La cotización del oro atraviesa una semana adversa. Al cierre del jueves, la onza troy se situó en 4.265,56 dólares, con un descenso diario del 0,4%, acumulando una caída del 7,2% en los últimos 30 días. El metal precioso cede terreno bajo el peso de las expectativas de tipos de interés en Estados Unidos, aunque el respaldo de las instituciones monetarias internacionales limita la magnitud de las pérdidas.

La Fed y el rendimiento de los bonos marcan el ritmo
El origen de la presión vendedora se encuentra en las señales restrictivas emitidas desde la Reserva Federal. La presidenta de la Fed de Filadelfia, Anna Paulson, y el presidente de la Fed de Nueva York, John Williams, han anticipado nuevas subidas de tipos. Según informaciones de Deutsche Börse, 16 de los 18 miembros del organismo prevén al menos un incremento adicional hasta finales de 2026, lo que situaría el rango objetivo entre el 4% y el 4,25%.
Esta perspectiva ha impulsado la rentabilidad del bono estadounidense a diez años por encima del 5,1%. Los operadores del mercado de futuros otorgan ya una probabilidad cercana al 70% a un nuevo ajuste en octubre. Dado que el metal amarillo no genera intereses, los rendimientos elevados de la deuda pública lo colocan en desventaja frente a otras alternativas de inversión.
El analista Fawad Razaqzada advierte de que la presión bajista podría intensificarse si los rendimientos estadounidenses se mantienen en estos niveles. Una ruptura del soporte situado en 4.235 dólares abriría la puerta a pérdidas adicionales, mientras que solo un avance por encima de los 4.400 dólares confirmaría un cambio de tendencia sostenido.
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Un contexto de estabilidad relativa
A pesar del retroceso, el comportamiento del oro ha sido relativamente resistente. En la jornada previa, el precio llegó a descender hasta aproximadamente 4.274 dólares antes de recuperar parte del terreno perdido. La fortaleza del dólar estadounidense continúa dificultando cualquier intento alcista, y el metal se encuentra inmerso en una prolongada fase de consolidación que se extiende desde hace meses.
El factor geopolítico también juega un papel relevante. De cara al previsto encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping, los inversores recurren al oro como cobertura. Las tensiones políticas actúan tradicionalmente como elemento de sostén que amortigua parcialmente las ventas motivadas por los tipos de interés. A ello se sumó el abaratamiento del crudo tras la decisión del banco central, que alivió temporalmente las presiones sobre la inflación y el mercado de bonos.
Los bancos centrales, principal contrapeso
Frente al viento en contra de los mercados de renta fija, la demanda de las autoridades monetarias ofrece un soporte sólido. Según encuestas del World Gold Council, el 45% de los bancos centrales consultados tiene previsto incrementar sus reservas en los próximos meses. Este flujo comprador institucional constituye un dique de contención frente a caídas más pronunciadas.
La firma de análisis Bernstein mantiene una visión constructiva a largo plazo sobre el comportamiento de las entidades emisoras, aunque ha revisado a la baja su previsión de precio para 2030, hasta los 5.600 dólares por onza. El ajuste responde exclusivamente al aumento de los tipos de interés reales, mientras la demanda física permanece intacta.
Los participantes del mercado dirigen ahora su atención a los próximos datos económicos de Estados Unidos, que determinarán la trayectoria de la política monetaria y, con ella, el rumbo inmediato del metal precioso.
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