Nvidia está extendiendo su negocio mucho más allá de la venta de chips y, al mismo tiempo, está descubriendo hasta dónde llegan las dudas del mercado cuando esa expansión exige financiación estructurada. El grupo pretende movilizar con socios como Apollo, BlackRock, Blackstone, Brookfield, Goldman Sachs y KKR más de 500.000 millones de dólares en capital externo a lo largo del tiempo, mientras intenta que los propios procesadores sirvan como garantía en el desarrollo de centros de datos de gran escala. La acción subía hoy un 2,4 por ciento hasta 206,30 euros, aunque en el comercio europeo también cotizaba a 203,50 euros.

Ese plan no implica ingresos inmediatos ni dinero ya comprometido por completo. Nvidia calcula que levantar una fábrica de IA en escala de gigavatio requiere entre 50.000 y 60.000 millones de dólares, una cifra que explica por qué la compañía busca estructuras fuera del balance tradicional. En teoría, el valor de los GPU instalados debería respaldar parte del crédito. En la práctica, ahí es donde aparecen las fricciones con los bancos.
El punto de choque está en la vida útil de ese hardware. Nvidia defiende que sus procesadores de gama alta pueden generar rendimiento durante hasta diez años, pero los prestamistas, según Reuters, suelen trabajar con depreciaciones de solo tres a cuatro años. El relevo acelerado de generaciones en semiconductores alimenta la desconfianza sobre cuánto vale realmente un chip tras varios años de uso intensivo.
La compañía ya ha señalado que en determinados proyectos estaría dispuesta a cubrir hasta el 25 por ciento del valor residual. Aun así, los acreedores piden más garantías o contratos de largo plazo con clientes cloud de elevada calidad crediticia. Si la maquinaria no se acepta plenamente como colateral, las sociedades vehículo podrían enfrentarse a condiciones más duras, más capital propio o un coste financiero superior. También aumentaría la exposición de Nvidia a posibles riesgos de ejecución sobre esos activos.
Mientras se libra esa negociación, el negocio principal sigue creciendo con fuerza. En el segundo trimestre del ejercicio 2027, el segmento de centros de datos registró un salto del 117 por ciento hasta 89.000 millones de dólares. CoreWeave, entre otros socios, ya está incorporando las últimas generaciones de chips a su operativa. Y eso ayuda a explicar por qué el apetito por infraestructura de IA no se enfría.
La compañía también reforzó su capacidad de retorno al accionista. El lunes, su consejo aprobó ampliar en 150.000 millones de dólares la autorización de recompra de acciones, hasta un volumen pendiente de 235.000 millones de dólares que podrá utilizarse hasta el ejercicio 2028. Es una señal de músculo financiero en un momento en el que Nvidia quiere sostener a la vez crecimiento, inversión y control del capital.
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En paralelo, el grupo intenta consolidar una posición cada vez más amplia en la capa de seguridad de la IA. Jensen Huang, en un podcast publicado el 23 de septiembre, defendió que las empresas de inteligencia artificial no deberían quedar al margen ni del derecho de competencia ni de las leyes de responsabilidad, y subrayó que los laboratorios deben asumir la revisión de sus productos antes del lanzamiento. El mismo lunes, Nvidia presentó OpenShell y Sentry, dos herramientas pensadas para proteger agentes de IA: la primera los aísla y la segunda detiene a los sistemas que sobrepasan los límites definidos.
Esa apuesta por fijar reglas no es solo técnica. Nvidia parece buscar que la seguridad se convierta en una barrera de entrada adicional para rivales y, a la vez, en un argumento comercial para sus clientes corporativos. Si la regulación y la responsabilidad legal ganan peso, las plataformas que integren mecanismos de control desde el principio pueden salir favorecidas.
También hay limpieza en el frente jurídico. El lunes, Nvidia alcanzó un acuerdo en un litigio marcario con Modulus Financial Engineering por un software de IA llamado “Modulus”. Ambas partes informaron de la resolución a un tribunal federal de Texas y pidieron dejar el proceso en suspenso hasta cerrar el pacto. La decisión elimina un foco de ruido innecesario en un momento en que la compañía ya lidia con otros frentes.
Entre ellos figura la nueva queja presentada el martes por Netlist ante la Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos, la ITC. La empresa reclama un veto a la importación de chips de memoria de Micron y de los productos que los incorporen. Eso podría alcanzar a sistemas de Nvidia, aunque por ahora se trata solo de alegaciones de Netlist y no de una determinación contra el grupo californiano.
El tablero geopolítico tampoco ofrece certezas. Según Reuters, China estaría considerando permitir a ByteDance y Alibaba el acceso a los chips RTX PRO 5500 de Nvidia, aunque la agencia señaló que no pudo verificar de inmediato esa información. El episodio refleja que el negocio chino sigue dependiendo de decisiones políticas.
Con todo, el mercado sigue premiando la posición dominante del fabricante. El título cotiza a 206,30 euros, muy cerca del máximo de 52 semanas de 205,35 euros, al que ya se había quedado a solo un 0,9 por ciento en el tramo europeo de la sesión. En bolsa, la lectura es clara: los inversores ponderan más la demanda estructural y la capacidad del grupo para abrir nuevas líneas de negocio que la suma de litigios, regulación y debates sobre garantías.
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