Hay un hilo conductor que conecta las últimas semanas del gigante chino del automóvil: la distancia entre lo que BYD anuncia y lo que realmente puede sostener. Mientras las cifras de exportación dibujan una curva ascendente difícil de ignorar, el retraso de su planta húngara y la persistente debilidad bursátil recuerdan que la expansión global no viaja en línea recta.

El desafío aritmético del año
Los números de julio ofrecen una lectura agridulce. El fabricante entregó 419.211 vehículos de nueva energía en el mes, un 21,76% más que en el mismo periodo del año anterior —una aceleración notable frente al modesto avance del 5,46% registrado en junio—. Sin embargo, la acumulada del año sigue en terreno negativo: 2.227.722 unidades entre enero y julio, un 10,54% menos que en 2024. El retroceso se ha ido suavizando desde el 15,72% del primer semestre, pero la senda hacia el objetivo anual sigue siendo empinada.
Con 1,81 millones de vehículos vendidos en la primera mitad del ejercicio, BYD necesitaría promediar unas 530.000 unidades mensuales durante el resto del año para alcanzar siquiera el extremo inferior de su horquilla de 5 a 5,5 millones. La cifra de julio queda claramente por debajo de ese ritmo, lo que obliga al grupo a pisar el acelerador en los próximos meses. La marca principal, BYD Auto con sus líneas Dynasty y Ocean, aportó 350.178 unidades, mientras que Fang Cheng Bao firmó un mes de récord con 41.213 entregas y un crecimiento del 190,64%. Denza sumó 19.196 vehículos, un 68,76% más que hace un año aunque por debajo de junio, y Yangwang se mantuvo como un nicho testimonial con apenas 485 unidades.
El motor exterior no se detiene
La verdadera historia de BYD en 2025 se escribe fuera de China. Las ventas al exterior de turismos y pick-ups alcanzaron en julio las 179.841 unidades, un récord que supone un incremento del 124,3% interanual y que ya representa cerca del 43% de las ventas mensuales del grupo. En términos acumulados, las exportaciones suman 972.097 unidades, lo que deja el objetivo anual de 1,5 millones a tiro de piedra: bastaría con unos 105.581 vehículos mensuales de media. Si el ritmo de julio se mantuviera hasta diciembre, la cifra final rondaría los 1,87 millones, muy por encima de la meta fijada por la compañía.
Ese dinamismo contrasta con las limitaciones operativas que el propio grupo reconoce. En el mercado doméstico, la demanda de la segunda generación de la batería Blade supera la capacidad de producción, mientras que en el exterior son los buques de transporte los que frenan las entregas. La competencia tampoco descansa: Chery superó por primera vez los 200.000 vehículos exportados en un mes y Geely encadena dos meses consecutivos con avances superiores al 200% en su negocio internacional.
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El contratiempo húngaro
La nota discordante llega desde Europa central. La planta de Szeged, concebida como buque insignia de la estrategia europea del grupo, no comenzará a producir hasta el cuarto trimestre de 2026 —aproximadamente un año más tarde de lo previsto—, según informa el medio especializado Automotive World. El retraso responde a las acusaciones de vulneraciones de la legislación laboral por parte de subcontratistas y a una nueva investigación del gobierno húngaro sobre las subvenciones y ventajas fiscales concedidas al proyecto.
El escándalo político ha añadido más leña al fuego. El exministro de Exteriores Péter Szijjártó dejó su escaño parlamentario para incorporarse a BYD, un movimiento que ha despertado sospechas de conflicto de intereses dado su papel previo en la negociación de las ayudas. El paquete de apoyo estatal, anunciado en 2025, incluye unos 64 millones de dólares para la instalación de la sede europea y un centro de investigación en Budapest. La producción en Szeged, que inicialmente se esperaba para este año, arrancará finalmente en el último tramo de 2026 con el modelo Dolphin Surf, que al fabricarse en suelo comunitario quedará exento de los aranceles del 27% que Bruselas aplica a los eléctricos chinos.
La agenda de producto no se detiene
Mientras tanto, el calendario comercial sigue su curso. El Da Han, la nueva berlina insignia con una autonomía de hasta 1.008 kilómetros, hará su presentación pública el 21 de agosto en el Salón del Automóvil de Chengdu. La submarca Denza lanzará el Z9S el 3 de agosto con hasta 920 kilómetros de alcance, y en Japón ya está a la venta el Racco, un kei-car eléctrico que tras las ayudas estatales se queda por debajo de los dos millones de yenes —unos 13.100 dólares— y que aspira a disputar el liderazgo al Nissan Sakura. Para agosto también está prevista la presentación del primer robot humanoide de BYD en sus centros de experiencia Di Space, una muestra más de la ambición del grupo por ocupar todos los frentes posibles.
La bolsa sigue sin convencerse
El mercado cotiza esta dualidad con cautela. La acción cerró el jueves en 10,05 euros, un 1,72% a la baja, aunque en el último mes acumula una revalorización del 6,01% que sugiere cierta estabilización tras las semanas de debilidad. El problema es que el valor sigue un 24% por debajo de su máximo de 52 semanas, los 13,23 euros alcanzados en agosto del año pasado, y también se sitúa un 4,54% por debajo de su media móvil de 200 días.
Los resultados del primer trimestre —con un beneficio neto de 4.080 millones de yuanes, un 55% menos que el año anterior— siguen condicionando las expectativas de cara al informe semestral, que los analistas esperan para finales de agosto. A ello se suma la decisión del Ministerio de Medio Ambiente de Corea del Sur de excluir a BYD de su programa de ayudas a vehículos eléctricos para el segundo semestre, justo cuando ese mercado se había convertido en uno de los destinos de exportación de más rápido crecimiento para el grupo.
BYD vive, en definitiva, una doble velocidad: la expansión internacional avanza a un ritmo que pocos competidores pueden igualar, mientras el mercado interno se contrae y los objetivos anuales se antojan cada vez más exigentes. El retraso de Szeged añade incertidumbre a una estrategia europea que hasta ahora se había apoyado en la exención arancelaria como principal baza competitiva. La pregunta que flota en el aire es si la maquinaria exportadora podrá compensar los desajustes domésticos y los tropiezos regulatorios, o si el 2026 llegará con más preguntas que respuestas.
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