargo, los últimos resultados trimestrales han actuado como un bálsamo, disipando temporalmente esos temores. La compañía de software demuestra con contundencia que su apuesta agresiva por la inteligencia artificial está dando sus frutos, sustentada por un salto espectacular en los ingresos por cloud y un robusto pipeline de pedidos.

Un dinamismo que se refleja en las cuentas
El motor indiscutible del tercer trimestre fiscal fue la infraestructura en la nube. Los ingresos en esta división, clave para el futuro, se dispararon un 84% interanual, alcanzando los 4.900 millones de dólares y superando holgadamente las previsiones del mercado. Este desempeño se vio respaldado por la incorporación de clientes corporativos de primer nivel, como Lockheed Martin y Air France-KLM, que evidencian la tracción actual de sus servicios.
Más revelador aún es el indicador de la demanda futura. Los ingresos pendientes de ejecución (RPO, por sus siglas en inglés) se catapultaron un 325% en comparación con el año anterior, situándose en la astronómica cifra de 553.000 millones de dólares. La dirección de Oracle atribuye este colosal backlog principalmente a la demanda insaciable de capacidad de computación para aplicaciones de IA.
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Para satisfacer esta oleada de pedidos, la empresa se encuentra inmersa en una expansión masiva de su red de centros de datos. Paralelamente, está optimizando su estructura interna. Al aprovechar que los modelos de IA son cada vez más eficientes en la generación de código, Oracle está reorganizando sus equipos de desarrollo en unidades más pequeñas y ágiles. El objetivo es claro: acelerar el lanzamiento de software y reducir costos.
La contrapartida financiera de una expansión acelerada
Esta carrera por ampliar capacidad tiene, no obstante, un coste financiero tangible. Oracle está financiando la construcción de nueva infraestructura mediante un amplio programa de captación de capital. Solo en la primera mitad de su ejercicio fiscal en curso, la deuda neta de la compañía ha escalado por encima de los 108.000 millones de dólares. Esta presión en el balance ha pesado en el ánimo de los inversores en los últimos meses, contribuyendo a una caída del 18,75% en el valor de la acción desde enero. El viernes, el título cerró a 135,68 euros.
El contexto de mercado juega a su favor. Oracle se beneficia fundamentalmente de un desequilibrio donde la demanda de potencia de cálculo para IA supera con creces la oferta disponible actualmente. Mientras la empresa pueda mantener este impulso operativo y respaldar su previsión de ingresos para el año fiscal 2027, revisada al alza hasta los 90.000 millones de dólares, la posición de liquidez, más débil en comparación con rivales como Microsoft o Amazon, podría quedar en un segundo plano para el mercado.
Cabe destacar que estos resultados han permitido a Oracle registrar algo que no ocurría en más de quince años: un crecimiento orgánico tanto en ventas como en beneficios superior al 20% en cada partida. Una señal de que la transformación está calando en el núcleo del negocio.
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