El gigante tecnológico Alphabet se encuentra en una encrucijada compleja. Mientras su dirección reafirma con contundencia la estrategia de priorizar la inteligencia artificial, el grupo se enfrenta a una creciente contestación interna sobre el uso militar de esta tecnología y a las disrupciones operativas derivadas de la inestabilidad geopolítica.

Una estrategia de inversión agresiva en un momento delicado
En la reciente Morgan Stanley Technology, Media & Telecom Conference, celebrada el 3 de marzo de 2026, la directora financiera Anat Ashkenazi dejó clara la hoja de ruta: Alphabet mantiene firme su apuesta "AI first". Este compromiso conlleva un notable incremento en el gasto de capital, proyectado entre 175.000 y 185.000 millones de dólares para 2026. Los recursos se destinarán principalmente a expandir la infraestructura de IA y a impulsar Google Cloud, división que ya registró un crecimiento interanual del 48%.
Los últimos resultados trimestrales, correspondientes al cuarto trimestre de 2025, respaldan esta ambición. Alphabet reportó unos ingresos de 113.800 millones de dólares, un 18% más que el año anterior. Google Cloud contribuyó con 17.700 millones de dólares en ingresos y un beneficio operativo de 5.300 millones. Además, el beneficio por acción alcanzó los 2,82 dólares, superando las estimaciones de 2,57 dólares.
No obstante, el mercado observa con cierta cautela este despliegue de recursos. El cierre de la sesión del 3 de marzo situó la acción en 261,25 euros, acumulando un retroceso del 10,41% en los últimos 30 días. La próxima publicación de resultados, prevista para alrededor del 23 de abril de 2026, se perfila como un primer examen crucial para evaluar si las fuertes inversiones comienzan a traducirse en un crecimiento de los ingresos. Asimismo, la compañía ha anunciado el pago de un dividendo trimestral el 16 de marzo, cuyo día de corte para tener derecho al cobro es el 9 de marzo.
La creciente oposición interna al uso bélico de la IA
Paralelamente a esta ofensiva comercial, Alphabet lidia con un malestar significativo en su plantilla. Casi 900 empleados de Google y OpenAI han firmado una carta abierta titulada "No nos dividirán", donde exigen límites más estrictos para las aplicaciones militares de la inteligencia artificial. De las firmas, aproximadamente 800 corresponden a trabajadores de Google.
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El documento, motivado por las crecientes tensiones en el sector y los recientes ataques estadounidenses en Irán, insta específicamente a la compañía a prohibir el uso de su modelo Gemini para la vigilancia de ciudadanos estadounidenses y a excluir el desarrollo de armas autónomas sin control humano. La presión se intensifica con las acciones del colectivo "No Tech For Apartheid", que ha señalado supuestas conversaciones entre Google y el Pentágono para integrar Gemini en sistemas clasificados como secretos.
Este debate trasciende lo ético para convertirse en un riesgo reputacional tangible, especialmente para una empresa que busca implantar sus productos de IA a gran escala en el mercado.
Las consecuencias operativas de la inestabilidad global
La turbulencia geopolítica no es un concepto abstracto para Alphabet, sino que tiene impactos concretos en sus operaciones diarias. Decenas de empleados de Google permanecieron varados en Dubái tras un evento de lanzamiento de la división Cloud, debido a las graves interrupciones en el tráfico aéreo de la región.
Por otro lado, Israel mantiene su relevancia estratégica como centro neurálgico. A pesar de los recientes ataques en Tel Aviv, Alphabet continúa con un ambicioso proyecto de expansión en la torre ToHa2, destinada a ser una de sus mayores sedes a nivel mundial.
Otros frentes de crecimiento: Waymo
Más allá del núcleo del negocio, la compañía también avanza en otros ámbitos. Durante la conferencia, se esbozaron los planes de expansión para Waymo, su división de vehículos autónomos. El servicio de robotaxis tiene previsto extenderse a 25 ciudades adicionales en un plazo de dos años.
La dirección de Alphabet insiste en que la inteligencia artificial debe servir para fortalecer la fidelidad de los usuarios y mejorar la eficiencia operativa, sin descuidar un estricto control de costes. El camino elegido, sin embargo, es de alto riesgo: combinar una inversión sin precedentes con la gestión de crisis éticas y logísticas, un equilibrio que definirá su futuro inmediato.
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