El sector tecnológico vive un momento de reevaluación, y Microsoft no es una excepción. La confianza ciega en las promesas a largo plazo de la inteligencia artificial parece estar agotándose, dando paso a una demanda de rentabilidad más inmediata. Esta nueva actitud de los inversores está presionando a la compañía fundada por Bill Gates, cuyo descuento en valoración se ha acentuado desde enero.

Datos clave de la situación actual:
- Caída desde enero: aproximadamente -17%
- Pérdida de capitalización bursátil: cerca de 613.000 millones de dólares
- Capitalización de mercado actual: unos 2,98 billones de dólares
- Crecimiento de ingresos de Azure y Servicios en la Nube (Q2 del año fiscal): +39%
Un cambio de mentalidad en Wall Street
La corrección no es un fenómeno aislado. Según datos de Reuters, el valor de mercado de Microsoft se ha reducido en esos 613.000 millones de dólares desde que comenzó el año. Este movimiento forma parte de una reasignación de capital más amplia dentro del sector tecnológico, donde los inversores están priorizando la visibilidad de los resultados a corto plazo y muestran menos disposición a pagar elevadas valoraciones por visiones de futuro, por prometedoras que sean.
Otras grandes tecnológicas también han experimentado esta presión. Amazon, por ejemplo, acumula una caída de alrededor del 13,85% en el año, con una pérdida de valor cercana a los 343.000 millones de dólares. Reuters también señala retrocesos significativos en Apple, Alphabet y Nvidia, un patrón que indica un cambio palpable en la percepción del riesgo por parte del mercado.
La nube, las inversiones y la sombra de la competencia
El retroceso de la acción refleja preocupaciones concretas. Por un lado, la competencia en inteligencia artificial se intensifica. Medios como Reuters apuntan a lanzamientos recientes, como el modelo Gemini de Google o el agente "Claude Cowork" de Anthropic, como factores que pesan sobre el sentimiento hacia Microsoft.
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Por otro lado, los últimos resultados financieros, aunque sólidos, dejaron algún resquicio para la duda. A finales de enero, la empresa presentó las cifras de su segundo trimestre fiscal, que incluían un crecimiento del 39% en los ingresos de Azure. No obstante, medios como CNBC destacaron que este dato fue ligeramente inferior al 40% del trimestre anterior y quedó por debajo de las expectativas de los analistas.
El foco se ha puesto con fuerza en el capítulo de inversiones (Capex). Gabriela Borges, analista de Goldman Sachs, subrayó que Microsoft revisó al alza su previsión de gastos de capital sin aumentar de forma paralela las expectativas de ingresos para Azure. Este movimiento ha reavivado el debate sobre el retorno de estas inversiones masivas. Además, Borges señaló que la compañía enfrenta limitaciones de capacidad ("supply constrained"), destinando una parte creciente de sus recursos de computación a usos internos, como Copilot y I+D, en lugar de a cargas de trabajo externas que generen ingresos de forma directa.
El veredicto de los analistas: cautela y divergencia
La presión se ha visto reforzada por una serie de revisiones por parte de firmas de análisis. El 9 de febrero, Melius Research rebajó su recomendación a "Mantener" (Hold) con un precio objetivo de 430 dólares. Su analista, Ben Reitzes, citó las elevadas inversiones en IA y los riesgos para el flujo de caja, mostrando preocupación además por el ritmo de avance de Copilot dentro de Microsoft 365.
Previamente, Brad Reback de Stifel había realizado un movimiento similar, pasando de "Comprar" a "Mantener" y recortando su objetivo de 540 a 392 dólares. Su argumento se basaba en que las expectativas para los fundamentales del año fiscal 2027 eran excesivamente optimistas.
Sin embargo, no todas las voces son escépticas. Goldman Sachs mantiene su recomendación de "Comprar" con un objetivo de 600 dólares. Gabriela Borges, de dicha firma, argumenta que los temores sobre una disrupción por la IA y una desaceleración del crecimiento de Azure están sobredimensionados. Utiliza la metáfora de un "iceberg": una parte sustancial de las inversiones en computación permanece "bajo la superficie", aún no monetizada directamente pero con un potencial estratégico crucial para el crecimiento futuro.
En esencia, el conflicto central persiste: el mercado exige ver un retorno tangible y rápido de los enormes desembolsos en inteligencia artificial, mientras que Microsoft destina una parte de su capacidad a cimentar su ventaja estratégica a largo plazo, un proceso cuya monetización no avanza al mismo ritmo que los trimestres bursátiles.
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