En el panorama tecnológico actual se da una situación cuanto menos llamativa. Por un lado, Nvidia presenta unos resultados financieros históricos que superan todas las expectativas, avalados por pronósticos alcistas de los analistas. Por otro, su cotización en bolsa lleva meses en terreno negativo. Esta divergencia entre los fundamentos sólidos y la evolución del precio está generando desconcierto entre los inversores.

El contexto macroeconómico ensombrece los logros
La reciente trayectoria bajista de la acción no responde a fallos en la estrategia corporativa, sino a factores externos de mayor envergadura. La escalada de tensiones geopolíticas, particularmente en Oriente Medio, ha lastrado el ánimo general de los mercados. Este clima de incertidumbre ha hecho que el valor, cotizado en 146,56 euros, haya cedido aproximadamente un 9% desde que comenzó el año. En la fase actual, el mercado está mostrando una extrema cautela con los valores hardware de carácter cíclico, haciendo caso omiso, en gran medida, de los éxitos operativos.
Los datos fundamentales, sin embargo, pintan un escenario radicalmente opuesto. El gigante de la inteligencia artificial cerró su ejercicio fiscal 2026 con un salto masivo en sus ingresos, que aumentaron un 65% hasta rozar los 216.000 millones de dólares. Este crecimiento sigue siendo impulsado por el boyante negocio de sus centros de datos. El consenso en Wall Street refleja este optimismo: la gran mayoría de expertos mantiene una recomendación de compra. Destaca el objetivo de precio más alto, establecido por Evercore ISI en 352 dólares. Grandes entidades como JPMorgan y Citigroup apuntan a que la acción alcance la zona de los 300 dólares hacia finales de 2026.
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Un potencial oculto: la incógnita china
Existe un catalizador de crecimiento futuro que las previsiones actuales no están teniendo en cuenta. Para el primer trimestre del año fiscal 2027, Nvidia prevé unos ingresos de 78.000 millones de dólares, pero en esa proyección asume ingresos nulos por su negocio de centros de datos en China.
Recientemente, el CEO Jensen Huang confirmó que ha comenzado la entrega de sus procesadores H200 modificados en el mercado chino. Antes de las restricciones a la exportación, China representaba alrededor del 13% de los ingresos totales de la compañía. Si Nvidia lograra recuperar esa cuota de mercado bajo las nuevas normativas, se traduciría en unos ingresos anuales adicionales de decenas de miles de millones, un factor que no está siendo considerado en la valoración actual.
A corto plazo, los accionistas se benefician de la formidable generación de caja de la empresa. El próximo 1 de abril, Nvidia distribuirá su dividendo trimestral. Por su parte, la directora financiera Colette Kress anunció que la compañía tiene la intención de devolver, como mínimo, la mitad de su flujo de caja libre a los accionistas mediante recompra de acciones y dividendos. Esta política de retribución al accionista podría actuar como un soporte para el precio en la actual fase de volatilidad del mercado.
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