La estrategia de BYD se juega en dos tableros simultáneos. Mientras las cifras de ventas fuera de China dibujan una expansión imparable, el mercado doméstico y la guerra de precios erosionan la rentabilidad del gigante chino. El resultado es una ecuación que los inversores llevan meses tratando de descifrar: cómo reconciliar el dinamismo comercial con unos resultados que han tocado mínimos de tres años.

El motor exterior no se detiene
La presión sobre el mercado chino ha empujado a BYD a acelerar su internacionalización con resultados contundentes. Según datos de la China Passenger Car Association (CPCA), el fabricante encadena tres meses consecutivos de aumento en sus ventas globales, impulsado por entregas récord fuera del país. La firma ya ha comercializado 497.000 vehículos eléctricos en el extranjero, superando así a la Hyundai Motor Group, que se queda en 370.000 unidades.
Alemania se ha convertido en un escaparate privilegiado de este empuje. Las matriculaciones de BYD en el país germano se dispararon un 365% en julio, hasta las 5.240 unidades, mientras que el mercado total de vehículos eléctricos de batería crecía un 61,7%, hasta los 78.609 turismos. El contraste con Nio resulta revelador: la marca rival apenas registró tres automóviles, un desplome del 93,6%.
En el segmento de nuevas energías dentro de China, BYD mantiene asimismo el liderazgo indiscutible. Sus 223.461 unidades vendidas en julio superan con claridad a Geely (105.526) y Leapmotor (83.698).
El lastre del mercado interior
El frente doméstico, sin embargo, sigue siendo la principal fuente de preocupación. Las ventas de turismos en China acumulan diez meses consecutivos de caídas. Solo en julio, el descenso fue del 21,1%, hasta 1,47 millones de vehículos, mientras que las exportaciones totales del país crecieron un 88,2%, hasta 923.000 unidades. Cui Dongshu, secretario general de la CPCA, ha admitido que el retroceso es más acusado de lo previsto, citando el encarecimiento de los combustibles y la debilidad de la demanda en el segmento de acceso.
En los siete primeros meses del año, el mercado interior acumula un descenso del 20,5%, lo que equivale a 2,65 millones de vehículos menos. No obstante, la penetración de los vehículos de nuevas energías alcanzó en julio un récord del 65,1%, frente al 54% del año anterior. Ese dato confirma que el ajuste se concentra en los motores de combustión, pero no alivia la presión sobre los márgenes de los fabricantes.
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Deutsche Bank ha alertado del riesgo que suponen las agresivas campañas de descuentos y el encarecimiento de componentes como las baterías de litio y la memoria semiconductora. Un cóctel que golpea con especial dureza a BYD, el mayor productor de vehículos de nuevas energías del país.
Beneficios bajo mínimos
La guerra de precios ya ha dejado huella en las cuentas. En el primer trimestre de 2026, el beneficio de BYD se hundió un 55%, hasta su nivel más bajo en tres años. Geely también sufrió un retroceso en sus ganancias durante el mismo periodo. La sangría afecta a toda la cadena de valor, incluidos los fabricantes europeos: Volkswagen, BMW y Stellantis continúan perdiendo cuota en China frente a los rivales locales, en una dinámica que subraya el trasvase de poder en el mayor mercado automovilístico del mundo.
La apuesta por la próxima generación de baterías
Mientras los resultados trimestrales ensombrecen el corto plazo, BYD prepara el terreno para la siguiente fase tecnológica. Junto a CATL, el fabricante prevé iniciar la producción en serie de baterías de estado sólido en 2027. CATL sitúa su nivel de madurez tecnológica actual en la fase 4 y aspira a alcanzar la fase 7 u 8 para entonces. La producción a gran escala, no obstante, no se materializará hasta que la capacidad supere el millón de vehículos anuales, un hito que las estimaciones no ven factible antes de 2030.
CATL refuerza mientras tanto su dominio en el mercado chino de baterías: en junio de 2026 controlaba el 43,2% de la cuota, con entregas de 32,59 gigavatios hora. Para BYD, que fabrica tanto vehículos como baterías, dominar la tecnología de estado sólido puede marcar la diferencia en un entorno donde los márgenes son cada vez más estrechos. Quien logre abaratar la producción tendrá una ventaja decisiva en la carrera por la cuota de mercado.
Infraestructura de carga como complemento
El fabricante también amplía su red de recarga. Sinopec ha transformado una gasolinera en Shanghái en un centro exclusivo de carga rápida equipado con los cargadores de 1.500 kilovatios de BYD. Las doce plazas de recarga cuentan con el respaldo de cuatro paquetes de baterías Blade LFP cada una. La compañía se ha fijado el objetivo de instalar 20.000 estaciones de este tipo en China antes de que termine el año; a finales de mayo ya superaba las 6.100.
Una cotización a la espera de respuestas
El mercado, mientras tanto, castiga la incertidumbre. La acción de BYD cotiza en torno a los 9,93 euros, casi un 25% por debajo del máximo de 52 semanas de 13,23 euros alcanzado en agosto del año pasado. En lo que va de ejercicio, el título acumula una caída del 7,08%, y en la última semana retrocede un 2,48%.
La distancia entre la fortaleza operativa en el exterior y la debilidad bursátil refleja el escepticismo de los inversores ante un mercado doméstico que no termina de estabilizarse y unos márgenes bajo presión constante. Las próximas cifras trimestrales deberán demostrar si la dinámica exportadora puede compensar el desgaste en casa. La tecnología de estado sólido, por su parte, representa una promesa de futuro que aún tardará años en traducirse en resultados. Hasta entonces, el precio de la guerra comercial china seguirá siendo el factor dominante para BYD y para toda la industria.
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